Davrieux reconoció "temor" por déficit
El senador socialista Reinaldo Gargano recordó que en noviembre del año pasado se suscitó el debate en torno al monto del déficit y que el EP-FA estimaba que el mismo superaba los 750 millones de dólares, mientras que el Ministerio de Economía y Finanzas sostenía que no llegaría a los 450 millones. Preguntó «cómo no se conocía en noviembre lo que después llegó a ser un déficit de 900 millones de dólares, cuando hoy se está en condiciones de saber cuáles son las cifras correspondientes hasta el último día de agosto». Al responder, Bensión precisó que, si bien aún no había asumido, en los últimos meses de ese año «se precipitó una serie de hechos que no eran estrictamente previsibles con cierta anticipación, los que terminaron llevando el déficit a un nivel superior al que se preveía a mediados de año». Davrieux, por su parte, manifestó que en la polémica sobre el déficit estuvo al frente el ex ministro Luis Mosca y remarcó que en el monto final incidieron la caída de la recaudación, aumentos de gastos votados en 1997 y la aparición de «gastos extraordinarios» como los ocasionados «por una sequía sin duda no prevista» y precisó que en realidad el déficit se ubicó en el orden de 836 millones de dólares. El senador Enrique Rubio (VA) sentenció que las explicaciones de Davrieux no le resultaban convincentes y recordó que cuando el EP lanzó su estimativo el gobierno lo catalogó de «locura».
El titular de la OPP admitió que en el seno del gobierno «había ciertos temores de que el déficit pudiera crecer» y que esta interrogante provenía sobre todo de la actitud que los gobiernos departamentales adoptarían en pleno año electoral con respecto a ciertos «excedentes generados en años anteriores». «Había temores por la idea de que era muy posible que los gobiernos departamentales, que tenían excedentes –eran varios, no sólo Maldonado, sino también creo que Soriano, Salto y otros– utilizaran los saldos de que disponían, a lo que tenían pleno derecho porque eran propios. Quienes tenían acceso al crédito, lo usaron», dijo.
El senador José Mujica, por su parte, calificó a Davrieux como «el número uno que ha tenido la política uruguaya» en materia de cifras y conocimiento del Estado. Reconoció sus dotes intelectuales y confesó ser un lector de sus análisis por ser «uno de los hombres más brillantes» en su oficio. No obstante, subrayó: «Por esa razón no podemos creer que en el mes de octubre no tuviera una previsión bastante aproximada de lo que iba a pasar». Davrieux respondió: «Ese período fue bastante particular, ya que en el tiempo en cuestión posiblemente trabajé a reglamento –alrededor de unas cuarenta horas– y me dediqué a otro tema que nos tenía a todos preocupados entre agosto y noviembre pasado. Me refiero a la participación en el Comité de Programa del Partido Colorado, y al trabajo en otros temas que también son absorbentes, por lo que me he permitido dedicar menos tiempo y seguir un poco más de lejos la coyuntura económica y los datos fiscales». «Realmente es así; se puede creer o no», dijo. Con respecto a los contratos, Davrieux reafirmó que los costos totales para la administración en 1999 fueron de 22 millones de dólares y que no disponía datos de otros años. Por su parte, el senador Alberto Couriel sentenció que si bien en términos financieros los indicadores en 1999 «son buenos», en cambio no lo fueron la caída del producto y el aumento del desempleo. Cuestionó que la economía está enfocada «en exclusividad» hacia estos temas y sostuvo que en esencia el Uruguay «está reproduciendo la pobreza». «La pregunta es si esto tendrá que ver con la política económica o sólo habrá que esperar que cambien las circunstancias internacionales para ver si esta situación de pobreza podrá tener modificaciones», dijo Couriel. Bensión respondió que su obligación era enfocar estos temas «desde el punto de vista económico» y agregó: «En un país en donde la tasa de desempleo subió tan rápidamente en el término de tres a cuatro meses, la sensación de inseguridad o de temor sobre el futuro se hace mayor y no me hago ninguna violencia en reconocerlo». Más adelante, y al final, Mujica pidió no incurrir en el «viejo estilo de creer que cuando viene la relativa bonanza es obra de los gobiernos y cuando viene la debacle es consecuencia del exterior» y sostuvo: «En un mundo como en el que vivimos, hay que estar precavidos de que la debacle pueda venir. Llevamos 25 años esperando que vengan inversores y, en términos generales, los inversores que vienen al Uruguay son una manga de chantas, hay que decirlo bien claro, que vienen a ver cuánto les ofrece el BROU. El problema es que estamos disputando una frazada chica y el quid de la cuestión es cómo la agrandamos. No se puede chiflar y comer gofio.
Si gastamos todo, no tenemos para invertir. Considero que el país tiene un problema dramático porque, como decía el Presidente, tiene sed de champagne y renta de cerveza».
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