La aplicación del programa del gobierno agudizó las tensiones sociales: se viene la reforma tributaria

El paro del transporte y la historia no autorizada de un ensayo general

Pasados los días y los momentos más tensos es bueno tomar distancia de ellos, para después poder acercarse y así apreciar cómo se movieron los actores.

El gobierno, por más que la oposición política y mediática diga otra cosa, se movió con firmeza, cautela y serenidad. No hay una sola palabra, un solo discurso de los actores directos del Poder Ejecutivo, que se pueda incluir en la zona de los agravios.

El presidente Tabaré Vázquez no habló en todo el conflicto, sólo dejó trascender que en el Consejo de Ministros había dicho que «no me va a temblar la mano», en clara señal de apoyo a la iniciativa de bajar el precio del boleto gravando el gasoil.

El ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, un viejo zorro de las negociaciones sindicales hoy asumido como gobernante, actuó con firmeza, pero sin estridencia. No se sobreexpuso, enfermedad de la posmodernidad si las hay.

En la sede ministerial concentró a su equipo el que casi no durmió durante el conflicto, mientras dos diputados de su riñón, Pablo Pérez y Juan Andrés Roballo tendían puentes con algunos de los camioneros que habían participado en algunas cenas- financieras de sectores del Frente Amplio. Alvaro Pérez, director del IMPO, fue de los pocos «visitantes» a la sede ministerial.

Hasta el intendente Oscar de los Santos, también de la 738, tuvo sus conversaciones con uno de los dirigentes rebeldes del camión. Un mano dieron los diputados Alfredo Astiz de Asamblea Uruguay y Luis Rosadilla del MPP. Por su parte el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, desplegó una serie de contactos con distintas cámaras empresariales, buscando que no se generara un bloque empresarial. En tanto el ministro de Ganadería, José Mujica, defraudó a quienes hacían apuestas de que iba a discrepar con Rossi, en tanto con esta medida de aumento del precio del gasoil a los sectores del campo se les erizaban los pelos. Rossi habló de «objetivo político», mientras que Mujica dijo que detrás del paro había «un móvil político».

El gobierno se presentó, ante la compleja situación, sólido y unido. Esta vez no hubo contradicciones de sus integrantes, como pasa con demasiada frecuencia. Vázquez lo reconoció en su más estrecho grupo de colaboradores e hizo llegar su reconocimiento a Rossi, una vez que se tranquilizaron las aguas.

El mayor problema que tuvo el gobierno fue que el Frente Amplio volvió a mostrar su falta de tono muscular, a pesar de que el lunes en la tarde su Mesa Política emitió un comunicado de prensa apoyando al Poder Ejecutivo, pero sin hacer ningún tipo de mención al paro general que había decretado el PIT-CNT para el otro día. «No nos dimos cuenta, nos olvidamos del paro», dijo un dirigente que había apoyado la resolución, que fue votada por mayoría, con el voto en contra del 26 de Marzo, quien no fundamentó su voto.

La declaración se dio a conocer el lunes vía fax y el martes en la mañana vía mail (un poco tarde), a los medios de comunicación. Las pintadas en apoyo a la rebaja del boleto no llevaron firmas de Comités de Base del FA, aunque todas tuvieron los colores de esa colectividad política. Solo la 738 realizó algunas pintadas en los muros de Montevideo.

Vecinos de Canelones y de Montevideo promovieron, en esos días, la rebaja del boleto a través de los correos electrónicos. La Mesa Política del FA no promovió ninguna reunión especial y general de sus organismos de base. Las direcciones sectoriales y sus principales dirigentes dieron su opinión entre el martes a la tarde y el miércoles en la mañana.

La mayor respuesta a la situación vino por parte del PIT-CNT, al que se le plegó Fucvam y el Sindicato Médico, al paro general y a un acto en pleno centro de Montevideo, mostrando que la central de trabajadores tiene los reflejos políticos a flor de piel.

El paro y el acto tuvieron un triple efecto. Por un lado hicieron retroceder a la patronal del taxi, que en ocho horas pasó de ser parista a ser aliada del gobierno. Por acción de la central el tema se ubicó en un contexto nuevo: estaba en juego la estabilidad democrática. Esto indignó al senador Julio María Sanguinetti, líder del Foro Batllista y el más lúcido crítico del gobierno. «El PIT-CNT actúa de rompe huelgas», dijo furioso el ex presidente, quien creyó escuchar un discurso sesentista por parte de los dirigentes sindicales.

 

La oposición

En estas idas y venidas, en la zona de la oposición surgió como figura fundamental el doctor Sanguinetti, que enmudeció al resto de los sectores colorados y obligó al Partido Nacional a trasladarse del centro a la derecha. El presidente del directorio del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, se presentó ante las cámaras rodeado de todos los sectores de su bancada parlamentaria, reclamando «serenidad» y «orden», pensando en operar sobre los tradicionales temores de las capas medias a los desordenes sociales.

Blancos y colorados, según confesión del ministro Bonomi, dieron un paso atrás luego de esas declaraciones y no buscaron contacto con el gobierno. «A mí no me llamó nadie», aseguró el secretario de Estado.

Las gremiales del campo, Aru y Federación Rural promotoras de la rebelión, apoyaron a los paristas, pero no detuvieron sus labores. A medida que pasaban las horas comenzaron a sentir la falta del transporte y a molestarse con los transportistas. Los arroceros no dijeron nada, sólo señalaron que les preocupaba la falta de fertilizante. Los frigoríficos no faenaron en dos días. Fueron las gremiales patronales de la Construcción las que no ocultaron su malestar con los transportistas de carga y amenazaron con mandar a 45 mil trabajadores al seguro de paro. El Sunca se manifestó en el mismo sentido, viendo que la noche se le venía encima.

El frente empresarial no se mostraba unido. Cutcsa hizo punta desde el primer día y repartió un volante definitorio: «Dejá de caminar, subite al ómnibus, apoyá la rebaja del boleto». Las cooperativas circularon con normalidad, pero no sacaron volantes. Las direcciones de Transporte de todas las intendencias, incluidas las ocho del FA, no se enteraron que el ministro Rossi proponía la rebaja del precio del boleto.

Los medios de comunicación, centraban su información en la falta de combustible y en el aumento de los precios en las góndolas de los supermercados. Hasta El Observador digital llegó a hablar de que en Río Negro había una cola de camiones que abarcaba 30 kilómetros (una verdadera locura de apreciación) y en Montevideo y Punta del Este las estaciones de nafta lucían, el martes en la noche, el cartel de «cerrado». La gente cargaba litros y litros de nafta como en esas películas en que todos se van del pueblo porque está por explotar el volcán. Pero el volcán no explotó porque al otro día, con la aplicación de la esencialidad firmada por Bonomi y Rossi, los uruguayos se encontraron con que había nafta en las expendedoras y que los precios no habían subido. Las capas medias que se habían acostado histéricas, respiraron. Todos respiramos. Es de destacar también que en los cuarteles y las comisarías siempre hubo serenidad y disciplina. Estuvieron más aburridas que los Comités de Base. A ningún militar se le ocurrió unir la destitución del comandante del ejército y el nombramiento del nuevo, con las inquietudes de los paristas.

 

¿Qué pasó?

Hecha la fotografía de aquellas horas, luego de haberle tomado el pulso a esos días tensos, volvemos sobre una pregunta que circuló en las redes del sistema político, empresarial y sindical: ¿estuvo en juego la institucionalidad? La institucionalidad uruguaya mostró su fortaleza. No
estuvo en peligro, porque el paro del transporte no fue el antecedente de un malestar militar, pero fue un ensayo general contra la aplicación del programa del gobierno.

El enfermo no llegó a picos altos de fiebre, pero tuvo sus amagues. «Tabaré Vázquez no es Salvador Allende. Chile no es Uruguay.

Estamos lejos de eso. Estamos muy verdes para eso», dijo el dirigente de los transportistas Diego Valverde. Pero con el calor de la situación, la maduración podía darse más rápido que en tiempos normales. En pocos días el gobierno tendrá que enfrentar a distintos sectores sociales, ya no a uno solo, una vez que se concrete la reforma tributaria. Los partidos tradicionales se preparan para ser voceros de los quejosos. El PIT-CNT está alerta. Del FA no hay noticias. *

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