Escrito por: DINO CAPPELLI - DURAZNO
El departamento de Durazno se vio envuelto, casi sin querer, en uno de los hechos más trascendentes de la historia moderna del paÃs, el pedido de captura de Juan MarÃa Bordaberry, su presencia fÃsica en la Estancia “El ParaÃso”, su salida del territorio departamental en la madrugada, la orden de no iniciar un procedimiento policial.
A la medianoche del jueves el teléfono celular del jefe de PolicÃa de Durazno, Inspector Principal (r) Miguel Magallanes estaba al rojo vivo.
No solamente los medios, también las autoridades policiales se contactaban con la máxima autoridad policial que descartaba “cualquier tipo de operativo, nos han confirmado que Bordaberry se entregará en forma pacÃfica y tenemos orden de no realizar ningún operativo”.
Al mismo tiempo, varios medios de comunicación se apostaban en Ruta 5 sobre la entrada al pueblo Carlos Reyles (conocido como Molles). AllÃ, a un lado el acceso al pequeño pueblo, al otro lado el camino que tras 20 kilómetros conduce al casco de la Estancia “El ParaÃso” donde pernoctaba el ahora detenido.
El más sorprendido era el agente policial a cargo de la Seccional de Molles. Contestaba y atendÃa el teléfono de forma casi automática, un aparato que no dejaba de sonar. “Me llaman de todas las radios, de los canales, de los diarios… y aquà no sabemos nada, aquà no tenemos información de nada”.
El problema es que ya la orden habÃa bajado hacia Magallanes: no hay operativo, Bordaberry se entrega. Se deduce que la información provino desde la familia del ex dictador.
Mientras la vigilia continuaba en Ruta, pasaban las horas y las especulaciones se tejÃan. Que Bordaberry está en el campo, que está en Montevideo. Algunos barajaban la posibilidad de un viaje en helicóptero, otros el viaje en auto.
Pero la familia del procesado tenÃa otros planes.
En torno a las cinco de la mañana partÃan los vehÃculos de la familia tomando un camino que desviaba de Carlos Reyles. La vieja Ruta 100 fue el camino elegido para luego desembocar en rutas nacionales y de esa forma evitar el asedio de periodistas y curiosos. El viaje fue tranquilo hasta llegar a Montevideo. El resto es historia conocida.
La Estancia “El ParaÃso” propiedad de los Bordaberry es casi un monumento nacional por la historia que encierran sus campos y construcciones.
El casco de la misma está ubicado en las cercanÃas de la estación de ferrocarril de Molles, comenzó a construirse probablemente en 1856, momento en que Carlos Genaro Reyles se instaló allà y la constituyó en su principal estancia y cabaña.
Su hijo, el escritor Carlos Claudio Reyles, continuó en este establecimiento la labor agropecuaria del padre y escribió allà algunas de sus obras literarias. Más tarde fue adquirido por Domingo Bordaberry.
La familia Bordaberry tiene su arraigo en la población duraznense de Molles, siendo sus integrantes parte de las obras filantrópicas y de apoyo social que la comunidad siempre aguarda.
De allà que no sorprende la cantidad de expresiones que se recogen en la localidad afines a la familia del ex dictador.
“Lamentamos mucho esto”, “no tenÃan derecho a hacerle esto a un hombre tan mayor”. Algunos comentarios de los cuales quedaron testimonios en los medios de prensa de Durazno, algún veterano que con lágrimas en los ojos hablaba a favor de la vida y obra de Juan MarÃa Bordaberry.
Y entre esos lamentos las expresiones de alegrÃa. Desde el comentario en la esquina del Sorocabana hasta la expresión del diputado socialista Jorge Menéndez, que se complace por la labor de la Justicia. O aquella familia que puso la tapa histórica de los diarios de ayer en la puerta de su casa, testimoniando la fecha.
En tanto el “viejo” Bordaberry como se lo conocÃa en la región guardaba su lucidez. Fuentes a las cuales pudimos acceder permiten saber que estaba al tanto de las noticias diarias que se generaban a su alrededor y que lo vinculaban con la posibilidad de la prisión.
“El viejo tiene bien claro que va a ir preso” indicó en comentario informal uno de sus hijos. *
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