La temperatura en Diputados esta vez no rompió los termómetros

Al final, la segunda fue la vencida: aprobaron interpelación al ministro de Economía, Astori

El intercambio de reproches y alusiones políticas continuó, aunque en un contexto más civilizado que el de la víspera. La oposición juntó los votos necesarios y pidió, en cadena, las rectificaciones de la votación exigidas por el reglamento, no fuera que otra vez perdiera el tren.

 

A toda velocidad

Como es de estilo, el asunto fue replanteado mediante una moción de orden pidiendo el llamado a sala del ministro de Economía y Finanzas, firmada por Iván Posadas (Partido Independiente), quien hizo orgulloso porte de una corbata amarilla al borde de la fluorescencia.

Hecha la votación inicial por la Mesa  esta vez presidida con una calma y un elegancia británicas por Ruben Martínez Huelmo  la moción fue aprobada por 41 votos en 87 legisladores presentes.

Se produjo un hecho curioso, generado por una momentánea distracción (a cualquiera puede pasarle): sólo debían levantar la mano los diputados de la oposición, pero por alguna misteriosa causa el brazo de Mónica Travieso (Espacio 609) se elevó a los cielos, impulsado tal vez por un resorte subconsciente; las desesperadas señas y algún silbido de sus compañeros la hicieron reaccionar y lo bajó en una centésima de segundo; casi desconsolada, faltó poco para que se metiera debajo de su banca. No era para tanto, Mónica.

De inmediato, Posadas, Gustavo Borsari (Herrerismo) y Washington Abdala (Foro Batllista)  quien anticipó el espíritu veloz y algo festivo de la cosa diciendo, sonrisa incluida, «Â¡sale un combo completo!»  pidieron en cadena las tres rectificaciones de la votación que exige el reglamento de la Cámara: la oposición aumentó su caudal en sala (que algunos vieron, irónicamente, como una suerte de anticipo electoral) y armó una tripleta de 42 votos en 88.

En medio de este rápido procedimiento parlamentario, se pudo observar ciertos detalles estéticos curiosos: Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) abandonó el rosado de ayer y se volcó, aunque manteniendo el estilo de trajecito sobrio aunque ajustado, a un azul piedra casi gris; en cambio, su oponente del día anterior, la maragata Travieso, sustituyó el buzo oscuro que había lucido por otro… ¡rosado! Vaya uno a saber si Freud, Jung, Adler, Frankl o el cura Chalela hubiesen sacado alguna conclusión psicoanalítica de todo esto; a Oscar Alvarez, en cambio, algo se le habría ocurrido.

 

Yo fundamento, tú fundamentas

Abundaron los fundamentos de voto. Recorrieron todo el espinel de alusiones. Se llenaron de facturas que volaron hacia bancas vecinas. Pero, debe decirse, se mantuvieron dentro de civilizados límites que en la noche del martes fueron vigorosamente violados.

Habló una multitud, pero, como hay libertad de prensa, debe permitírsele a ésta el privilegio de la selección. Quienes no concuerden pueden llenar el libro de quejas correspondiente (que será abierto a la brevedad) o escribir a la dirección de La República. No se preocupen, que Fasano contesta todo.

Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista), vestido de excesivo oscuro aunque con verbo claro, afirmó que «seguimos innovando, porque se interpela a un ministro que estuvo aquí mismo explicando». Y añadió, con énfasis, «yo creo que esto no tiene antecedentes y es, como se dijo en un medio de prensa, una interpelación preventiva». De inmediato, con espíritu apaciguador un tanto desmentido por su ceño fruncido, dijo que se alegraba de ver la sala llena y confesó que todos habían hecho «un aprendizaje político», sin especificar cuál.

Sandra Etcheverry  ay, cuando pidió la palabra un ligero temblor recorrió el recinto- mostró su alegría «por lograr hoy lo que no pudimos ayer». Pero enseguida marcó la cancha (por lo menos con cal gruesa): «Hemos perdido la confianza en el oficialismo. Cada vez que queramos interpelar deberemos hacer las rectificaciones en cadena. Nos esperan tiempos difíciles» (¿por la cadena o por la desconfianza?).

Luis Rosadilla (Espacio 609), calzándose unos lentes que le quedan muy bien y que seguramente no usaba en la panadería, hizo una declaración conmovedora: «Acompañé a mi bancada por disciplina política. Yo quería habilitar que viniera Astori. En momentos en que todos los indicadores económicos son positivos, yo quiero que Astori esté acá». Y cerró sus breves dichos con una afirmación enigmática: «Me voy a divertir mucho».

Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), exhibiendo un corte de pelo que no pudo haberlo hecho un coiffeur cualquiera, ingresó a un terreno casi místico: «Tengo una preocupación grande. En algo nos estamos equivocando colectivamente. Si no tomamos esto a tiempo tendremos grandes problemas. Estamos demorando nosotros en aprender a ser gobierno y ustedes a ser oposición. Deberíamos conversar más entre nosotros e intercambiar experiencias».

Washington Abdala, con el cabello alborotado pero la prosa serena, fue directo al grano: «Yo estoy aprendiendo a ser oposición. No me gusta, pero hago lo posible por controlar al gobierno. Efectivamente algo se está haciendo mal, y el primero que hace mal es el mano» (alusión a juegos de naipes, entre ellos el truco, que pudo haber sido mal entendida). «El parlamento de un solo partido es un desastre para la democracia. Si no tenemos la oportunidad de controlar, entonces le aplicamos la preventiva a Astori».

José Carlos Mahía (Asamblea Uruguay), con sus habituales pulcras maneras y urbana serenidad, metió para adelante con estadísticas: «Entre 1995 y 2000 hubo dos llamados a sala promovidos por la oposición, uno por Díaz Maynard y otro por mí. En diecinueve meses la oposición actual lleva siete, incluyendo esta preventiva».

Jaime Trobo (Herrerismo), exponiéndose al escarnio público por una corbata naranja estrepitoso y enojado por el carácter de prevención adjudicado al llamado a sala, ironizó: «Es preventivo para que el gobierno no siga cometiendo errores de espaldas a la gente». E introdujo un antecedente: «Preventiva fue la interpelación a Rossi, que impidió que se diera indebidamente una concesión a un privado».

(En este preciso momento, una parejita que habitó brevemente las barras más altas comenzó a darse ardorosos piquitos, feliz y ajena por completo al mundo parlamentario).

Gustavo Borsari estuvo a punto de crear un cisma en la oposición. Inopinadamente, recordó al general Rivera y aquella frase suya, contestando a quienes le hablaban a cada rato de la Constitución, «estos doctores, siempre con el librito». Entre las risas del oficialismo  Asti gritó «!qué alusión al Partido Colorado¡»-, Abdala, García Pintos y otros quedaron más descolocados que Bava con paperas. Borsari, como si se sintiera inimputable, siguió: «Las interpelaciones están en el librito que Rivera no quería leer». (Poco después se acercó a los colorados a explicarles; le palmearon la espalda y todo quedó como antes).

Silvana Charlone (independiente Frente Amplio), quizás estimulada por el clima un tanto dislocado que quedó tras la intervención de Borsari, apeló a una anécdota para molestar a blancos y colorados: «En febrero de 2005, cuando todavía el gobierno no había asumido, un legislador de la oposición me dijo en un ascensor de este parlamento que él ya tenía su ministro para interpelar».

Finalmente, Nora Castro (Espacio 609), con voz potente que abortó cualquier intento ecualizador, bañó de filosofía a todos: «Se mencionó como insulto la integración de socialistas, comunistas y tupamaros en el Frente. Es bueno que reflexionemos que pertenecer a cualquiera de estas colectividades para nadie debe ser un insulto. Y es cierto: yo grité ayer ‘!Viva Saravia y la revolución de 1904¡’. Me dijeron que n
o habían entendido. Lo grité por lo que significan Saravia y su revolución para el país. Y ahora que se habla de estudiar la historia reciente, estas cosas van a permitir la conexión entre el pasado, esa historia reciente y la actualidad».

La bancada del Partido Nacional quedó sumida en una dulce perplejidad.

 

Segundo asalto

Todo el mundo especulaba si habría revancha o reconciliación. Muchas miradas iban de Etcheverry a Travieso y al revés. Y llegó el segundo asalto.

En un clima menos erizado, pero se llegó.

Mónica Travieso, pidiendo la palabra para una aclaración, declamó que nunca pensó que esto era un tablado  en alusión a una pincelada de este periodista, en su crónica de ayer  que se sentía angustiada a causa de las explosiones (supongo que emocionales), que los gritos y discursos de barricada no deben hacerse en este ámbito y que nadie podía sentir orgullo por lo ocurrido. Hubo momentos en que pensé que hablaba de otra persona.

Y Sandra Etcheverry, de inmediato, también discurseó: «Soportamos mucho ayer. Fue un atropello político y sentimos indignación». Enseguida agarró viento en la camiseta: «No rectifico nada, debí decir muchas cosas más. Se trata de no escuchar, incluso las amenazas de ‘salir para afuera’, pero me he sentido aludida. Hemos perdido la cortesía y hemos perdido la confianza parlamentaria en el oficialismo».

 

Una media sanción

Cabe informar que, con Jorge Pozzi (Nuevo Espacio) como miembro informante  una responsabilidad que cumplió lleno de aplomo y celeridad  la Cámara de Representantes dio media sanción al proyecto que deroga el decreto ley 15.523 de enero de 1984, regulador de las condiciones laborales en buques pesqueros de bandera nacional. Ahora pasa al Senado.

De convertirse en ley, permitirá que los trabajadores se beneficien de todos los acuerdos que permitan las negociaciones en los Consejos de Salarios.

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