
Miranda, de larga y destacada actuación en el sindicato de los trabajadores de la pesca, dio detalles precisos sobre la muerte de Arpino, con quien integró un grupo de militantes de izquierda que operó clandestinamente entre 1972 y 1974.
En un dramático relato, que incluyó su propia experiencia y las de otros prisioneros polÃticos de aquella época, Miranda dijo que está dispuesto a testificar ante la Comisión para la Paz sobre el caso Arpino:
“Iré a la Comisión y a cualquier otro organismo que me llame para decir lo que yo sé acerca de la muerte de este compañero”, dijo en la entrevista que concedió en San Luis, Canelones, unos 62 kilómetros al este de Montevideo.
El “caso Arpino” fue presentado el 24 de agosto a la Comisión para la Paz por la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos. La organización habÃa recibido la primera denuncia de la familia tan sólo dos meses atrás y, tras algunos chequeos, fue incluido en la lista de uruguayos desaparecidos.
De acuerdo con las declaraciones de Miranda, los hechos que desembocaron en la muerte de Arpino, obrero de la construcción, comenzaron en 1972, cuando ya habÃa llegado a su máxima expresión la ofensiva de las fuerzas armadas contra la guerrilla, el movimiento sindical y los partidos polÃticos:
“En esas difÃciles circunstancias –narró Miranda– un grupo de personas que considerábamos que todo se estaba cayendo, iniciamos la formación de un nuevo grupo para hacer algo, sobre la base de buscar esencialmente gente obrera.
El grupo estaba integrado mayoritariamente por ex militantes del Partido Comunista, entre ellos yo. SabÃamos a qué nos enfrentábamos.
Estábamos luchando contra el sistema y no esperábamos que los militares nos dieran caramelos.
Eso lo tenÃamos muy claro, y especialmente en aquel momento, cuando la represión era durÃsima.
Miguel estaba en el grupo, que poco a poco fue creciendo y fortaleciéndose ideológica y polÃticamente”.
En abril de 1974, el grupo sufrió un golpe durÃsimo. Varios de sus integrantes fueron arrestados en redadas sucesivas entre ellos Arpino. Miranda fue uno de los detenidos en esos operativos:
“Efectivos de la Fuerza Aérea asaltaron mi casa de Delta del Tigre, de noche. Rompieron la puerta a patadas y me sacaron desnudo a la calle. Mientras me llevaban, yo escuchaba que gritaban ‘¡Matalo ahÃ, matalo!’. Me encapucharon, me tiraron adentro de la camioneta y me llevaron a Boiso Lanza. Allà me torturaron durante once dÃas seguidos. Como yo no decÃa nada, me llevaron hasta donde estaba mi responsable en el grupo, que también habÃa caÃdo por esa fecha, y le dijeron: ‘Mirá, te vamos a mostrar a este negro que se está dejando matar’. Entonces no tuve más remedio que admitir que yo estaba en el grupo. Eso fue lo único que dije.
Algunos compañeros que no habÃan caÃdo lograron salir al exterior. Yo estuve casi un año en Boiso Lanza y después me trasladaron al Penal de Libertad”.
Miranda reveló que él, Arpino y otros prisioneros fueron torturados en la perrera de Boiso Lanza:
“A los presos que Ãbamos cayendo nos llevaban a la perrera de la base. Nos metÃan en las casillas de los perros. En ese lugar nos torturaban.
Nos dejaban allà hasta que querÃan, rodeados por los perros, que andaban sueltos. Después nos llevaban a otro lado. Cuando sucedió lo de Miguel, habÃa unos 15 presos en la perrera, entre ellos yo.
En otro local habÃa 30 detenidos que ya habÃan pasado por la tortura. Nos daban de comer lo que sobraba. Primero comÃan los militares y el resto se lo daban a los perros y a nosotros. Ese era el orden. Primero los militares, después los perros y en último lugar, nosotros.
Mientras yo estaba allà fue que mataron a Miguel. El era un hombre muy fuerte, acostumbrado al trabajo pesado.
Un dÃa, durante el perÃodo de tortura que estábamos sufriendo, rompió las esposas. Tiró y tiró hasta que las rompió.
Los militares se asustaron. Nunca habÃan visto hacer eso a un hombre.
Entonces reaccionaron pegándole. Le pegaron con las cachiporras que tenÃan. Estaban muy nerviosos y le dieron con todo, entre varios, durante un rato larguÃsimo. Estaban como desesperados y le pegaban cada vez más hasta que se pasaron de mango y lo mataron. Yo pienso que no lo querÃan matar. Por ahà de repente hay un matiz con lo que fueron la represión argentina y la brasileña. Lo mataron de asustados. Después se dijo que lo habÃan enterrado en el Cementerio del Norte, en una de esas tumbas sin nombre, pero no me consta. Lo que sà sé es que lo mataron a golpes en Boiso Lanza”.
Tras ser liberado, Miranda salió al exterior, donde denunció lo que habÃa ocurrido con su compañero y amigo. Sin embargo nada ocurrió y sólo recientemente Arpino fue incluido en la lista de detenidos-desaparecidos. En sus declaraciones, Miranda, pescador artesanal que vive modestamente en la Costa de Canelones, subrayó que ninguno de los otros grupos desmantelados por las fuerzas armadas ni tampoco los partidos polÃticos se han ocupado hasta hoy del caso de Arpino: “Nunca hablaron de él. No lo reivindicaron como preso y ni siquiera como muerto en la lucha de aquellos años. Lo mismo ha sucedido en otros casos similares. Si yo hablo de esto ahora es exclusivamente para contribuir a que se sepa lo que ocurrió con este compañero”. Miranda está dispuesto a declarar ante la Comisión para la Paz y en cualquier otro ámbito: “Iré adonde sea necesario ir para que se investigue a fondo el caso de Miguel”, afirmó.
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