La Cámara de Diputados vivió una jornada poco estimulante

En otro ríspido Plenario, oficialismo y oposición terminaron enfrentados

Dos hechos, una vez más, me indujeron equivocadamente a suponer que se viviría una sesión interesante, constructiva, estimulante. Fue todo lo contrario.

El primero de esos hechos fue la presentación del joven diputado fernandino, hijo del ex senador Wilson Sanabria. De pique, muy prolijito, presentó dos proyectos de ley: uno con el objetivo de resolver problemas del tránsito y otro sobre la situación de la mujer. Desde las barras, orgullosos, el padre, otros familiares y muchos amigos lo observaban con fruición en sus primeros pasos, mientras lo acribillaban flashes y cámaras de televisión. Lo que se dice, una presentación fashion.

El segundo hecho fue significativo. Durante la media hora previa habló por primera vez, al menos para mí, la diputada Ivonne Caballero, suplente de Jorge Gandini (Alianza Nacional). Criticó la forma de realización de los comicios en los consejos vecinales, proponiendo la intervención de la Corte Electoral. Como ya había exhibido otras ventajas comparativas, y ahora hizo oír una argentina voz, alentó en algunos  ignoro si con intención política o de qué tipo- la esperanza de que el titular demore aún más de lo previsto en regresar.

 

Palo y palo

Daniel García Pintos (Nueva Fuerza, lista 15) planteó la primera de las cuestiones políticas de la noche. Relató los atentados recientes perpetrados contra un local del Partido Comunista y la sede de los trabajadores metalúrgicos. A esos agregó otro, ocurrido al parecer en recientes horas, que afectó al monumento que evoca a los cuatro soldados muertos por la guerrilla el 18 de mayo de 1972. Con énfasis digno de su fervorosa trayectoria, el conductor de la Brigada «Palo y Palo» repudió todos estos atentados, y declaró que son contrarios al espíritu tolerante que debe ser la base de la democracia nacional.

Pero enseguida, con la misma energía, algo más enrojecido el rostro y apuntando con el erecto índice de la mano derecha al oficialismo, se quejó de los ataques que él y su grupo han recibido de Juan Castillo, hombre relevante del PIT-CNT, quien lo acusó de ser el responsable de los dos primeros atentados. Dijo que no se merecía esta afrenta ni como persona ni como legislador, y tildó a tales acusaciones de absolutamente falsas. Entre murmullos crecientes surgidos de la bancada de la mayoría  por encima de los cuales su voz estentórea igual se impuso, sin que su cara enrojeciera más- informó que le había reclamado pruebas a Castillo, ofreciéndole, si las tenía, acompañarlo a presentarlas ante la Justicia y, si carecía de ellas, exigirle una disculpa. Consternado, pero aguantando como todo un hombre, confesó que quedó afeitado y sin visita: «Ni una cosa ni otra…».

Como García Pintos también aludió críticamente a las teorías conspirativas que el Frente Amplio, en su opinión, había comenzado a desplomar sobre Julio María Sanguinetti, Washington Abdala (Foro Batllista) entendió su deber de soldado fiel decir, por ejemplo: «Es bravo cuando a un partido, a sus miembros, a su líder, lo acusan de todo tipo de cosas. Se monta una especie de escalada y duele. Se nos dijo golpistas, que éramos la derecha». Y siguió, sin levantar la voz, con una mesura sorprendente: «Nos llamó la atención que la reunión de Sanguinetti con el ex comandante Díaz fuera vista como una conspiración. Hace un tiempo que asistimos a un esfuerzo por desarrollar teorías conspirativas». Y concluyó, ahora sí, con tono más dramático y apropiado gesto adusto: «¿Adónde hay que levantar la voz para decir quiénes defienden realmente a la democracia?». Y, sin hesitar y con un registro vocal ominoso: «¿Dónde se puede decir qué hicieron unos y otros durante la dictadura? Cuidado con esto de pasar facturas», para cerrar con una, para él, reciente contradicción: «Brovetto nos acusa ferozmente y Cid nos invita a participar del gobierno. Está bravo para entender».

 

Defensa, contragolpe y fin

Cuando parecía que el oficialismo haría la de Pentrelli -«toco y me voy»- para evitar que el tema tomara un volumen excesivo, Doreen Ibarra (Fidel 1001) desplegó una ardorosa defensa del movimiento sindical, al que consideró injustamente deshonrado por García Pintos. Argumentó, leyendo declaraciones de prensa nacional, que Juan Castillo nunca había hecho las acusaciones que se le imputaban y que, en cambio, los trabajadores «han tenido que soportar pintadas en las paredes diciendo ‘PIT-CNT amarillo y alcahuete’ y ‘PIT-CNT rompehuelgas’, además de los atentados sufridos por el Partido Comunista y los metalúrgicos». Finalizó su oratoria, que incurrió en algunas redundancias aunque sin perder sobriedad, con una larga, tan larga como el camino al que cantó Yupanqui, exposición a favor de la tolerancia.

Y, sí. García Pintos no la iba a dejar pasar. Retrucó sin mirar las cartas: «El diputado Ibarra es el intolerante conmigo. Me vota el planteo y después me dice que no tengo derecho a hacerlo». A renglón seguido, enojadísimo, fue inevitable su grito, casi pampero: «Â¡¿Y adónde lo voy a hacer si me están acusando hasta en Brasil por culpa de Castillo y el PIT-CNT?!».

El telón cayó sobre el asunto tras otra intervención, felizmente breve, de Ibarra, y una de Luis Lacalle Pou (Herrerismo) que convocó a ir a la Justicia con el asunto para dirimirlo allí, provocando que el conductor de «Palo y Palo» le clavara los ojos con el mismo desconcierto con que Mickey solía mirar a Pluto cuando éste hacía una travesura.

 

La lengua del Dante

La otra cuestión política fue planteada por Gustavo Borsari (Herrerismo). Cuestionó con dureza al Codicen por haber eliminado la enseñanza del italiano en el bachillerato diversificado. Su verba fue inflamada -como la que uno supone desparramaba el gran Leonardo- y tal vez influida por la presencia en las barras de varios docentes de ese idioma hoy desempleados.

Borsari, con cara de tener parientes en San Stefano Belbo, el pueblo piamontés de Pavese, defendió la influencia del italiano en la cultura uruguaya, señaló la injusticia que se cometía al diferenciar alumnos de centros privados -donde se seguirá enseñando esa lengua- y alumnos de centros públicos y pontificó, con abundante literatura de apoyo, que la medida del Codicen, cuando el mundo está construyendo una educación polilingüística, «es una barbaridad». Ya cerrando, recordó que el gobierno italiano había expresado su preocupación ante la cancillería uruguaya, y leyó un texto de Antonio Larreta, donde Taco lamenta, poética y precisamente, la aludida barbaridad.

Washington Abdala, sorprendiendo a unos cuantos por su reconocido origen libanés, saltó en emotivo, cariñoso apoyo de Borsari. Para fundamentar su vigorosa aparición recordó que su segundo apellido es italiano y, metiendo la contraflor al resto y el truco de una vez, pasó revista a lo siguiente: en Suiza, donde hay un elevadísimo nivel educativo, se enseñan cuatro idiomas en las escuelas públicas; en 1929 la mitad de los uruguayos hablaba la lengua del Dante; y la identidad itálica es muy significativa para la cultura uruguaya. Su salida de escena provocó una conmoción, que le hubiese impedido a Semproni, de haber estado, su justo sueñito de todas las sesiones: el querido Turco declamó, mejor que Gagliardi recitando «Noche de Reyes», los versos del himno italiano.

Superada la sublime escena, la oposición presentó un proyecto según el cual la Cámara declaraba desaconsejable la eliminación del idioma italiano como opción de los educandos en los bachilleratos diversificados, y solicitaba al Poder Ejecutivo la observación y suspensión del citado acto del Codicen, apoyándo
se en los múltiples argumentos expuestos por Borsari y Abdala.

El oficialismo, de inmediato, pidió un cuarto intermedio. Como algunos de sus legisladores me habían anticipado, informalmente, que parecía razonable lo expuesto, yo supuse que, al regresar, apoyarían ese proyecto. Sin embargo, otra vez en sala, se llamaron a un sepulcral silencio. Abdala pidió extender la hora de la sesión; el oficialismo se mantuvo silente y quieto, como el John Wayne de aquella vieja película. Abdala estalló en una cólera santa y, como nadie le contestó, quedó caliente y con una incomprensión, acerca de lo que estaba viendo, similar a la que podría expresar un beduino que ve a su camello congelado.

No sé, pero me quedó un gustito amargo. Evidentemente -dado que ni siquiera argumentó a favor de la medida del Codicen- a la mayoría la copó una rígida, casi marcial disciplina de bancada. Entonces, al final, ¿Guillermo Chifflet hay uno solo, nomás?

«Scenderemo nel gorgo muti» (¡vayan a que lo traduzca Yarzábal!).

 

Usurpación

Del orden del día sólo fue aprobada la modificación del artículo 354 del Código Penal, que refiere al delito de usurpación. Quedó redactado así:

«Será castigado con tres meses de prisión a tres años de penitenciaría: 1) El que mediante violencia, amenaza, engaño, abuso de confianza o clandestinidad y con fines de apoderamiento o de ilícito aprovechamiento, ocupare parcial o totalmente el inmueble ajeno. 2) El que, con fines de apoderamiento o de ilícito aprovechamiento, remueve o altere los mojones que determinan los límites de un inmueble. 3) El que, con fines de apoderamiento o de ilícito aprovechamiento, desvíe el curso de las aguas públicas o privadas». *

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