Sorpresa por la forma en que nos desenganchamos del TLC y nos enganchamos al TIFA

Es irreversible: Uruguay se abre al mundo, sin abandonar la región

Vázquez anunció el jueves que no iba aceptar imposiciones sobre el contenido y el tiempo a emplear para negociar con Estados Unidos un TLC. Por ello, agregó, el país cambiaba de carril y se inclinaba por explorar caminos hacia un acuerdo comercial más amplio a través del Tratado de Inversiones vigente, donde se agregaría el capítulo Comercio de Bienes.

En un segundo, casi sin darnos cuenta, pasamos de un «Free Trade Agreement» (TLC) a un «Trade Investment Framework Agreement» (TIFA). El giro fue explicado por Vázquez de la siguiente forma: «Recibimos, a través del señor Embajador de Uruguay en los Estados Unidos de Norteamérica, que el USTR, que es el Departamento Comercial del gobierno de los Estados Unidos, proponía a Uruguay como único camino el avanzar en el formato TLC tipo Perú y por la vía rápida, es decir, por fast track». Por dos razones el Presidente entendió que «no era un camino de recibo porque si estamos en una negociación el que se nos presente un único camino corta toda negociación; y en segundo lugar, porque entendíamos que este Tratado de Libre Comercio y por la vía rápida no nos permitía con tiempo, con seriedad, en profundidad, analizar los distintos temas para llegar a un acuerdo».

En cambio, con el nuevo carril elegido para negociar, «en un año estaríamos en condiciones de estar firmando un acuerdo comercial en el Capítulo de Bienes con los Estados Unidos, si es que acordamos mejorar ese comercio con el país del Norte», dijo.

De inmediato la oposición reaccionó con fuerza. El senador Jorge Larrañaga habló de estar ante un operativo «maquillaje» y Jorge Batlle manifestó que el presidente «perdió» en la interna. Astori y Asamblea Uruguay sintieron que las muestras de alegría por el paso dado por el Presidente, particularmente desde el movimiento sindical y del PCU, iban dirigidas directamente a sus oídos.

El diario El País montó, también, su escenario. Ayer tituló: «Radicales festejan el no al TLC; furia empresarial», invitándonos a leer en la página 9 donde allí apareció la sorpresa. Bajo el título «Industriales molestos, se reunirán con el gobierno», se nos dice que «el viraje que decidió Vázquez cayó como una bomba entre los industriales que apostaban a algo más ambicioso». En todo el texto que contiene esa información no hay una sola opinión con nombre y apellido, sino que las opiniones son de un «directivo industrial», de un «ejecutivo» y de un «empresario».

Seguramente en la edición de hoy o en la de mañana, algún empresario, influido por blancos y colorados, salga a decir algo en tono crítico contra el gobierno, pero todos sabemos que en el sector empresarial uruguayo había un susto bárbaro ante la posibilidad de acordar un TLC con Estados Unidos y que cuando ese susto no existía era porque algunos ya estaban preparándose para ser los importadores de los productos estadounidenses.

Por su parte el gobierno logró un decidido apoyo por parte del contador Enrique Iglesias, secretario iberoamericano y ex presidente del BID, quien elogió la decisión del gobierno de explorar un acuerdo comercial con Estados Unidos por la vía de un TIFA y no por la «vía rápida» hacia un TLC. «El camino seguido es muy prudente pero también muy positivo», dijo a El Espectador el 29 de setiembre.

Si bien hay muchos intereses en juego e interpretaciones interesadas, nadie puede desconocer que el gobierno sorprendió con el anuncio a favor de un TIFA y no porque en algún momento de este año el Presidente no haya jugado todos los boletos a un TLC, aunque la sensación que siempre dejó fue de que esa posibilidad era lo máximo a la que se debía aspirar.

En un doble sentido sorprendió. Por un lado porque todos nos habíamos hecho la idea de que iba a haber una negociación fuerte con Estados Unidos, en que la población iba a participar por lo menos desde la tribuna. Pensamos, muchos, que iban a existir propuestas y contrapropuestas, momentos de tensión que iban a ser públicos. Pero eso no ocurrió, porque Estados Unidos propuso un TLC como con Perú y la exigencia de resolverlo en pocos días. Por otro lado sorprende que Estados Unidos, ante el rechazo uruguayo, acepte de inmediato que se deja de trabajar por un TLC y se pasa a TIFA. Todo demasiado importante y demasiado rápido, algo así como si uno va a comprar una casa y le terminan vendiendo un apartamento. Esta extraña sensación deja un sabor amargo, porque abre un excesivo y amplio abanico de dudas. ¿Uruguay perdió la gran oportunidad de su vida al no lograr un TLC con EEUU en esta ronda de negociaciones? ¿Uruguay salvó su economía nacional al no caer en la novelería de los TLC? ¿El Mercosur es otra vez la casa principal de los uruguayos? ¿Volvimos a ser el país del empate al tomar el carril del medio? Las respuestas a estas interrogantes sólo las tiene el tiempo. Hoy por hoy no están a la vista, pero lo que si ha quedado claro es que Uruguay ha avanzado y mucho en lograr el consenso interno de que debe abrirse al mundo, sin salirse de la región. *

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