Emoción y alegría de los beneficiarios

A las 11 y 20 horas de ayer la escribana Silvia Garré suscribió, ante las autoridades de Ancap y frente a unos doscientos trabajadores, en el ingenio de Alcoholes del Uruguay (ALUR), los primeros tres contratos de arrendamientos que habilitan a los adjudicatarios a hacer uso de la tierra ya sembrada de caña de azúcar por el organismo estatal.

La parte subarrendadora, Alur S.A., representada por el vicepresidente de Ancap, Raúl Sendic, y por el director del mismo organismo, Germán Riet, en calidad de integrantes del directorio, acordaron con la parte subarrendataria, Fanny Raquel De los Santos, la primera de las tres transacciones simbólicas de tierra que se hicieron en la oportunidad.

Al ser llamada, Fanny, una trabajadora rural, se abrió paso entre el público presente hasta llegar a la mesa que se encontraba al fondo del salón, en donde esperaban las autoridades de Ancap para hacer realidad la suscripción del contrato. Luego de estampar su rúbrica fue el turno de Sendic, y posteriormente Riet cerró la tratativa. Fue en ese momento en que tronó dentro del recinto un afectuoso aplauso de todos los emocionados presentes que veían en la mujer un sueño propio que se hacía realidad. Ella, sin mirar los rostros, cerró su boca y apretó alguna lágrima que intentó desbordar sus ojos.

Casi una hora después y desafiando barro y viento, con mucha ansiedad, todos abordaron los vehículos disponibles y se apersonaron, los nuevos dueños de la tierra, en el lugar en donde en el futuro desarrollarán su trabajo.

La cañera es una mujer grande, de rasgos duros y manos ásperas, una trabajadora rural que quedó viuda y tuvo que enfrentar la vida para alimentar a sus hijos. Fanny se encontraba en la bolsa de trabajo cuando le salió esta oportunidad, además ya tenía experiencia en la plantación de caña, que ha tenido que llevarla a cabo en más de una ocasión, así como también la horticultura.

No es una tarea sencilla para una mujer esta labor, pero «la plantada, que es un poco pesada, con ayuda la podés hacer», el riego «se hace» y la «malhoja», que es «el pastito que viene creciendo», también lo hace la mujer, «es un trabajo un poquito pesado, pero me gusta trabajar con la tierra que es lo importante», sostuvo la nueva arrendataria de la Gremial Granjera.

Fanny no está sola para afrontar la nueva tarea, tiene un hijo de 17 años que la va a ayudar a hacer todo «lo mejor posible» para «salir adelante», una hija de 18 años y «otros que son menores», pero además cuenta con los «compañeros del sindicato» que siempre suman en el trabajo para «seguir la batalla adelante».

Mi caso es «una victoria» para mí, pero sobre todo «para el conjunto de mis compañeros y de los asalariados. Es una alegría inmensa que como asalariados vivimos aquellas personas que siempre luchamos por tierras, que las queremos para trabajar, para que sean productivas. Este tiene que ser el inicio de tener tierras para más compañeros, para que nuestros hijos puedan tener un buen estudio y que podamos tener un salario digno», finalizó diciendo la mujer.

Otro caso a resaltar es el de Néstor, de 48 años, integrante de la UTAA, que no ocultaba su alegría y recordaba que desde los 14 años es cañero, cuando sus padres le «dieron los papeles» que lo habilitaban a trabajar siendo menor.

Ya tengo «la columna totalmente deshecha», también «los brazos», imaginate que «cortando caña alguna vez agarramos una lluvia, nos metemos en un galpón, hacemos un fuego y se te seca la ropa contra el cuerpo, ¿sabés cómo te quedan los huesos?», eso «trae problemas».

El trabajador recordó que antaño se trabajaba bien en la caña, pero «desde el 89 empezó a mermar», se podía trabajar en «alguna huerta», pero «mucha gente se fue» y los que nos quedamos fue porque «no teníamos la posibilidad de salir en una mudanza con la familia». Aparte «con mis años es más difícil conseguir trabajo» en otro lado.

Con su cara bronceada por el sol de tantas cosechas y siembras continuas, sonrió y terminó diciendo: «ahora quiero meter mucho trabajo» y «con mi señora y mis dos hijos vamos a ver qué pasa».

Finalmente Gustavo, un productor que cuenta con un invernáculo y a la vez asalariado que trabaja en la caña, dijo estar «muy contento» con la «oportunidad» que los pequeños productores tienen en Bella Unión con la firma del contrato. «Miro la caña que ya está naciendo y sé que es importante porque el año que viene estamos produciendo e incluidos en el proyecto sucroalcoholero».

El trabajo con la caña «no es difícil», y acá «ya estamos prácticos», además «es muy lindo, más sabiendo que lo estás haciendo para vos, es duro, tenés que estar, pero te deja mucho rendimiento a fin de año». En esta época del año trabajamos «una o dos personas en 10 hectáreas», pero en la «cosecha se puede involucrar a la familia entera», dijo el integrante de Apparbu. *

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