Diputados aprobó un proyecto de ley que habilita a las intendencias a diversas formas de asociación
También fue extendido el plazo de aplicación del impuesto adicional para financiar la Caja Bancaria. Al cierre de esta edición, el plenario trataba otros dos temas complejos: la creación de la Unidad Nacional de Seguridad Vial y nuevas normas para tránsito y seguridad vial en el territorio nacional.
Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), insistiendo con un traje de color entre crema y sambayón al que ya ha apelado, informó el proyecto de ley por el cual se prorroga el plazo de vigencia de la ley 17.841, que establece normas sobre financiación de la Caja Bancaria a través de un impuesto adicional a sus jubilados.
Asti explicó que el Poder Ejecutivo, reanudando un proceso que se detuvo en gobiernos anteriores, ha asumido el compromiso de redactar la nueva Ley Orgánica de la Caja Bancaria. Precisamente para dar tiempo al Parlamento de discutir y aprobar ese nuevo marco normativo, se propuso extender el actual mecanismo de financiación cuya caída estaba prevista para el 31 de marzo de 2007.
Antes de que se iniciara el debate, pude apreciar un esplendor que provenía de la Mesa, hoy presidida, ya sin megáfono pero con la destreza habitual, por Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609): era la prosecretaria Margarita Reyes, exhibiendo un traje rosado casi lírico sobre una cautivante blusa negra. Advirtiendo mi sorpresa, algún colega me dijo que Margarita está ahí y luce tan bien, aun sin el rosado ni el negro, desde hace mucho tiempo. Ocurre que para verla debo girar mi cabeza a la derecha, cosa que me cuesta mucho más que para el otro lado y, por tanto, evito hacerlo.
Iván Posadas (Partido Independiente), con un tono de contralto hoy algo tironeado, dijo que acompañaba el proyecto con algunas observaciones, destacó la situación de incertidumbre que afecta a trabajadores y pasivos bancarios y cerró invitando a la obviedad: nadie ignora que la Caja Bancaria atraviesa una crisis terminal.
Pablo Abdala (Herrerismo), brillando su elegante calva libanesa, le reprochó al gobierno que no le haya temblado el pulso al poner nuevos impuestos a los jubilados o aumentar los ya existentes y declaró, inflamando su experimentada verba, que era escéptico acerca de una solución integral para la Caja Bancaria. «Está muy mal precisó- este mundo al revés: los jubilados pagan impuestos y no los activos». De todos modos, aunque con preocupación, admitió que aprobaría el proyecto presentado.
José Luis Blasina (Partido Socialista), pareciéndome hoy el hermano mayor de Philippe Noiret (que en paz descanse), saltó al ruedo aludiendo a la responsabilidad del gobierno anterior que «cajoneó» el proyecto de reforma de la Ley Orgánica de la Caja Bancaria, presentado hace años.
Lo apoyó Gustavo Bernini (Partido Socialista), cuya voz al borde del estruendo sacudió hasta a los nobles funcionarios hoy reintegrados al trabajo; su exposición fue abundosa y demostró sus conocimientos, su dedicación analítica y su pasado bancario.
José Amorin (Lista 15), pudorosamente molesto a causa de las alusiones al gobierno anterior por aquello del «cajoneo» ¿no? contestó que «no se puede decir, si se piensa un poquito, que la administración anterior cajoneó un proyecto de 2001, ¡si en 2002 estalló la crisis que todos conocimos!». Y ya seguro del efecto dramático obtenido, muy al estilo del Alfredo Alcón que hizo «Un guapo del 900″, concluyó: «No era el momento de tratarlo».
Luego emergió Luis Batalla (suplente, Unidad Salteña Frenteamplista) con la historia de la Caja Bancaria y un encendido elogio de los jubilados bancarios. Lástima que repitió «entonces, compañeros…» alrededor de treinta y siete veces.
Finalmente, el proyecto fue aprobado no sin que antes se produjera en la bancada del Partido Nacional una situación conmovedora (además del ingreso súper fashion de Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) y el de Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) más tirando a Tita Merello en la época de Filomena Marturano. Distraído, y en un momento en que sus compañeros habían decidido no votar algo un detalle menor del asunto Jorge Schapapietra (suplente, Alianza Nacional) levantó tímidamente la mano derecha; cuando miró alrededor y vio las miradas asesinas que le destinaban sus compañeros, la bajó a velocidad de la luz. Pero enseguida vino la votación principal que la bancada había decidido acompañar: todos elevaron sus manos mientras Schapapietra se quedaba inmóvil; las miradas asesinas fueron ahora para que levantara la suya. Lo hizo, obediente, pero el desconcierto que se pintó en su rostro fue similar al de míster Magoo frente a un semáforo.
Gobiernos departamentales
Enseguida, Diego Cánepa (Nuevo Espacio), con tono de certeza absoluta y un contenido erudito, informó el proyecto de ley por el cual se autoriza a las intendencias para que adopten las formas jurídicas necesarias a fin de acordar, entre sí o con el Poder Ejecutivo, Entes Autónomos y Servicios Descentralizados, la organización y prestación de servicios para promover el desarrollo local y la reactivación del país.
El proyecto establece que la gestión e implementación de los acuerdos de carácter departamental, interdepartamental o regional, podrá ser realizada por empresas públicas o por personas públicas no estatales, creadas por ley nacional y en cuyos directorios podrán estar representadas entidades privadas vinculadas notoriamente a las áreas que sean materia de la gestión. Asimismo, las intendencias, con acuerdo de la respectiva Junta Departamental, otorgada por mayoría absoluta de componentes, en materias de su competencia departamental, podrán participar en la ejecución de contratos o asociaciones con personas jurídicas que promuevan el desarrollo departamental, interdepartamental o regional, cuando concurra para ello el libre consentimiento de las partes y bajo las condiciones que se convengan previamente. La atribución así otorgada sólo se considerará vigente a partir de la autorización concedida por la ley en cada caso, a iniciativa del respectivo gobierno departamental.
Bien, Cánepa. Lástima que imprimió a su discurso una rapidez tal que provocó, en algunos tramos, la virtual deglución de palabras y hasta frases enteras. Esto, igualmente, quedó compensado porque usó de la palabra en reiteración real y, al final, no hubo cristiano que no lo entendiera. Ganó por cansancio.
Luis Lacalle Pou (Herrerismo), con juvenil energía de paterna matriz, advirtió que «estos proyectos encienden una luz roja» porque los gobiernos departamentales, con el Ejecutivo y los entes, «conformarán figuras jurídicas distintas». Eso, a su juicio, «plantea dudas varias que condicionan los alcances del proyecto». Y terminó proponiendo que aquellos emprendimientos de este tipo que superen el término de vigencia de un gobierno departamental, «necesitarán dos tercios de votos de la Junta Departamental» para continuar. A Pablo Abdala le surgieron otras dudas, básicamente sobre la expresión «empresas públicas», que en su opinión no deberían ser objeto de incorporación de capital privado según lo que establece el artículo 182 de la Constitución. Luego tiró una piedrita algo pesada que rebotó en algunas cabecitas, molestando más que un tábano: «Parecería que el gobierno ha modificado posiciones anteriores, históricas»; y recordó que el Frente Amplio «satanizó el proyecto de ley de asociación de Ancap con empresas privadas», lo cual calificó como una contradicción (dicho esto, dos de sus colmillos parecieron extenderse un poco, afiladísimos, pero pudo ser una mera ilusión óptica).
Ya bajando la cortina, Alberto Scavarelli (Foro Batllista), adelantando desafiante su egregio men
tón, señaló que hay artículos de este proyecto «manifiestamente inconstitucionales» y que sus redactores dejaron de esta irregularidad «pistas regadas con pintura fosforescente».
Sea como sea, y más allá de los reenganches que, como en la conga, hicieron varios legisladores de la oposición aprovechando las ganas de Cánepa de trenzarse a cada rato, el proyecto se aprobó con votos de la mayoría.
El tema del tránsito
Al cierre de esta edición, el plenario debatía con entusiasmo y una delectación por las trancadas, los planchazos y las zancadillas- otros dos proyectos de relevancia, que seguramente serían aprobados pasada la medianoche: la creación de la Unidad Nacional de Seguridad Vial y las nuevas normas de tránsito y seguridad vial en todo el territorio nacional.
Ya retirándome de sala, precisamente por las urgencias del cierre de esta edición, pude observar una imagen singular, digna de ser inmortalizada en una foto véase arriba-, en un lienzo o, qué sé yo, en el yeso o en el hierro. El diputado Horacio Yañez (Nuevo Espacio), muy bien dispuesto para el debate de estos proyectos, colocó encima de su banca dos elementos inusuales: un casco de los que se utilizan en motos o ciclomotores (salvo en la renegada Colonia) y una camiseta de Peñarol. Rápidamente consultado al respecto, Yanes dijo que el casco le serviría para dar mayor contundencia a su exposición. En cuanto a la camiseta, no dudó en confesar que la había traído de puro baboso nomás, sobre todo luego que se enteró que a este plenario no concurriría el manya más mentado, el más tremendo, el diablo mismo vestido de amarillo y negro: Enrique Pintado. *
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