Entre las piezas encontradas en la Playa Matamora, a 15 quilómetros del casco antiguo, hay huesos humanos

El Instituto Técnico Forense comenzará hoy a analizar restos hallados en Colonia

La aparición el lunes 5 en Playa Matamora (Riachuelo, a 15 kilómetros de distancia de Colonia del Sacramento) de 25 piezas óseas humanas, no sólo impactó al vecindario de esa localidad rural sino que, a la par, reactivó los recuerdos de otros episodios similares y los volvió a colocar en primer plano, unidos todos por el hilo conductor de un cerrado misterio sobre el que, a pesar de las muchas investigaciones practicadas, no se consigue hasta ahora echar luz.

Los casos más lejanos en el tiempo se remontan al período comprendido entre mayo y setiembre de 1976 -con dictaduras militares en Uruguay y Argentina- cuando las aguas del Río de la Plata arrastraron hasta las costas de este departamento ocho cuerpos.

Se encontraban en avanzado estado de descomposición y en todos los casos exhibían innumerables huellas de tormentos. Unos habían sido encontrados en el paraje Boca del Rosario -a unos 30 kilómetros de Riachuelo-, otros en proximidades del puerto de Colonia y de la Isla de López, y los restantes en playa La Arenisca, hacia el oeste de la capital departamental.

Documentos oficiales de esa época, firmados por la jueza de Paz Blanca Germano, dan cuenta de la magnitud de aquel cuadro de horror. «Me constituí en el lugar (Boca del Rosario) «, dice una de esas actas, «y fui informada por un marinero de guardia en el lugar que eran dos los cuerpos sin vida que se encontraban a orillas del agua».

«Constaté», agrega, «que el primer cuerpo se encontraba boca abajo, absolutamente desnudo, con tremendos signos de violencia en el cuerpo, atados los pies por un cordón grueso, tipo correa, sobre unos calcetines negros…»

En 1985, vuelto el país a la vida democrática, el curul departamental Alberto Badaracco (Partido Nacional) jugó un rol decisivo al reclamar que se preservaran aquellos restos en la necrópolis coloniense, para futuros estudios de los mismos. En 1995 el edil frenteamplista José Luis Laport solicitó al ejecutivo comunal que «no reduzca los restos de esas tumbas NN, sin antes tomar contacto con personal forense experimentado».

Los cuidados adoptados por las autoridades municipales permitieron que en 2001 el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) recogiera muestras óseas de esos ocho cuerpos NN para estudiarlas en el país vecino. Al cabo de esa investigación científica no fue posible establecer la identidad de ninguna de esas personas.

 

En el pozo de una chacra

Otro momento de fuerte conmoción se vivió el día 12 de diciembre de 2005, cuando en el fondo de un viejo pozo semisurgente, ubicado en una chacra próxima a la Ruta 12 (localidad de Florencio Sánchez, limítrofe con Soriano) aparecieron varias piezas óseas humanas.

El trabajador que se ocupaba de realizar la limpieza del pozo, a solicitud del nuevo propietario de la chacra, encontró -además de maderas y piedras acumuladas por años- un cráneo humano y parte de un fémur, ambos en buen estado de conservación.

Se dio de inmediato aviso a la Seccional policial 17ª y a la Justicia, en tanto que un antropólogo se ocupó de supervisar el resto de las tareas de búsqueda, que culminaron con la aparición de «más huesos», según explicaron en aquel momento las fuentes judiciales consultadas.

Todo el material encontrado pasó a Montevideo, a estudio del Instituto Técnico Forense (ITF) y desde entonces nada más se supo, lo que deja en claro que no hubo posibilidades de identificar a quién correspondían esos restos.

Para los vecinos de Florencio Sánchez aquel hallazgo podía estar relacionado con «alguien de esta zona que hubiera desaparecido de su hogar», pero a nivel policial se aclaró que no había en archivos denuncias por una situación de ese tipo, lo que sumó al hecho otra cuota de misterio.

 

Huesos tapados por la arena

Con estos antecedentes llegamos a la tarde del pasado lunes 5, cuando una vecina de Riachuelo que paseaba despreocupada por la Playa Matamora se topó, de pronto, con 25 piezas óseas en buen estado de conservación, que estaban hundidas en el lecho arenoso y que la bajante del Río de la Plata dejó al descubierto.

«La señora se asustó mucho», contaron a LA REPUBLICA fuentes cercanas a la investigación del caso.»No se animaba a firmar la denuncia, por lo que hubo que dar parte de lo ocurrido a ediles de la Junta Departamental de Colonia, quienes se hicieron cargo de la situación».

Los curules, como paso inmediato, dieron aviso a Presidencia de la República. Prefectura Naval de Colonia delimitó una extensa zona para seguir investigando cuando se produzca una nueva bajante.

Los restos, por disposición del juez letrado Gerardo Siri, fueron derivados el viernes 9 al Instituto Técnico Forense (ITF). Hoy, precisamente, técnicos del ITF comenzarán su estudio en busca de elementos para identificar científicamente a los restos.

¿Qué pasará, de aquí en más? ¿Se repetirán las anteriores experiencias, que no permitieron llegar a ninguna instancia identificatoria, o por el contrario, se podrá disipar el manto de dudas? La sociedad coloniense aguarda respuestas, porque en su historia reciente hay silencios que pesan demasiado. *

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