Un extraño de pelo largo en Palermo
A las 10.30 horas de ayer, los uniformados entraron al edificio con la finalidad de capturar al coronel (r) Gilberto Vázquez, quien se encontraba prófugo desde el pasado día lunes. Al lugar llegaron dos vehículos, uno de color blanco y otro rojo, con efectivos policiales que vinieron a sacudir la tranquilidad de un barrio sereno durante el día e inseguro por la noche. Tras un intento fallido de escabullirse por una azotea, el ex militar requerido por la Justicia argentina no se resistió. Fue apresado, y a las 11.10 horas fue conducido en el vehículo rojo a la sede de Interpol. Más tarde, al lugar arribaron otras dos camionetas policiales en una de las cuales, según indicaron los vecinos, se llevó a la «peluquera brasilera» amiga de Rivas y que ocupaba el mismo departamento. La prima de Vázquez es maestra jubilada de preescolares y desde el miércoles se encontraba en Buenos Aires.
Según pudo apreciar LA REPUBLICA, la calle Isla de Flores está cerrada. La Intendencia está haciendo el saneamiento y en dos meses culminará las obras. Los habitantes esperan que antes del verano culminen, para no tener que soportar el olor y las ratas. Allí vive mucha gente humilde. Un joven que se encontraba lavando un auto viejo asegura que el jueves por la noche se cruzó con el militar. «Era él. Pero no tenía ningún aplique. Era como el de la foto de la televisión, lo vi ancho de espaldas y flaco de piernas», sostuvo. En la cuadra hay una tornería, viviendas añejas y derruidas, pensiones y muchos niños jugando, y jóvenes «esquineros» sin hacer nada.
Otro vecino percibió una mayor cantidad de vehículos detenidos que de costumbre. «Acá son siempre los mismos, y los coches nuestros son casi todos viejos», acotó.
A la madrugada del jueves, a la 1.30 horas, el militar llegó en un corsa gris al edificio de Isla de Flores, acompañado por varias personas. Entró el auto al garaje y luego fue al cibercafé y rotisería llamada «La Vinería».
Compró cigarrillos marca «Fiesta», y una pascualina. Esa compra le insumió $ 43. Se lo vio luciendo una campera beige, y debajo un equipo deportivo azul. Llevaba championes y debajo de un gorro salían unos mechones de pelo largo.
Otros lo vieron con un «yoguin», y aseguraron que la ropa «estaba medio manchada; parecía un trabajador», dijo la encargada del cibercafé. En un principio pensó que era el sereno de las obras de saneamiento que desde octubre del año pasado se vienen haciendo en el barrio Palermo. «Me llamó la atención los lentes cuadrados, claros, y los apliques que tenía, que se contradecían con el pelo color blanco, que se observaba por debajo», dijo la comerciante.
Aclaró que a Gilberto Vázquez lo conoce de hace más de 10 años, en oportunidad de las visitas que le hacía a su prima Serrana Rivas. Cuando la venía a buscar con su vehículo, se bajaba del mismo, e ingresaba al local comercial en varias oportunidades para hacer las compras.
Incluso, la comerciante mencionó que comparó la foto del coronel retirado exhibida por la televisión, con la persona que ingresó a su comercio, y le dijo a su marido que «ese milico es el primo de Serrana». Pero nadie le creyó.
Los vecinos desde la madrugada del jueves comenzaron a observar movimientos extraños en la cuadra. Algunos entendieron que desde el pasado lunes Vázquez había vuelto al barrio y estaba quedándose en el apartamento Nº 304 de la calle Isla de Flores.
Ayer, La Vinería abrió sus puertas a las 10.00 horas, cuando el movimiento en el barrio es aún lento. Sólo se ven algunas personas en la calle haciendo mandados; otros, sentados en la calle, y los comercios empezando su actividad de un día viernes.
Al rato llegó al lugar una camioneta con ocho personas. Llamaron al apartamento de Serrana Rivas, pero desde el apartamento Nº 304 no abrieron. De alguna forma pudieron ingresar. Los residentes del Nº 302, -una mujer y su abuela de 92 años- escucharon lo que estaba ocurriendo, porque residen en el apartamento contiguo. «Pensé que se me venía abajo la azotea», dijo, haciendo referencia al intento por parte de los policías de abortar la fuga de Vázquez. Según testimoniaron, la Policía demoró más de 20 minutos en ingresar al apartamento. Cuando «la brasilera» abrió la puerta, la gente de Interpol ingresó abruptamente. Escuchó que los efectivos gritaban: «Â¡Quédese quieto!», «Â¡No se mueva!»
La vecina se animó a decir que desde el pasado lunes de noche Gilberto Vázquez se encontraba en el apartamento. «Se sentía la voz del otro lado de la pared», dijo.
Los residentes del lugar afirmaron que cuando ingresó la Policía había en el apartamento una mujer morocha, de pelo negro, llamada por los vecinos como «la brasilera, amiga de Serrana». Es peluquera, y se presume que fue la que le hizo los apliques en el cabello al militar retirado. «Por eso sentía el secador de mano todos los días», indicó un residente del edificio.
Incluso, acotó que la hija de Serrana Rivas que trabaja en el Hospital Militar, anduvo por el apartamento Nº 304.
Aseguró que hasta la madrugada del viernes había en el apartamento dos mujeres. Una vecina manifestó su extrañeza porque durante toda la mañana se sentía música brasileña «a todo trapo».
El edificio donde presuntamente permaneció Vázquez durante varios días tiene tres pisos, la puerta, marrón de madera, y el apartamento donde pernoctaba estaba ubicado en su parte posterior.
Algunos residentes estimaban creíble la versión de que el militar retirado hacía sus llamados telefónicos a la prensa a través de los teléfonos públicos ubicados frente a la Facultad de Ciencias Económicas, ya que éstos estaban a cuatro cuadras del domicilio de su prima.
Uno de los vecinos puso en duda la efectividad del disfraz de Vázquez. «Es más, llamaba más la atención», enfatizó un habitante de la calle Isla de Flores.
Al mediodía de ayer se dio una información errónea del paradero de Gilberto Vázquez. La dirección dada de Yaguarón e Isla de Flores, lo que llamó la atención de los vecinos. ¿Habría sido una falsa alarma? Lo cierto es que nadie había visto nada. Ni movimiento policial ni ningún rastro del militar retirado. «Acá se escucha todo», dijo un vecino de Palermo.
«A veces, alguna sirena por algún robo, o algún procedimiento por la venta de pasta base en la plaza Alfredo Zitarrosa, a metros del Cementerio Central», comentó un comerciante. *
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