ENTREVISTA Diputado del Partido Socialista José Luis Blasina y ex dirigente sindical de gremio bancario

Reforma tributaria: "La gente todavía no aprecia que se empiece a pagar la enorme deuda social vigente"

-Comencemos por lo más actual y relevante: el proyecto de reforma tributaria. Usted representa a un partido que se ha alineado junto a otros grupos en un juicio crítico de esa reforma. ¿Cómo ve las cosas en este momento?

-Con nuestra actitud, en torno a la Reforma Tributaria y a otros temas, lo que buscamos es, sintiéndonos parte del gobierno, tratar de que al gobierno le vaya bien, porque así le irá bien al país, a la gente. Acá no hay nada contra nadie. Por otra parte, el propio presidente de la República, en innumerables oportunidades, señaló que una vez que el Poder Ejecutivo envía el proyecto al parlamento hay que respetar las atribuciones de los legisladores para discutirlo. Ahora bien, tampoco tenemos vocación, y esto es una tradición de izquierda en el Uruguay, por la mano de yeso. Queremos discutir las cosas, incluso las que vienen de otra cámara con el voto de compañeros nuestros. Vea, tuvimos los primeros contactos con el equipo económico, como Partido Socialista, a fines del año pasado, cuando recién se había elaborado el borrador inicial. Y ya allí planteamos una serie de aspectos a corregir, muchos de los cuales aún no están recogidos. Lo fundamental es lo siguiente: primero, sin alterar la estructura de la reforma, que me parece por lejos la reforma fiscal más equitativa que se ha planteado el país, mejorarla; yo no descarto que en este debate que continúa franco, se contemplen algunas cosas. Por ejemplo, hacerla más equitativa aún y que se afecte menos de lo que se afecta a sectores medio bajos de la sociedad. Para ello hemos insistido con deducibles en el caso de los pasivos; aparentemente nos estamos acercando a una fórmula, descontando los gastos de salud, no el recibo mutual, porque obligaría a que todos los pasivos estuviesen afiliados a una mutualista, lo que sería hacer una distinción con quienes se atienden en Salud Pública.

 

-¿Esto tiene que ver con el proyecto de Sistema Integrado de Salud?

-Claro, porque la filosofía de ese proyecto establece que todos los ciudadanos deben tener el mismo derecho a la atención sanitaria, salvo aquellos que puedan tener acceso a otro nivel por posibilidades económicas. Pero todos deben tener un nivel básico, yo diría no sólo en la atención sino también en la prevención de la salud. Eso hay que traducirlo en la Reforma Tributaria. Y diría más: deducibles hasta cierta franja de ingresos, en el caso de los jubilados, tampoco demasiado baja. El mínimo no imponible está ahora en los $ 7.500 y yo pienso en una franja más alta para jubilados y pensionistas. Es en lo que se está pensando, lo que se está haciendo: no hacer números primero y después sacar consecuencias políticas de lo que se hace, sino pensar al revés. En cuanto a los trabajadores, hemos propuesto estirar la aplicación del 10% estimado para la segunda franja: dejar el 15% de la franja siguiente para una fracción de la segunda franja. También para el caso de los trabajadores, pensamos en que se permita un deducible por un monto ficto a las rentas del trabajo o ingresos por cada hijo menor de 18 años, de alrededor de $ 1.000 mensuales. Y en el caso de trabajadores que tengan asistencia pública, una cifra un poco menor. Todo esto vendría a ser el primer bloque de problemas que todavía no están resueltos.

 

-¿Cuál es el otro aspecto relevante?

-Las cargas al capital y a las empresas. En cuanto a las cargas al capital, esto planteado originalmente un 10%, argumentándose que si se hace por escalas, como se aplica el impuesto a la renta de las personas físicas a los trabajadores y pasivos, es muy difícil controlarlo. Es cierto. Entonces, de lo que estamos hablando es de subir ese 10%, llevándolo al 15%. Otro aspecto es que bajar del 30% al 25% el impuesto a la renta de las actividades empresariales (IRAE) nos parece demasiado abrupto y con pocos antecedentes en el mundo, porque el fundamento de esta rebaja es el siguiente: con ello se incentiva la inversión. Hemos planteado ir desgravando parcialmente ese impuesto, a razón de 1% y fijar, entonces sí, el 25% como un piso, porque en el proyecto no está claro que sea así. No hay prácticamente pruebas empíricas en el mundo de que una rebaja impositiva del 5% aliente la inversión extranjera o nacional. Y tenemos un antecedente muy fresco: se exoneró del pago de aportes a la seguridad social a las industrias; se dijo en ese momento, en el gobierno anterior, que eso iba a causar la generación de empleo. Hemos preguntado sobre los resultados y nadie ha contestado. Por tanto, creemos que esto fue un fracaso. Entonces, además ¿adónde fue a parar ese dinero de más que tuvieron las empresas?

 

El impuesto al Patrimonio

-En una nota con el senador Curiel, él dijo que en el caso del impuesto al Patrimonio la reforma lo disminuía sustancialmente con el argumento que usted está manejando: incentivar la inversión. Y Curiel afirmó que está demostrado en el mundo que la inversión no se alienta por rebajas impositivas. ¿Usted coincide?

-Coincido totalmente. Le agrego lo siguiente: a nosotros nos parece muy bien, muy atinado, plantear incentivos a aquellos que justamente generen inversión con valor agregado, que eso es lo importante. Tiene que hacerse el esfuerzo de que la inversión vaya acompañada de valor agregado, de creación de puestos de trabajo. En ese caso sí, sería muy justo que tuviesen la contrapartida de la rebaja de su carga tributaria.

 

-Eso implica discriminar la inversión. Según cuál sea, recibirá o no mayor contraprestación del Estado, por decirlo de alguna manera.

-Exacto. Lo otro del impuesto al Patrimonio no es una cosa nueva; yo lo he dicho desde el principio. Tal vez sin ser el impuesto que más recauda, ni por lejos, es un modo de ver si en la reforma se cumple cabalmente aquello de que «pague más el que tiene más». Esa es hoy una pregunta que está planteada. Y mire: no es una pregunta de gabinete, se la hace la gente. Uno tiene que responderla como corresponde. Una respuesta de gobierno. Lo que pretendemos es que el gobierno quede bien posicionado en esto, sin que se altere ni la estructura ni los pilares fundamentales de la reforma, con los que estamos de acuerdo. No debemos olvidar que el impuesto al Patrimonio ha sido el caballito de batalla de la Dirección General Impositiva, que, a través del mismo, logró cruzar información con el BPS y se detectó irregularidades y se aumentó mucho la recaudación.

 

-Esto se emparenta con otra cosa que dijo Couriel: a él le parecía contradictorio en la reforma dinamitar -no fue el término textual, le aclaro- todo lo que se había hecho para, a través del impuesto al Patrimonio, no sólo alcanzar mayor recaudación sino lograr más transparencia.

-Yo creo que los equilibrios de los que habla el Ministerio de Economía se pueden considerar desde dos puntos de vista que no son incompatibles. El equilibrio entre lo que se dejaría de percibir y lo que egresaría con la reforma, a partir del objetivo de no recaudar un peso más de lo que se recauda hoy. Pero este equilibrio tiene que ver también con aspectos no solamente numéricos, sino con cómo se carga a un sector y a otro. Además, hablando del impuesto al Patrimonio, hay que ver cómo pega en el imaginario colectivo, porque es una carga que repercute, precisamente, sobre la riqueza acumulada, hasta sobre el lujo podría decirse, aunque no siempre sea así. Y nosotros hemos planteado no eliminar el 3% máximo que tiene el impuesto, sino irlo rebajando gradualmente y no llevarlo de golpe al 0,1% como está proyectado. Hay que rescatar el concepto de gradualismo, porque permitirá saldar la enorme deuda social que a

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