Oficialismo y oposición prometieron debatir sobre la futura e incierta matriz energética
El acuerdo aprobado
Enrique Pintado (Asamblea Uruguay) informó el proyecto de Acuerdo Marco sobre Complementación Energética Regional del Mercosur y Estados Asociados. Tal vez persuadido de que todo estaba muy claro, fue espléndidamente breve. Argumentó que la energía es un elemento estratégico esencial para el desarrollo y que este acuerdo asegura garantías. Y reconoció la necesidad de impulsar una interconexión energética regional, permitiendo al Uruguay, además, la diversificación de fuentes para asegurar suministros y reducir costos.
Pero Pablo Abdala (Herrerismo) elevó la voz y la temperatura ambiente al afirmar que estos acuerdos terminan siendo inocuos. A su juicio, el fracaso hasta ahora de la integración energética es un ejemplo de las disonancias del Mercosur. Enseguida, y esto sonó con connotaciones casi evangélicas, confesó su esperanza de que Pintado tuviese razón aunque, por el momento, para él «se está a años luz» (y esto es jodido, si hablamos de energía). Puso como ejemplo las picardías con que Argentina ha frustrado el ingreso del gas natural a Uruguay y finalizó criticando la «imprevisión del gobierno», no faltaba más (después de todo es un opositor bien calzado).
Quizás Abdala esperaba una respuesta guerrera, al menos eso parecía por su actitud expectante y en guardia, pero emergió la elegancia y la serenidad de Carlos Varela (Asamblea Uruguay), quien hizo una precisión: «Nos estamos introduciendo en un debate sobre el futuro energético del Uruguay y bienvenido sea, porque hay que darlo». Añadió que le parecía bien que se reclamara ahora y, sin bajar de la tercera larga que había metido, dejó ir el auto suavecito, pero de frente: «Ojalá se hubiera hecho en gobiernos anteriores, porque ellos se sumieron en la imprevisión, no fue éste». Y siguió, pasando directo a quinta: «Cuando establecemos otros marcos de complementación no rehuimos nuestro deber. Por eso se han hecho inversiones para mejorar nuestra infraestructura de conexión, sobre todo con Brasil». O sea, «si hablamos hay que decirlo todo, no una parte».
Abdala se sintió tocado, pero reaccionó con un contragolpe fino: «El Partido Nacional gobernó hace años y entonces había otra situación. Fue nuestro gobierno el que hizo las inversiones de los gasoductos». Luego se recostó a las cuerdas: «Cuando hablamos de imprevisión no lo hacemos sólo de este gobierno, sino también de otros». Y estiró el brazo con una invitación como para comer un asadito de tira con vino tinto: «Incluso nos va a recibir la Mesa del Frente Amplio, con la cual vamos a hablar a ver si podemos ayudar».
Varela decidió que podía mantener el nivel prolijo del intercambio, aunque igual quiso ganar por puntos. Y recordó que, aunque también él había hablado de muchos gobiernos, no sólo del blanco, «cuando lo de los gasoductos se pudo haber hecho mucho más». Ya sintiéndose brazo en alto, remató con la sutileza del flaco Delorte: «No nos cobremos cuentas. Trabajemos para adelante». Y repitió que el oficialismo está dispuesto a dar ese gran debate sobre el futuro energético del país.
Dicho esto, el Acuerdo Marco fue aprobado. Hubo suspiros (de alivio), sonrisas y un espíritu conciliador que lo envolvió todo, como el humo de una estufa con mal tiraje. Ah, había distraídos. Orrico, por ejemplo, leía con delectación la nueva revista editada por la Presidencia de la República.
Corte Penal Internacional
Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) informó el proyecto de Acuerdo sobre los Privilegios e Inmunidades de la Corte Penal Internacional. Cual arquero ya harto de pelotazos, de entrada paró la mano: «Ya hemos aprobado documentos similares». La Corte Penal Internacional está encargada de juzgar a aquellos individuos acusados de delitos graves contra la humanidad. Actúa sólo cuando los Estados no pueden o no quieren juzgarlos y su acción es retroactiva sólo al momento de su creación: julio de 2002.
Fue tan claro, preciso y sintético que inhibió toda interrogación, respuesta, polémica o redundancia en que pudieran haber incurrido las bancadas opositoras. El proyecto también se aprobó. Apenas si hubo que escuchar a Diego Cánepa (Nuevo Espacio) quien, al fundamentar el voto, incorporó la obviedad a sus virtudes.
Ciudad del Plata
Ante barras colmadas por decenas de representantes de las fuerzas vivas de Rincón de la Bolsa, el plenario aprobó designar a esa zona, comprendida entre el río Santa Lucía y el kilómetro 35 de ruta 1, como «Ciudad del Plata».
Mónica Travieso (Espacio 609) y Alberto Casas (Herrerismo), ambos diputados maragatos, mientras Jaime Trobo (Herrerismo) recorría la sala en un rapto de histriónico desasosiego y Gonzalo Mujica (ex Nuevo Espacio) charlaba aquí y allá con sus nuevos compañeros del MPP, aludieron a la historia de la zona, su desarrollo, sus pobladores, su potencial y la necesidad de dotarla de más y mejores servicios.
Inesperadamente, Wáshington Abdala (Foro Batllista), quizás marcando un territorio electoral que advirtió rápidamente, se sumó a las descripciones y valoraciones y sugirió pensar a la nueva ciudad en un marco de planificación integradora. Mientras tanto, Doreen Ibarra (Fidel) hizo especial hincapié en los servicios y en la urgencia de instalar una junta local.
Después, no sé. Perdí el conocimiento o sufrí una alucinación. Pero creo haber escuchado a Carlos Signorelli (Foro Batllista) «hablar desde el corazón» (¿no es de Artigas este muchacho?), mencionar que cuando su hijo de cinco años vaya a Rincón de la Bolsa ya será Ciudad del Plata, ¿inversamente a cuando yo era chico y caminaba por Municipio que ahora es Requena?, y verter tanta alegría en tan poco tiempo que muchos en las barras largaron un lagrimón. Y luego creo haber percibido a Sergio Botana (Alianza Nacional), transido por la emoción, confesar «no puedo decir más» y, segundo y medio después, traer de los pelos a Wilson Ferreira como el primero que habló de la importancia de Rincón de la Bolsa. (Menos mal que nadie le siguió la onda regresiva, aunque fuese para empardar, porque hubiésemos terminado en Latorre, Domingo Arena, Frugoni o quién sabe quién). Y después creo haber entendido que Iván Posadas (Partido Independiente) criticó que no haya política de planificación territorial, redundando tan copiosamente que maldije por no haber traído paraguas.
Y también creo, ¿fue antes de despertar?, haberme sorprendido con Jorge Patrone (Asamblea Uruguay) quien empezó recordando la «polis» de los griegos, describió la teoría de un urbanista español del siglo diecinueve y acumuló tantos elementos históricos y técnicos que el murmullo de la sala asemejó una colmena gigantesca donde todas las abejas querían rajar. Magistral, Jorge. ¿Era para tanto? *
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