Cura niega versión sobre supuesta exclusión de esposa de un coronel
Fuentes allegadas al sacerdote explicaron que se trató de un «malentendido» y que el mismo «ya fue suficientemente aclarado oportunamente ante las jerarquías religiosas y ante el propio militar». Las fuentes se mostraron «sorprendidas» con la versión que publicó ayer la revista El Soldado, aunque prefirieron no hacer ningún tipo de comentario al respecto. LA REPUBLICA intentó entablar un diálogo con el padre Regazzoni, pero éste no pudo ser localizado. Hoy, según las fuentes, el religioso tenía previsto viajar a Italia.
En el mes de febrero se habría registrado un entredicho entre la esposa del coronel Washington Sosa –un militar cuya venia para ascender fue rechazada precisamente ese mes por el Encuentro Progresista–, y el padre Regazzoni. Según consigna la misiva que envió en abril el presidente del Centro Militar Juan Rebollo al arzobispo de Montevideo Nicolás Cotugno, el sacerdote le habría manifestado que sería conveniente su alejamiento de la comunidad por el clima que se estaba viviendo en la sociedad.
En la carta, publicada ayer por la revista El Soldado, Rebollo relata el episodio con lujo de detalles y manifiesta su respaldo al militar.
Según Rebollo, el hecho se produjo el pasado 13 de febrero de este año, previo a la misa celebrada en la parroquia. En ese momento, según la versión, el padre le comunicó a la esposa del coronel Washington Sosa que «ella y su familia mantuvieran distancia con la comunidad parroquial, dado que aún había heridas abiertas, en algunos de sus integrantes, desde el tiempo de la dictadura».
En la misiva, Rebollo sostuvo en su carta a Cotugno que esta «intempestiva reacción del cura párroco, no se conjuga con lo que predica la fe cristiana ni con el pensamiento suyo, expresado en forma reiterada en sus homilías y declaraciones hechas a la prensa oral, escrita y televisiva; por lo que entendemos es un deber ponerlo en conocimiento del señor arzobispo».
Rebollo además incluyó en la misiva antecedentes del oficial, recordó que presta servicios como observador militar de Naciones Unidas en la misión de paz del Sahara y que con motivo de su reciente ascenso fue cuestionado por «los legisladores del Encuentro Progresista-Frente Amplio, por haber tenido como destino, siendo oficial subalterno, una unidad militar en la que presuntamente se habían realizado torturas».
El ex comandante en jefe también señaló que desde 1997, «el coronel y su señora integraban el Grupo de Matrimonios de la Iglesia y su hija el Grupo de Jóvenes.
En ambos órganos, participaron en actividades del quehacer parroquial tales como: jornadas parroquiales, encuentros con las demás pequeñas comunidades, jornadas de reflexión bíblica, jornadas de trabajos comunitarios, colaboración en ventas económicas, organización de campamentos para jóvenes, etc.».
Agregó que la comunidad «tenía conocimiento de la calidad de militar del titular, incluso previa a su partida para el Sahara, se realizó una Misa de Intención para despedirlo y desearle buena suerte y salud en la nueva misión».
«Jamás, en ningún caso, con anterioridad al hecho de la referencia, hubo manifestación discrepante alguna, al contrario existía una integración verdaderamente cristiana entre todos sus miembros; ratificado por las expresiones de solidaridad que recibió la señora, por parte de componentes del Grupo de Familias, a pesar de que su guía, señor O. B., se le informó que suspendiera las reuniones con participación de la familia».
Regazzoni
Según manifestaron altas fuentes eclesiales, en atención a la carta enviada por el teniente general Rebollo, Cotugno decidió de inmediato llamar al padre Regazzoni para escuchar su opinión de los hechos. El vicario para la Vida Religiosa desmintió enfáticamente las acusaciones, afirmando que «se trata de una versión diferente y contraria» a la sustentada por el presbítero y la comunidad parroquial.
Según se supo, monseñor Nicolás Cotugno «creyó» en las palabras del párroco de San Antonino y avaló la carta que el religioso envió a la familia del coronel que se manifestó afectado por una presunta exclusión de la iglesia.
La misiva de Regazzoni, que fue enviada a través del propio arzobispo, tuvo por finalidad explicar los motivos de «una supuesta mala interpretación de dichos entre el párroco y la señora del militar, remitiendo en la misma las precisiones que se consideraron oportunas».
Más allá de llamar al religioso involucrado y escuchar su versión, monseñor Cotugno no tomó ninguna determinación contra su persona y consideró que el incidente ya quedó superado.
Según las fuentes, el religioso «recibió el respaldo del prelado que avaló su postura y por tal motivo no recibió ninguna sanción disciplinaria».
Quinto Regazzoni es sacerdote católico de origen italiano, Vicario de la Vida Religiosa del Arzobispado de Montevideo. Pertenece a la congregación Dehoniana y fue confirmado en este cargo por el arzobispo en noviembre de 1999. Es párroco de San Antonino, parroquia ubicada en el barrio Jacinto Vera y es a su vez director de la revista católica Umbrales.
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