El Ejército prepara varios cambios en su estructura
Los vientos de cambio parecen haberse abierto camino en la compleja estructura castrense, siempre reacia a las transformaciones.
El Ejército enfrentaba hasta ahora dos dimensiones claras de debate que le presentaban complejos desafíos: a) la discusión pública sobre su papel durante al dictadura, matizada con posibles pedidos de perdón y autocrítica y b) el debate incipiente sobre los fines y los cometidos del instituto militar en el Uruguay de 2000, la definición de potenciales enemigos y de escenarios de confrontación.
A esas dos dimensiones se sumó una tercera: el necesario adecuamiento de una estructura que en muchos casos ha quedado estancada.
La reestructura del Ejército es impulsada decididamente por el presidente de la Républica, Jorge Batlle, y el tema ha sido planteado repetidas veces a los mandos militares. En los mandos militares, aunque con recelos, también es mayoritaria la posición sobre que es necesario el adecuamiento del Ejército a las nuevas realidades. Fuentes militares confiaron a LA REPUBLICA que la elaboración de los cambios tiene al menos dos centros neurálgicos, el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES) y el Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen).
Los informantes calificaron el estado de la discusión como «primaria, de recepción de ideas, el tiempo de las decisiones todavía está lejos». Todas las propuestas, documentos e iniciativas los centraliza el comandante en jefe, teniente general Juan Geymonat.
Algunas ideas
Si bien el «proceso de análisis», que no debate, situación impensada en una institución verticalista por definición, sólo está en sus comienzos, hay algunas ideas que despuntan y muestran la profundidad del proceso que se ha abierto.
Fuentes militares confiaron a LA REPUBLICA que una de las posibilidades que se manejan es la eliminación del grado de teniente general y la reducción de los generales de 15 a 13.
El grado de teniente general fue instaurado en 1973 en el proceso previo al golpe de Estado.
Anteriormente el Ejército tenía 13 generales y uno de ellos ocupaba el cargo de máxima responsabilidad que era el de inspector general.
Pocos meses antes del golpe de Estado se instaura el grado de teniente general y el primero en ostentar ese rango fue Chiape Pose.
El aumento de 13 a 15 del número de generales se produce a fines de la década del 70, coincidentemente con el ascenso del general Gregorio «Goyo» Alvarez hacia la Presidencia de la República.
Alvarez necesitaba apoyos en la Junta de Oficiales Generales, que tomaría la decisión, ya que sus partidarios no tenían asegurada la mayoría y por lo tanto se resolvió aumentar el número de generales. En esa camada ascendieron a generales: Pedro Aranco, José María Siqueira, Abdón Raymúndez, Yamandú Trinidad y Boscan Hontou.
Hasta el final de la dictadura se mantuvo incambiada la estructura y el escalón superior del escalafón militar.
En los primeros pasos de la recuperación democrática el tema militar fue un verdadero tabú y no se procesaron cambios significativos. Ahora parece haber llegado la hora.
Algunos de los argumentos que se manejan tienen que ver con las atribuciones y tareas inherentes al cargo de comandante en jefe del Ejército e incluso a la necesidad de simplificar el escalafón militar. Algunas fuentes recordaron que «en Argentina el máximo referente del Ejército es el jefe del Estado Mayor».
Los informantes señalaron que «este cambio contaría en principio con la simpatía de Batlle».
En este proceso también está planteada la idea de reducir el número de generales y volverlo a los 13 que eran antes de tener que cumplir con las aspiraciones de Gregorio Alvarez.
El argumento más fuerte que manejan quienes impulsan esa idea es que «no se necesitan tantos generales en actividad y las responsabilidades que hoy ocupan generales en algunos casos las podrían cumplir coroneles perfectamente».
¿Regiones o divisiones?
Otra idea que se maneja en ámbitos castrenses es volver a organizar el Ejército en regiones y no en divisiones, como está estructurado en la actualidad.
El argumento central tiene que ver con «introducir una dosis de realismo».
Los informantes explicaron que «división implica una unidad militar, que debería contar con dotaciones de las cinco armas y servicios. Esto no es así en ningún caso».
«En realidad ninguna de las denominadas divisiones –agregaron– lo son en realidad, no tienen el número de unidades tácticas requeridas, ni la dotación de efectivos, ni las armas».
Las fuentes revelaron que el concepto de Región Militar, más asociado a una asignación zonal que a una unidad militar, se ajusta más a la realidad y a las posibilidades del Ejército Nacional.
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