Bordaberry "creó dificultades" a Goulart después del golpe de Estado
«Después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, el gobierno autoritario de Juan María Bordaberry se sujetó aún más a la influencia del gobierno brasileño, del cual dependía económica y políticamente, y comenzó a crear las mayores dificultades para todos los exiliados, inclusive para Goulart», quien tenía residencia en Maldonado en la estancia La Villa, además de otra en Tacuarembó.
El ex presidente recibió asilo en Uruguay en 1964, después de que lo derrocara un golpe militar que inició una serie de golpes de Estado en América del Sur. «Su hijo, João Vicente Goulart, de 16 años, fue preso, tuvo su cabeza rapada y permaneció tres días en un cuartel. Su madre, Maria Tereza Goulart, también fue presa, bajo un alegato de transporte irregular de carne. El piloto de Goulart, Rubem Rivero, fue también preso bajo la acusación de militancia subversiva. El propio Goulart, que tuvo que mandar a sus hijos João Vicente y Denise a Inglaterra, con temor de que fueran secuestrados, fue compelido por el gobierno uruguayo a desistir del derecho de asilo, dado que no lo podía expulsar, debido a sus grandes inversiones en el país», comenta Moniz Bandeira en una nota escrita para La ONDA digital, bajo el título «Los últimos tiempos de João Goulart».
También recuerda que Leonel Brizola supo a través del servicio secreto de Cuba «de la existencia de un complot para asesinar a Goulart cuando pasase por Buenos Aires», donde había montado una empresa para la exportación de carne y arroz.
En setiembre de 1976, al sentirse enfermo, comenzó a planificar su regreso a Brasil. Esta noticia llegó a las autoridades militares de su país. «Goulart tenía conciencia de que no podía permanecer más en Uruguay ni en Argentina, debido a la inseguridad que se instalara en estos dos países, donde recrudecieron los asesinatos de los líderes políticos, que se oponían a los regímenes militares. Pero tenía dudas sobre qué hacer. Por un lado, evaluaba vivir en París. Por otro, pretendía regresar a Brasil, aún sin amnistía política», dice Moniz Bandeira en su artículo.
Uno de sus amigos más próximo, Almino Alonso, dio su visto bueno a la idea del regreso. «Su idea era de que Goulart hiciese otro viaje a Europa, a fin de visitar al papa Pablo VI, y a los Estados Unidos para un encuentro con el senador demócrata Edward Kennedy, hermano del ex-presidente John Kennedy entonces el principal oponente, de las dictaduras militares instituidas en América Latina, luego de lo que, con amplia divulgación, en Nueva York tomaría un avión directamente para Río de Janeiro, en franco desafío al régimen militar y corriendo el riesgo de ser preso», recuerda Moniz Bandeira.
El 5 de diciembre cruzó el río Uruguay, rumbo a Argentina, junto a su esposa María Tereza. En las primeras horas de la mañana siguiente falleció. «A las 02:40 hs., sin embargo, Julio Passos oyó los gritos de Maria Tereza la angustia de los gritos era tal que él pensó que alguien había invadido la casa y corrió hasta el cuarto, donde vio a Goulart, acostado, con la mano en el corazón, y a ella intentando abrirle los brazos para hacerlo respirar. Cinco minutos después, a las 02:45 hs., Goulart estaba muerto. El médico, Ricardo Rafael Ferrari, que el chofer Roberto Ulrich, el ‘peruano’, había corrido a buscar, ya no podía hacer nada. Y, luego de examinar el cuerpo, diagnosticó en acta de defunción, como causa de muerte: infarto de miocardio», concluye.
Destino San Borja
«El gobierno del general Ernesto Geisel, aunque se propusiera promover gradualmente la apertura política, no decretó luto oficial, lo que obligó a José Magalhães Pinto, presidente del Senado, a mandar bajar la bandera a media asta, en señal de luto, en el predio del Congreso, y el Departamento de Censura prohibió la trasmisión de comentarios sobre la carrera política de Goulart a través de la radio y la televisión. Sólo se permitió «una simple nota de defunción», siempre que no fuese ‘repetida sucesivamente», añade Moniz Bandeira.
«Aun la autorización para que su cuerpo fuese sepultado en Brasil generó serias controversias, porque el general Silvio Frota, ministro de Guerra, intentó anular la autorización dada por el vicepresidente de la República, general Adalberto Pereira dos Santos, para que el féretro atravesase el puente Presidente Justo que unía la ciudad de Paso de los Libres, en Argentina, a Uruguayana, en Brasil. No lo consiguió. Sólo así, doce años, ocho meses y cuatro días después de asilarse en Uruguay, el presidente constitucional de la República, ya sin vida, tuvo permiso de regresar a Brasil para ser enterrado en San Borja, donde había nacido», concluye el autor de la nota. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad