Descubren placa en memoria a un cura uruguayo desaparecido en la Argentina
El miércoles familiares y amigos colocarán una placa en memoria del sacerdote uruguayo Mauricio Kleber Silva Iribarnegaray, desaparecido por la dictadura militar en Buenos Aires el 14 de junio de 1977, mientras realizaba su trabajo de barrendero en la zona de Villas de la capital argentina.
El acto tendrá lugar el miércoles 14 de junio en la Parroquia San Juan Bautista, ubicada en la calle Domingo Tamburini entre Masini y Guayaquí, a las 11:30 horas.
Mauricio era su nombre religioso y familiar. Nació en Montevideo el 20 de septiembre de 1925. A los 13 años ingresó en el Seminario Menor en el Uruguay. En 1942 entró en la Congregación Salesiana. Trabajó como misionero en la Patagonia argentina, donde fue muy querido.
En 1958, estando su madre enferma, regresó a Montevideo y pasó al Clero para ayudarla económicamente. Trabajó en la Diócesis de Montevideo, especialmente en la Pastoral Juvenil. Se destacó en la renovación conciliar que vivió la Iglesia Católica a partir de los años 60.
La huelga cañera de 1962 liderada por Raúl Sendic, en la que actuó como mediador, lo marcó profundamente.
Fue capellán de colegios y de la cárcel de mujeres. Asesor de la JEC y de grupos de novios, de matrimonios y de Guías Scout en la Parroquia San Juan Bautista, donde la jefa de mi patrulla de Scout era mi entrañable amiga Elena Quinteros.
En 1970 su aspiración a compartir su vida con los más pobres, lo llevó a ingresar en la Fraternidad de los Hermanos del Evangelio en Argentina, fundada por Charles de Foucauld.
Trabajó en Rosario entre quienes recolectaban y clasificaban la basura, y en Buenos Aires como barrendero desde 1972.
Mauricio quería poner en práctica el Evangelio, compartiendo el trabajo pesado, mal remunerado y la lucha de sus compañeros por mantener su estatuto de empleados municipales. Fue muy querido por ellos.
El motivo de la desaparición de Mauricio radicó en la decisión de los militares de terminar con los religiosos que les parecieran «subversivos». La opción de Mauricio de trabajar con los barrenderos y de tener un importante compromiso en el sindicato, fue considerada peligrosa.
La carta de un compañero religioso, que también vivió el horror de la represión militar en Argentina dice: «lo que él vivió debió ser la Pasión más atroz que pueda concebirse. Creo verdaderamente que fue un auténtico mártir de América Latina».
Y este mártir, fiel al Evangelio y coherente hasta sus últimas consecuencias, fue un sacerdote uruguayo.
En el año 2002 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires convirtió el 14 de junio en el «Día del Barrendero», en honor a Mauricio. Hasta el presente, no hay nadie que se haga cargo de su desaparición ni de qué pasó con su cuerpo. La querella criminal fue abierta en Buenos Aires en marzo de 2006. *
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