"Veo la alegría de la gente que por primera vez puede subir al ómnibus y pagar el boleto"
-¿Cómo transcurre un día normal de Ramón Cabrera?
-Trabajo en el transporte desde hace diez años. He trabajado como guarda-conductor de Raincoop, en la línea que une la zona del Cerro, la parte norte, Casabó, la fortaleza y el Cerro. Al otro día recorro la zona de Carrasco, que une el sur y el norte, con Portones. Es un trabajo de ocho horas, más dos que tengo para ir y dos para volver a mi casa. Son doce horas por día.
Estoy en mi barrio, en el barrio Los cilindros de Pajas Blancas, en la parte oeste de Montevideo, detrás del Cerro. Soy presidente de la Comisión de Fomento, trabajo ayudando para superar problemas de la cooperativa y en el sindicato. El resto del tiempo estoy con mi esposa, mis cuatro hijos y los seis nietos y medio que tengo.
-¿Cómo era la rutina cuando estaba en plena militancia política?
-Estaba full time para la política. A veces hasta dormía en la Junta Departamental. Fue una vida muy intensa.
-¿Extrañó el cambio?
-Fue un proceso ¿no? Hoy las preocupaciones son otras. A esta altura nos asalta todo el tema del pasado, la convivencia, los compañeros, las luchas, junto a las preocupaciones por los problemas actuales. Quisiera aportar, pero el tiempo no es un chicle y no se puede hacer todo. Hoy tengo alegría por algunas cosas, tengo angustias. Siento que a los 56 años uno está en la parte de la vida, como quien mira la punta de abajo del tobogán, pero a la vez con fuerzas para poder aportar, pero también maniatado por esta vida que nos ha trancado.
-Esa dificultad para poder encontrar espacios para poder aportar, ¿es responsabilidad de la vida laboral o que no le dieron la oportunidad para poder aportar?
-Es un sentimiento contradictorio. Mire que no quiere que me gane el rencor o la bronca, pero creo que son las dos cosas. Lo que decía el poeta español: «Si me miro no valgo nada, pero si me comparo creo que podía estar aportando mucho». Podría aportar del conocimiento que tengo de la sociedad, por trabajar en el transporte. Hoy tengo los temas del país vistos desde la base de la sociedad, porque estoy todo el día con la gente escuchando y dando mi opinión.
-¿Cómo ve a la gente? En este año y medio de gobierno progresista ¿ha cambiado sus formas de pensar y de sentir los montevideanos?
-La gente tiene esperanza, pero también hay zonas de disconformidad porque los problemas se resuelven, en algunos casos, lentamente. Pero no hay rechazo al gobierno, aunque si hay preocupación porque quisiera resolver los problemas más rápido.
-He detectado que en los boliches y en el ómnibus comienza a hablar en voz alta el votante colorado o blanco, mientras que el frenteamplista ya no habla tanto. ¿Es así?
-Puede ser, puede ser. Este es el problema central. Hoy tenemos una fuerza política que es el «partido del millón», pero esa fuerza no juega, no hace política, por eso no fomenta ni divulga las cosas positivas. Vive en un clima de debate y de crítica, pero carece de síntesis, de información a la población. Hoy ocurre que muchos compañeros se disfrazan de militantes sociales, de críticos permanentes y no le dan a la gente una perspectiva de hacia donde vamos.
-¿Cómo evalúa la marcha del gobierno?
-Creo que los compañeros están trabajando mucho. Mi evaluación es buena. Lo que pasa que son tantas las cosas que cuesta digerir la marcha del gobierno. Hemos abierto el debate en toda la sociedad, sabiendo que en esta etapa queremos construir una democracia avanzada. Hoy los trabajadores tenemos 180 lugares donde discutimos nuestros salarios, discutimos las categorías, las libertades sindicales. Ahora estamos participando del debate sobre las Fuerzas Armadas, la enseñanza, la salud, la reforma impositiva… Pero no hay alguien que haga una síntesis de esto.
Abajo, en la base de la sociedad, hay una situación muy particular. En el dique nacional se está trabajando a full, preparando la draga que estaba abandonada. La ANP hace una inversión de un millón y medio de dólares y van a tomar más soldadores, más calderistas, más aprendices. Es que aparte de esto, dos de las chatas de Botnia se van a construir allí. Los trabajadores del dique están desbordados de trabajo.
A veces, por día subo 12 veces a la fortaleza del Cerro y desde allí tengo la visión del puerto. ¡Cómo funciona el puerto! Es una verdadera joya. He tomado el tiempo a los barcos y veo que se descargan con una precisión extraordinaria. Veo como vienen y como van. Veo el Trabajo por Uruguay: cientos de mujeres y hombres trabajando, reparando las plazas, las veredas. Veo la alegría de esas mujeres por tener un uniforme, sus botas adecuadas, la alegría de la gente que por primera vez puede subir al ómnibus y pagar el boleto, porque antes caminaba. Ahora paga el boleto porque cobró el jornal solidario. En el Casabó, el día que se cobra el jornal solidario, la gente comienza a moverse, a consumir, a comprar cositas para la casa. Nosotros vendemos más boletos, particularmente los boletos cortos, los que salen del Casabó a la Curva. Ahora la gente toma el ómnibus.
-Pero el gobierno no es muy coherente…
-Las blancos no quieren que dentro del FA esté el gobierno y la oposición. Hay una oposición mínima, destructiva, pero también hay una oposición justa, aunque tiene que haber un momento para el debate y otro para pegar juntos, para que no haya confusión en la gente. Creo que estamos en el momento justo, justo y apasionante, para que la fuerza política cierre filas y ese «partido del millón» empiece realmente a dar la esperanza divulgando las cosas positivas que se están haciendo, diciendo qué es lo que queremos.
Los dirigentes del FA no pueden ser solo voceros de las fuerzas sociales, no pueden transformarse en militantes sociales. Como fuerza de gobierno no podemos ser representantes de productores rurales, de los cooperativistas, no. Además hay que darle orientación a los productores, al Fucvam, a los sindicatos, sobre cuál es el rumbo político que entre todos hemos elaborado.
-¿Falta conducción y dirección política?
-Falta conducción y dirección política. Espero que se supere, porque estamos en el momento adecuado. Hay que unir todas esas poleas que andan sueltas, para poder conducir a la sociedad, para el bien del Uruguay, a un país de cambio, de esperanza. A mis hijos los veo entusiasmados, pero también hay jóvenes que están en las esquinas sin trabajo, sin perspectivas. Sobre esa zona hay que actuar a la ofensiva, para que esos muchachos no tengan como único futuro ser prontuario del Ministerio del Interior y para la venta de pasta base. Necesitamos carreras cortas, que se puedan preparar, necesitamos trabajo, trabajo, trabajo.
El 60% de la zona de Santa Catalina es gente que viene del Interior, que tiene una cultura de trabajo en el campo. Hay que buscar como se contempla esto, a cuenta del gasto del Estado, porque además de ser justo es mucho más barato que la represión y las cárceles. ¿No se podrán crear colonias de trabajo con esos muchachos y profesionales jóvenes? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad