La columna de Sherlock
* María Julia, de incógnito en el restaurante «El 16″
–Pasó el pasado martes, en el viaje hacia el Consejo de Ministros de Quebracho.
-¿Qué pasó?
-Un grupo de periodistas entró tarde de la noche al restaurante «El 16″ de Paysandú, con el fin de comer algo.
-¿Y?
-La cocina estaba cerrando, pero todavía había gente y se avinieron a servir al grupo. La comida estuvo buena.
-Unos minutos después entró también al restaurante la doctora María Julia Muñoz y otras personas, y preguntó qué podían comer,
-¿Y?
-El mozo, amablemente, le dijo que lamentaba, pero la cocina ya estaba cerrada y no había nada de nada. María Julia se retiró hacia otro destino.
-¿Y?
-En ese momento los periodistas estaban terminando su plato principal y cabía pedir postre. Uno dijo: «Mozo, mozo, no me trae un flan….» Fue ahí cuando una colega le aclaró, frente al mozo: «Me parece que no vas a tener suerte con el flan; si la cocina estaba cerrada para la ministra de Salud Pública, no va estar abierta ahora para un postre.
-¿Y?
-El mozo que escuchó la conversación, pasó del blanco al rojo, del rojo al verde y su boca se abrió desmesuradamente.
-«¿Cómo¿» dijo- «¿Esa señora era la ministra de Salud Pública?». Es que se había perdido un comensal aquilatado.
-Son cosas que pasan.
* Orletti: algunas cosas que hay que recordar siempre
-En los operativos en que participaban en Buenos Aires los miembros de la OCOA al mando del coronel José Nino Gavazzo, flanqueado por el coronel Manuel Cordero y el tenebroso Hugo Campos Hermida, los acompañaba con entusiasmo la gentuza fascista de la Triple A, teledirigida por el general Otto Paladino.
-Pero, ¿quién los contrató? Estos tipos no trabajaban gratis.
-Aníbal Gordon era el amo y «señor» de Orletti y allí, frente a los detenidos, gustaba de ascenderse a «coronel». Eduardo Ruffo era de la partida, y también se sumaban a los procedimientos individuos como Honorio Martínez Ruiz y Osvaldo «Paqui» Forese (sindicado ahora como el asesino de Michelini y Gutiérrez Ruiz), ambos con apodos que aludían a su inteligencia: Martínez Ruiz era «Zapato»; Forese se había ganado el mote de «Paquidermo» por la fuerza con que derribaba puertas en los allanamientos. Para menesteres de más largo aliento, el Paqui utilizaba un «sosías»: Roberto Villahinojosa.
-¿Un personaje siniestro?
-El Paqui y otro de sus amigos, un agente de la «brigada antiguerrillera», hacían doblete en tareas de vigilancia en el microcentro. Durante las horas muertas, el aburrimiento les aflojaba la lengua y se jactaban de que «a un uruguayo grandote le clavamos un suncho en la ingle», o también de haber irrumpido en una vivienda y someter a la víctima al submarino, en una bañera y con agua hirviendo.
-La brutalidad al cuadrado…
-No puede decirse que, aun en su bestialidad, estos muchachos no tuvieran ilusiones. Sabían del secuestro de un poderoso empresario textil por el que el PVP había cobrado un importante rescate, millonario en dólares. «Si encuentro la guita soñaba el Paqui , me compro un hotelito en la costa y me retiro.
-Me imagino lo que harían.
-De ahí la energía con que rompían todo aquello que imaginaban como posible escondite del dinero.
Y si el dinero no aparecía, buenos eran los artefactos, la vajilla, los teléfonos, la ropa y hasta la comida. Los oficiales uruguayos no eran ajenos a la rapiña. Al retirarse de las viviendas violentadas y a diferencia de las fuerzas estrictamente locales, los grupos «internacionalistas» dejaban su tarjeta de visita, una faja sobre los marcos desvencijados en la que se leía: «Clausurado. Fuerzas Conjuntas».
-¿Y?
-De regreso al cuartel general, Gordon repartía la bolsa. El producto del pillaje tenía entidad, era más importante que las vidas y las muertes que sucedían en el taller mecánico. Merecía, por tanto, un nombre y lo bautizaron «Morgan», es posible que en recuerdo del corsario.
-Pero, ello no exime de responsabilidad a los militares uruguayos. ¿Verdad?
-Al contrario, la refuerza. Es hora, ahora que hay un grupo entre rejas, que la Justicia trate de investigar el asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz. Sería bueno preguntarle a Gavazzo sobre ello, sobre su participación, la de Gordon, la de Forese… Decir que se está tratando de disipar la responsabilidad de los uruguayos no me parece ajustado, además si alguien lo quiere hacer de esta manera se equivoca, porque haber tenido como grupo de tareas a la banda de Gordon ya es un tema de una gravedad inusitada.
-Tiene razón, se debería interrogar a los militares procesados sobre este tema.
-Sería el tiempo se comenzar a descorrer ese velo y aclararlo todo.
-Claro.
* ¿Nadie investigará el contrato con Aníbal Gordon?
– ¿Usted se está sacando patente de genio periodístico?
-¿Por qué dice tal cosa?
-Es que dice que el tema del asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz lo había adelantado en abril.
-No, en todo caso estoy diciendo lo que me informaron algunas fuentes confiables, aparentemente bien intencionadas.
Esa información la publicamos en el mes de abril, hace unos cinco meses y ahora – luego de ese lapso – fue ratificada por datos que, según lo publicado, estarían en poder del secretario de la Presidencia de la República, Gonzalo Fernández.
-Lo que apareció en la extraña nota de Búsqueda del pasado jueves…
-Claro. Y antes, mucho tiempo antes, en LA REPUBLICA hubo una nota, del periodista Eduardo Varela, denunciando la misma situación. Y le hablo de hace algunos años.
-¿Sabe quién es Aníbal Gordon?
-Claro, el asesino argentino, que durante un tiempo cumplió tareas para los militares uruguayos realizando las peores faenas sucias. Fue uno de los principales en el campo de concentración de Orletti y participó junto a su banda de la Triple A, al parecer, en el crimen de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Siempre bajo las órdenes de Gavazzo.
-Fue uno de los primeros integrantes de la Triple A, que tenía línea directa con un alto político argentino para coordinar sus fechorías. Al parecer en sus inicios llamaba a un teléfono que sonaba en la Casa Rosada y obtenía el OK para sus «acciones». Un día, luego de la muerte de Juan Perón y de José López Rega, por otro asesinato que cometió, cayó en desgracia con el represor Guillermo Suárez Masson, que en ese momento tenía más poder que él.
-¿Y? ¿Cómo es eso?
-En su locura asesina Gordon y su banda mataron a una sobrina del represor y éste se la juró… El tipo se debió «refugiar» en Uruguay y aquí, como no podía ser de otra manera, enseguida se vinculó a uno de los personajes más siniestros de nuestra historia.
-¿Quién?
-El que estuvo tras el golpe de Estado…
-¿Un civil o un militar?
-Siempre llevó uniforme y llegó a tener mucho poder por aquí, y responsabilidad sobre grupos de tareas.
-Deme el nombre.
-Ya veré, en el futuro… Pero la verdad es que Gordon nunca fue «mano de obra desocupada», siempre logró contratos cuando los necesitó y, lo más increíble, fue un tipo que no murió en su ley, sino en una cama.
-¿Y?
-Que alguna vez alguien debería investigar cómo fue su relación con las fuerzas armadas uruguayas, porque trabajó con su banda con Gavazzo y otros de esa calaña, aunque al parecer realizaba las acciones que estos no se atrevían a concretar.
-¿Por ejemplo?
-Apretar en gatillo en a
lgunas oportunidades.
-¡Mi Dios!
* Hay un nuevo principio de escándalo en la Corte Electoral
-¿Qué me quiere contar?
-Otro escandalete que se produjo en la Corte Electoral. Y esta vez puede tener, por sus connotaciones, derivaciones graves.
-Cuente, cuente…
-Es que hubo un faltante de Caja en la Oficina Electoral de Montevideo de 150 mil pesos, lo que provocó un rápido trámite interno y la identificación de la persona responsable.
-¡Ciento cincuenta mil pesos que se hicieron humo!
-Así parece. Pero los hechos, que no hubiera pasado de un hecho casi anecdótico, que quizás hubiera determinado un sumario con separación de cargo y una destitución, por la actitud de la mayoría de la Corte, se convirtió en un escándalo.
-¿A qué se refiere?
-Le cuento además que en un caso similar ocurrido en el interior del país se destituyó a la persona responsable, pero aquí…, en ese caso…
-¿Qué pasó?
-Los siete ministros representantes de los partidos tradicionales votaron por una simple amonestación…
-¿Amonestación?
-Aunque no lo crea… Los representantes del Frente Amplio fueron los únicos que estimaron que se debía seguir el mismo camino que en el caso anterior.
-¿Sumario y destitución?
-¿Qué otra cosa cabe?
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