ENTREVISTA: JUAN CASTILLO, INTEGRANTE DEL SECRETARIADO DEL PIT-CNT Y DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA

"El movimiento sindical tiene una concepción fuerte contra todo lo que se llame "pacto"; nos suena mal"

El comunismo uruguayo

–Juan, ¿ya eligió? Me refiero a algo que se debe haber planteado luego de recibir la mayor votación en el congreso del Partido Comunista, lo cual lo colocó como el más firme candidato a la Secretaría General. Y esto, al mismo tiempo que ha ganado un reconocimiento y un predicamento indiscutibles en el mundo sindical.

–Estoy acostumbrado a momentos en que tengo que tomar decisiones, en los que se combina lo individual con lo colectivo. Esta situación no es nueva. Me ha tocado, por ejemplo, en las elecciones de 1990, cuando el partido elegía, quedar primero para candidato a diputado. Entonces me pareció que lo más correcto era que siguiera como candidato Pedro Balbi, porque ya lo había sido; fui al Congreso, argumenté en contra mía y a favor de Balbi y él fue el candidato. En las últimas elecciones nacionales también pude ser el primer candidato a diputado y le cedí el lugar a Doreen Ibarra. Y aun así, integrando la lista de suplentes al Senado de Marina Arismendi, tuve la oportunidad de ingresar pero me incliné por el movimiento sindical. Estoy en una nueva situación, similar pero con distintas características, donde un congreso, instancia máxima de dirección política para nosotros, me dio determinada cantidad de votos y yo intento que eso no me maree, no me confunda. Es un momento coyuntural, no me creo ni más ni menos que nadie en el Partido. Ahora, si bien todavía no se ha decidido, yo quiero esto, yo siempre encuentro argumentos a favor de esto. Yo no quise ser candidato al Comité Central. A mí me gusta y quiero el movimiento sindical y entiendo que algo puedo aportar acá.

–Otra pregunta para aclarar el perfil de Juan Castillo y su ideología. No hay duda de que el comunismo, mutando de diferentes maneras, sigue presente en muchas partes. Pero no es lo mismo el comunismo de China, que el de Vietnam o el de Italia. ¿Qué clase de comunismo es el uruguayo?

–Yo creo que trasciende la propia vida del Partido lo que ha sido la enseñanza, el ejemplo de vida, el hombre pragmático, el teórico, el ideólogo y el constructor que fue Arismendi. Nos dejó cosas muy claras. Tiene tanta vigencia que hoy sacamos sus libros, los desempolvamos un poquito y tenemos línea para años. Hay veces que uno se cuestiona, bueno, ¿cuál es la línea del Partido Comunista en Uruguay? Está en Arismendi. Yo creo que nosotros empujamos un comunismo a la uruguaya. Con profundas raíces nacionales, valorando y respetando todos los procesos revolucionarios, socialistas o comunistas del mundo, nosotros no podemos tener fotocopias. No hay ningún modelo en el cual los comunistas uruguayos nos veamos reflejados. Lo más caro para nosotros es rescatar nuestra propia historia. Autocríticamente le digo que debemos poner en nuestros discursos, nuestro acervo, nuestra elaboración a don José Gervasio Artigas, porque esa es la figura autóctona. Tenemos que rescatar cada vez más a figuras políticas que han trascendido a sus partidos y a sus épocas, como Batlle y Ordóñez. Por eso digo: acá, en nuestro tránsito al socialismo, porque no renunciamos a construir una sociedad comunista, nuestro Partido ha contribuido a que tengamos una fuerza política de izquierda única en el gobierno. Ahora, hay cosas que será imposible cambiar. No podemos pensar, por ejemplo, en un modelo de partido único. Nadie nos entendería. Esto hay que dejarlo muy claro, aunque nuestra identidad es comunista y nuestros métodos son marxistas leninistas como guía para la acción.

 

Los primeros quince meses

–Como dirigente sindical, le planteo otra cosa. Es seguro que toda la gente que votó a la izquierda, que fue mucha, y particularmente los trabajadores, haya abrigado ciertas expectativas. ¿Cuál es su primera impresión de la conducta del gobierno?

–No quiero dejar dudas. Cuando hablo del movimiento sindical, hablo en nombre del movimiento sindical. Y ninguna contestación, salvo que no tenga respuesta el PIT-CNT en este momento, la daría si antes no ha sido discutida. El movimiento sindical, sin hacer campaña política por ningún partido, porque jamás lo hará, porque eso nos garantiza la unidad, la independencia y la autonomía de clase, no obstante fue protagonista para generar determinadas condiciones en el país, generar conciencia colectiva de clase e identificar muy claramente de qué lado estaban las fuerzas opresoras, los burgueses y la oligarquía y de qué lado estaban aquellos sectores políticos más afines a los trabajadores. Podemos afirmarlo: acá nació primero la unidad de la clase obrera, del movimiento sindical, y posteriormente nació la unidad de la izquierda. Y nos preparamos a tal punto que en 2004, ante la mirada atónita y asombrada de sectores políticos y medios de comunicación que no nos entendían, hicimos cuatro seminarios y otras actividades para preparar los mecanismos de relacionamiento entre movimiento sindical y fuerza política de izquierda en la hipótesis de gobierno. Esto sirvió de mucho para que no nos asombremos ahora, porque identificamos claramente que una cosa es el gobierno y otra el poder. Lo máximo era efectivamente cambiar la fuerza política en el gobierno. Pero para cambiar de manos el poder –económico, militar, burocrático– hace falta mucho más. Por lo tanto, valoramos el cambio cualitativamente. No podemos trabajar raquíticamente la mente del trabajador y decir esto es lo mismo que lo anterior. Hubo un gran cambio político. Se nos han otorgado derechos que los gobiernos anteriores nos negaban. Por ejemplo, los Consejos de Salarios, un gran acierto, una gran cosa independientemente de si tenemos o no todavía el salario justo, que estamos lejos de tenerlo. Todo en escasos quince meses de gobierno. Si hasta tenemos una ley de libertad sindical que deja para el pasado la represión y la persecución, dándole marco a un artículo de la Constitución que era un aspecto decorativo. Ahora, esto no empequeñece ni ridiculiza las contradicciones que tiene el propio gobierno como fuerza política y las diferencias entre el movimiento sindical y la fuerza política.

–Creo que la gente tiene, en general, la percepción de avances significativos, como el caso de los Consejos de Salarios. Eso es un proceso. En el medio, hay cuestiones que hacen a lo que uno llamaría más genéricamente una política laboral de Estado. ¿El PIT-CNT advierte que se va por buen camino hacia eso?

–Lo que hace falta es elaborar legislación laboral. Una cantidad tremenda. Cuestiones que no se las podemos pasar como facturas al gobierno, porque van quince meses. No es un halago, quiero ser lo más objetivo posible. Lo que no tuvimos o no pudimos conseguir en más de ciento setenta años de gobiernos blancos y colorados, no se puede exigir en quince meses. Pongamos los pies sobre la tierra. Esto puede sonar como una contradicción entre el dirigente sindical parado en las movilizaciones y éste hablando en los medios. Son dos cosas distintas. A mí nadie me eligió para gobernar. Me eligieron los trabajadores para defender sus derechos. Y no podemos renunciar a ninguna bandera. Al contrario. Cuando presionamos y queremos dar un paso más, por lo menos estamos diciendo que convalidamos lo que ya tenemos, y de ahí queremos más. Están bien, sí, conversaciones que den el tiempo necesario a los tres actores –trabajadores, empresarios y gobierno– para ir generando las condiciones de un gran ámbito de discusión, con mucha amplitud, donde ningún tema de las relaciones laborales esté vedado y podamos legislar todo lo que hay que legislar. Veámoslo de otro modo: ¿por qué nos opusimos a un decreto que regulara las ocupaciones? Porque eso es una mirada muy chica, viendo solamente cómo se canaliza o s
e enmarca la actividad gremial del trabajador. Y yo pregunto: ¿cuándo alguien le va a echar mano a las gremiales empresariales? Las miradas siempre apuntan a si se reglamenta el derecho de huelga, si se reglamenta la actividad sindical. ¿Alguien se ha preguntado cómo eligen los dirigentes las cámaras empresariales? ¿Se sabe que en algunas nunca hubo elecciones, como en la Cámara de Comercio? ¿Dónde están los libros de actas, alguien las controla? ¿Cómo y dónde resuelven las cosas? Siempre hablan de nosotros, de si tenemos que decidir por voto secreto o a mano alzada, ¿y ellos cómo hacen? Entonces, lo que hay que discutir, y estamos dispuestos, son todas las relaciones laborales. Y me parece que el Ministerio de Trabajo está dando señales de que esa sería la voluntad política del gobierno.

 

Un pacto social

–En recientes declaraciones de Bonomi hubo alguna referencia, y esto no es textual, a una suerte de pacto social como herramienta para lograr acuerdos macro entre las tres partes…

–…está muy bien ese apunte. Cuando se habla de pacto social, hay que saber que el movimiento sindical tiene una concepción muy fuerte contra todo lo que se llame «pacto». Nos suena mal…

–…claro, tiene un pasado esa palabra…

–…sin embargo, ¿qué es un pacto? Todos los sindicatos y los dirigentes sindicales, en situaciones conflictivas, buscan firmar un acuerdo o un convenio con el patrón. Entonces, y la gente se asombra, pacto, en definitiva, es sinónimo de acordar cosas a las que nos comprometemos y las ponemos por escrito. Eso es un pacto. En nuestra jerga nos gusta más convenio, acuerdo marco. Ahora ¿qué es lo que pasa? Antes de que la izquierda se transformara en gobierno la gran duda de algunos era cuál iba a ser el comportamiento del movimiento sindical y de sus dirigentes. Como estamos todos identificados como militantes de izquierda decían «le van a hacer de claque, de furgón de cola». Pero nosotros, ni apéndice del gobierno ni francotiradores contra el gobierno. De otro modo quedamos atrapados entre los extremos. Pero, por otra parte, los demás actores de la sociedad ¿cómo se van a parar? Porque ha habido un cambio político que todavía la gente no ha valorado. Y yo creo que en el año 2030 o en 2040, cuando seamos historia, se marcará allí un cambio fundamental en el país. ¿Ahora qué debemos hacer? Repasar, recordar y pararnos en este nuevo escenario, porque acá cambian todos los mecanismos de relación. Se acaba el clientelismo político, el uso del aparato del Estado, las ganancias de unos pocos en detrimento de la mayoría. Estamos siendo constructores de un Uruguay nuevo, que queremos. Y, finalmente, creo que al sector empresarial le está costando adaptarse. No entiende por qué no tiene como aliado fundamental a un gobierno. Porque hasta ahora, el movimiento sindical iba perdiendo 2 a 1 todos los partidos. Ese Uruguay ya fue. Nosotros tenemos que abrir la cabeza para armar entre los actores fundamentales, todos, la vida del país. Armar políticas de Estado. El Uruguay no tiene historia, no tiene método, no tiene costumbre de armar políticas de Estado. Hay que saber adónde vamos en la inserción internacional, hay que definirlo…

–…ese es un aspecto que hoy se critica…

–…que no se moleste el gobierno, pero no resulta públicamente claro hacia dónde vamos en materia de inserción internacional. También tenemos que tener política de Estado para el rumbo económico. Algo claro. No favoreciendo solamente a los organismos crediticios internacionales, si es como lo estamos viendo ahora, porque a lo mejor hay alguna otra explicación. Acá el primer compromiso que hizo el doctor Tabaré Vázquez en la escalinata del Palacio Legislativo fue: «Vamos a respetar todos los compromisos contraídos pero nuestra primera deuda es la deuda social». Y tenemos que tener política de Estado en materia de inversión, de trabajo. Para eso no puede ser que el gobierno acepte todo lo que el PIT-CNT le plantee, pero el gobierno tampoco puede aceptar todo lo que quieran los empresarios ni creerse el dueño de la verdad absoluta.

 

–¿Cuál es la relación que ustedes tienen con el Presidente?

–Yo he tenido pocas conversaciones con Vázquez. No puedo decir que es mi amigo, porque no he compartido cosas para que lo sea. La lucha nos ha encontrado en determinados momentos de la vida del país. Para mí es un tipo de bien, honesto y frontal. Si tuviera que decirlo con un sentido más popular, diría que me parece de esos gallegos o vascos que cuando se les pone una cosa en la cabeza la empujan hacia adelante. Tiene mucho empeño. Si él hubiese tenido un concepto crítico del PIT-CNT nos hubiese llamado y nos hubiese dicho, porque oportunidades ha tenido. Al revés, ha valorado el papel del PIT-CNT y, como nos dijo en la última entrevista en Suárez, no coincide en todas nuestras apreciaciones pero las respeta y las valora.

 

Una reforma constitucional

–Volviendo a las relaciones laborales, hay un caso que se ha transformado en emblemático por su repercusión y los intereses que afectó: Dancotex. Hay quien dijo que en determinado momento colisionó el derecho al trabajo con el derecho a la propiedad. No sé si una cosa tan lineal responde a la realidad, porque el trabajo, aun con el traslado, se garantizaba.

–Yo soy de los que digo que en Uruguay tenemos un estado de derecho que ha sido elaborado en determinado contexto político y social. Y creo que hay que debatir si este es el estado de derecho que el país necesita para los cambios que se propone la fuerza política que está en el gobierno. No hay que alarmarse por decir que esta es una sociedad capitalista. Y en ella yo no tengo ni defiendo los intereses de los sectores burgueses. En este contexto, del cual yo participo y respeto, se defiende más el interés privado que cualquier otro derecho de la vida pública del país. Aspiramos a ir generando las condiciones para que los derechos humanos fundamentales –trabajo, vivienda digna, salud, educación– estén en un mismo sitial. No encima, pero al menos en el mismo. Está claro que con mis ideas socialistas y comunistas intentaría después cambiar esas reglas de juego…

–…pero eso nos llevaría… ¿a qué? ¿a una reforma constitucional?

–Si la izquierda en el gobierno apunta a ir profundizando la democracia hasta sus últimas consecuencias, no hay otra que llegar en algún momento a una reforma constitucional. Ahora, tal cual están las cosas, no creo que en este período de gobierno se den las condiciones. Pero en algún momento habrá que generar las condiciones para eso. ¿Para prescindir del capitalista, de la propiedad privada que respetamos todos, incluido yo? No. Simplemente para que las reglas de juego sean otras. No puede ser que cuando se le canta a una empresa diga «cierro en cinco minutos». Nosotros no somos animales, mascotas de nadie, tenemos dignidad y una cosa que un empresario dijo allí, en tres minutos, a los trabajadores, la venía carburando de tres años atrás. Bueno, de haber sido de otro modo este conflicto de Dancotex se podría haber evitado. Por suerte en este momento se está negociando. ¿Por qué tomamos acciones tan fuertes evitando el cierre definitivo? Porque trescientos hombres y mujeres, con un promedio de cincuenta años de edad, con una cola de hijos y dependientes de su salario, estaban condenados a la miseria. Y al revés, si Soloducho, un empresario, como lo reconocemos, inteligente, al que no le van tan mal las cosas, ha logrado esta posición es porque todos los uruguayos hemos aportado bastante. Hoy está exonerado de tributos, le declararon la fábrica de interés nacional, no aporta al Estado trescientos mil d

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