Orrico: "Todos han querido antes hacer lo que hizo Tabaré en EEUU"
–Inicialmente quiero preguntarle acerca de un tema que es muy caro a su preocupación y acerca del cual tiene conocimientos e información que pueden ser importantes para la opinión pública. Me refiero a lo que ha pasado con Estados Unidos. Más allá de si es un simple acuerdo o de si vamos a un Tratado de Libre Comercio, ¿qué opina sobre las gestiones hechas por el Presidente y sus ministros?
–En primer lugar, Uruguay necesita urgentemente, como el agua y el pan, encontrar nuevos caminos comerciales, ya que, más allá de las concepciones ideológicas que uno tiene, que le son muy caras y que las ha defendido toda la vida, como el americanismo, la relación con países del Caribe, etcétera, los tercos hechos están diciendo otra cosa. Si Uruguay no intenta caminos distintos va a quedar aislado y somos un país pequeño, con poca población, que lo que puede ofrecerle al mundo es su seriedad, la estructura de su organización democrática, la calidad humana y de formación de su gente. Y eso hay que salir a venderlo. Yo creo que no se deben hacer cuestiones ideológicas cuando se habla de temas comerciales. Durante mucho tiempo le hemos vendido y comprado a países con los cuales, de pronto, estamos en las antípodas. No puede ser que cambiemos la relación comercial con un país, según sea el gobierno de turno. Por tanto, más allá del nombre que se ponga a las cosas, que además hoy todavía no lo sabemos, porque se habla de que se van a liberar muchos productos, que eso generará una mejor colocación en el mercado norteamericano, pero aún falta información y ajustes y posiblemente hasta octubre no lo sepamos. Pero sería muy bueno que eso ocurriera, porque significaría más exportaciones, más trabajo para los uruguayos y mejorar nuestra calidad de vida. Partimos de una situación dramática y debemos ser originales.
–Algunos pueden advertir cierto matiz cuando se dice «le hemos vendido a países que están en las antípodas». Porque, en general, hay quienes perciben que Estados Unidos es una potencia con pretensiones de hegemonía y habitualmente utiliza estos acuerdos para obtener otras cosas a cambio.
–En todo caso si eso fuera así, en su momento lo juzgaremos. No está en juego hoy. Yo creo que lo que puede haber son prejuicios. No se puede decir ni sí ni no, porque todavía no sabemos qué contenido tendrá esto. Ahora, estratégicamente, Uruguay necesita de forma ineludible salir a buscar nuevos relacionamientos en el mundo, como lo hará en Europa, Asia y Medio Oriente, no sólo esto de Estados Unidos, porque los que tiene hoy no son suficientes y están averiados.
–Personalmente, ¿usted preferiría que fuera un Tratado de Libre Comercio u otra cosa con Estados Unidos?
–No, no. Yo no me expido sobre eso. El problema no son los nombres, son los contenidos. Yo me opondría a toda cuestión que signifique un menoscabo a la soberanía, a las decisiones políticas soberanas de Uruguay, que nos digan «tienen que romper relaciones con tal o cual». A eso sí me opongo, porque ahí entramos a afectar la dignidad de un país. Lo que queda claro es que Uruguay tiene un prestigio internacional que es necesario mantener.
El prestigio uruguayo
–Hábleme un poco más de ese prestigio que usted destaca.
–Por ejemplo, en 2002 Uruguay sufrió una de las crisis más tremendas que puede sufrir cualquier país. Y sin embargo no se rompió una vidriera. Es bueno que los uruguayos recapacitemos: ¿cómo es esto? Porque al lado nuestro se rompieron vidrieras, se rompieron cajeros, pasó de todo, y acá la gente se reunía en asambleas, se organizó, la cuestión era muy democrática y así fue resolviendo la mayoría de las situaciones. Los otros rompían todo y no pasó nada. Yo creo que ni patrioterismo, ni chauvinismo, ni nada de eso, pero sí juzgarnos adecuadamente en lo que somos. En algunas cosas debemos cambiar y en otras debemos parecernos cada vez más a nosotros mismos. Por ejemplo: yo ahora no ejerzo, pero cuando ejercía la abogacía tenía socios blancos. Y cuando yo era secretario de Seregni y la gente venía a verme, me hablaba como si yo fuera un blanco. Eso de los uruguayos, que tenemos amigos de todos los partidos, eso lo debemos conservar. Hay cosas que la gente no sabe: el hecho de que en la Cámara de Diputados los cargos que se otorgan sean por consenso es una cosa que en el resto de América Latina es inexplicable, porque en otros lados los cargos son para quien tiene el gobierno y chau. Y acá hay un respeto tan grande hacia los derechos de las minorías, que se les dan cargos. Como ahora, que teniendo el Frente Amplio 52 votos en Diputados se elige presidente de la Cámara a Julio Cardozo, que es blanco. Esa imagen de seriedad, de cultura democrática, de educación, es lo que Uruguay tiene, antes que nada, para venderle al mundo. Yo soy un tipo de izquierda, pero no todo lo que hicieron nuestros mayores estuvo mal hecho y ha sido un cimiento muy grande, como el acceso a la educación.
—Volviendo a las relaciones comerciales, esto de salir al mundo se da, paralela o simultáneamente, a una crisis regional profunda que ha afectado a un bloque en el cual Uruguay creyó mucho. Entonces, si el gobierno quiere abrir mercados pero no le interesa romper con el Mercosur, ¿no será una tarea difícil y más, teniendo en cuenta que los dos socios grandes, que sólo tratan de repartirse el poder, no simpatizan con esta especie de independencia uruguaya?
–Uruguay está en condiciones, sin romper con el Mercosur, de establecer relaciones comerciales del tipo de las que ha gestionado con Estados Unidos, porque el propio bloque prevé mecanismos para ello. Como decía sabiamente el general Seregni, «cuando lleguemos al río cruzaremos el puente». No dinamitemos el puente antes de llegar al río. Estratégicamente, en abstracto, un país como Uruguay no puede quedar condicionado a una sola solución comercial. Es tremendamente peligroso, no en el campo de la teoría sino en la realidad. Los tercos hechos demuestran que el Uruguay le vende al Mercosur mucho menos de lo que le vendía a sus socios de hoy antes de que el Mercosur existiera. ¿Qué sucede? Que luego de un año de gobierno, yo creo que el Uruguay puede salir a determinados lugares porque tiene para mostrar resultados que son francamente muy buenos y superan las previsiones, no sólo de la oposición sino de gente de adentro. Y eso es la explicación, además, de por qué a la oposición le cuesta tanto acomodarse a su papel opositor. Uruguay batió el récord de exportaciones, batió el récord de reinversiones y tiene un crecimiento en su PBI como no lo tenía…
Los compromisos internacionales
…También se ha criticado el adelanto del pago de las obligaciones con los organismos internacionales…
…pero hay una cosa que los uruguayos deben entender. Hay que hacer docencia con esto. La única manera que tenemos de liberarnos del Fondo Monetario Internacional es terminar con él. Y no lo vamos a lograr si previamente no alcanzamos fórmulas de acuerdo para pagos, que es lo que hemos estado haciendo. Cuanto antes nos liberemos del Fondo será mejor. No es que hayamos cambiado nuestra concepción del Fondo. Al Fondo –y esto lo dicen todos los economistas, de derecha, centro o izquierda– los países van cuando no tienen más remedio. El Fondo Monetario Internacional le presta a los que otros no les prestan. A cualquier gobierno se le pueden hacer, naturalmente, objeciones, porque política no es física ni matemáticas, pero yo creo que Uruguay se ha trazado estrategias muy buenas. Por ejemplo, el hecho de que el Presidente viaje con un equipo de ministros da la idea de que acá
no hay un payador al frente de un país que va y hace mecánica, chapa y pintura. No, va acompañado de un equipo. Y ese es otro crédito que tenemos hoy. No hay forma de crear empleo sin inversión. Y no habrá inversión si no demostramos que somos creíbles. Pero Uruguay tiene otro mérito muy grande: en América Latina se considera que Costa Rica y Uruguay son los países donde el Poder Judicial es más independiente. Es un elemento vital. Y mire que cuesta explicarlo afuera, porque a veces no lo entienden, no entienden que acá no se puede llamar a un juez y decirle que haga tal o cual cosa como pasa en otros lados. Es una cultura de décadas, que nos da un valor específico en el exterior. Resumiendo: en los últimos cuatro o cinco años, ¿cuántos intentaron hacer lo que está haciendo ahora Tabaré y no pudieron? Es que el país está cambiando. Y como dice el propio Tabaré: «No hay que agregar nada extra para venir a invertir acá». Acá no hay que coimear a nadie, esa es la verdad. ¿Que hay episodios de corrupción? Sí, pero son eso, episodios. Eso lo dijo el fiscal que investigó la corrupción en la Argentina: «La diferencia es que en Uruguay hay corruptos pero no un sistema corrupto». Acá la gente está en contra de la corrupción, lo que hay son episodios individuales y nada más.
–Otra vez en el comercio, diputado Orrico. Uno imagina un determinado escenario: nos comprometemos a vender más a Estados Unidos y eso es muy bueno, y en los hechos no hay ningún compromiso de otra índole que no sea comercial. Pero simultáneamente le vendemos a Irán, mercado que es hoy muy importante para nosotros. ¿Qué pasa, ya en el mundo diplomático, si en algún momento se aplican sanciones a Irán y se pretende que Uruguay se comprometa en esa línea?
–Es una hipótesis que se puede manejar, pero que hoy no está puesta encima de la mesa…
…pero que no es demasiado lejana…
–…puede darse, claro. No sé, es un «ni», ni sí ni no. Nos puede pasar con cualquier país. Cuando hicimos la unión con el Mercosur, pensamos que con gobiernos más afines nos iba a ir bárbaro y, ya ve que, incluso Brasil, chiflan. Uruguay está haciendo lo correcto. Estuvo en México y lo trata de traer a la región. Está haciendo algo muy inteligente.
Uruguay no rompe con el Mercosur, no pone una bomba. Va a México y dice «¿quieren venir?, vengan», con lo cual genera equilibrios que hoy no existen. Pero siempre aclarando que nuestro mayor comprador, hoy, es Estados Unidos. Todo el mundo se muere por venderle a Estados Unidos. Por ejemplo Vietnam, que después de una guerra terrible, que despreciamos todos, se reorganizó, mantuvo su régimen político y ahora comercia abiertamente con Estados Unidos. ¿Por qué? Porque había que darle prosperidad a su pueblo. Y lo hicieron y multiplicaron no sé cuántas veces su comercio y su economía. Y yo creo que Vietnam no es un país mucho más poderoso que nosotros y no creo que Estados Unidos le diga «tienen que hacer esto o aquello si quieren seguir vendiéndonos». No están planteadas así las cosas.
El caso Venezuela
Prácticamente desde la asunción de Vázquez apareció Venezuela, mejor dicho Chávez, en escena. Y fue como un vendaval de la oferta, de las soluciones: petróleo, financiación a empresas, en fin. Y en un momento pareció –pareció, digo– que si no nos ayudaba Venezuela no lo hacía nadie o que era la puerta hacia el equilibrio buscado. ¿No siente una cierta frustración comparando lo que dijo Chávez y la estricta realidad?
–Creo que la relación con Venezuela es buena. Ahora, yo no me considero un chavista y sí tengo la fortuna de conocer Venezuela y le puedo decir que, más allá de lo que uno piense de Chávez, no es explicable en términos de nuestra lógica. Venezuela partió con Chávez desde una petrolera que daba pérdida. A uno de los principales productores del mundo, su petrolera le daba pérdida, porque era un negocio familiar, para hacer ricos a unos pocos y matar de hambre al pueblo. Y eso cambió. Y tenemos muy buenas relaciones con Venezuela.
Lo que no quita que se le limite a Uruguay su derecho a mejorar vínculos con todo el mundo, para dar mejores condiciones de vida a su gente. No tiene nada que ver con eso. Uno debe ser pragmático en lo que debe e idealista en lo que también debe. Entonces, imitemos al que le va bien, como Vietnam, no al que le va mal.
Algunas oposiciones
–Ahora bien, ¿hasta dónde pueden interferir, molestar, incomodar, ciertas oposiciones a esta apertura comercial a Estados Unidos, que en estos días se han hecho públicas, caso concreto del Partido Comunista?
–Nosotros somos una organización política plural, unitaria –pero unidad no es homogeneidad–, y donde todo el mundo tiene derecho a opinar, yo diría que tiene el deber de hacerlo; pero el Frente Amplio es democrático y una vez que las cosas se resuelven, se acatan. Y acá se está discutiendo permanentemente estos temas. Nosotros discutimos orgánicamente.
Tenemos órganos para hacerlo. Yo, por ejemplo, soy diputado desde hace once años y antes por supuesto iba a los congresos, pero tengo que ir ahora también a «dármela» –una expresión de Bayardi, no mía– con cualquier militante sobre el tema que a él se le ocurra.
Y está bien que así sea. Siempre uno está dando explicaciones. Y aún hoy, siendo diputado, soy el legislador referente de la Coordinadora Ã. Y a mí me llaman de ahí y me dicen «vení que tenés que explicar algo», y yo voy. El Frente es un organismo vivo, porque su gente trabaja en él. Las unanimidades no son buenas y menos cuando hemos pasado de la oposición al gobierno. Y ese es un cambio radical. Y hay decisiones que hay que tomar y punto. A mí no me gustó desalojar con la Policía el piquete del Madur, pero llega el momento en que hay que hacerlo. Para un tipo de izquierda, son cosas que no gustan. Pero en el gobierno, dentro de la Constitución y la ley, hay que hacerlo. Se puede discutir, pero en algún momento hay que actuar. En asamblea permanente no se puede vivir siendo el gobierno.
–Relacionado con todo esto, algo que también se dice es que el gobier no todavía no ha aprendido a comunicar cosas que, bien comunicadas, mejoraría su imagen. Y empiezan las críticas desde la cabeza, por algunas circunstancias vividas por el propio Presidente, o el canciller u otro representante de rango. ¿Usted lo ve así?
–Pero esto, incluso casi con las palabras que usted está diciendo, se discutió en la agrupación parlamentaria del Frente Amplio. Todos los que estábamos allí manifestamos nuestra preocupación en el sentido de que había que encarar una correcta comunicación. Por supuesto que es muy fácil enunciarlo, pero una cosa es una correcta comunicación para comentar una película de Woody Allen y otra para explicar el tema comercial.
Yo no creo que ahora haya demasiados problemas de comunicación. Comunicar política siempre es difícil. Para empezar, yo comunico, pero atrás mío sale el comunicador profesional que dice lo suyo. No es tan fácil. Ahora, sin duda, algunos comunican mejor que otros. No es que no lo vea como problema, digo que no es más problema que el que ocurre en otras partes o ha ocurrido acá antes.
El perfil del humor
–Una última pregunta, sugerida por un comentario que el otro día usted me hizo al pasar, y no me quiero perder la respuesta, que puede ser muy reveladora de su personalidad. ¿Cuál fue su vinculación con la Trouppe Ateniense?
–Mire, acá tengo una foto de «Los tres bemoles». Salió en el carnaval de 1924,
formado por tres chiquilines de once años: Aguirre, Romeo Gavioli y mi papá, don Mario Orrico. La foto la sacó mi abuelo.
«Los tres bemoles» fue un conjunto que alcanzó el mito, porque cada vez que se hace la historia de la música popular se le nombra.
Yo tuve una niñez privilegiada: mi padre era violinista, director de orquesta, un tipo con mucha alegría de vivir, mi mamá tocaba el piano, mi hermana también y yo el violín. Y todos cantábamos.
Y la Trouppe Ateniense se hacía en mi casa, por lo menos se hizo en la época que fue de 1940 a 1956, porque el Loro Collazo nos visitaba, lo idolatrábamos, un hombre de una ternura impresionante. Me quedó sólo una pequeña frustración.
Yo tenía siete años y quería actuar en una comedia del Loro, «Romeo y Julieta», que empezaba con un cuadro que se llamaba «Academias René: Atorrantes, pajarotes, ya es tiempo, avivensé, hay maridos a patadas en las Academias René». Le pedí y me dijo que era muy chico, que al año siguiente me iba a meter. Y no hubo año siguiente, porque cerró el Solís y se frustró la que hubiera sido mi primera incursión artística. *
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