DESDE DIPUTADOS: Largo y entreverado debate

Cámara de Diputados aprobó el proyecto de promoción y defensa de la competencia

La media hora previa comenzó a las 16.24, con la mayoría de los legisladores recién acomodándose en sus bancas.

José Pedro Cardozo (Herrerismo) expresó su preocupación por el sistema sanitario a través de una anécdota: dijo que en el Chuy hay un agente que puede decomisar, por ejemplo, una mortadela que alguien pretenda pasar, pero no interviene cuando pasa por el mismo punto y recorre veinticinco kilómetros al interior de Rocha el camión municipal, a caja abierta, con los residuos de la localidad fronteriza. En su opinión, si hay riesgo sanitario lo impone el camión y no la pobre mortadela (lógica que, más allá del embutido elegido, yo no hallé discutible; habría que ver qué dice Puglia).

Darío Pérez (Liga Federal Frenteamplista) se refirió al centenario de la fundación de Aiguá, cuya historia contó cual émulo de HD, y pidió que el 7 de mayo fuera declarado feriado para los nativos. No imaginaba que el tema volvería al plenario, al final de la sesión, de modo insólito.

En este momento, Adriana Peña (Correntada Wilsonista) caminó desde su banca (buzo color turquesa, pantalón negro, para qué seguir) hacia la diputada Daniela Payssé (Asamblea Uruguay), con quien departió amablemente. Por un instante se especuló entre los periodistas sobre una alianza, pero no, evidentemente era un tema de mujeres (quiero decir mujeres parlamentarias, claro).

Carlos Mazzulo, de Correntada Wilsonista, pidió una ambulancia y mejor locomoción para Andresito; Carlos Enciso, del mismo grupo, se refirió a problemas habitacionales en Cerro Colorado; a Jorge Gandini (Alianza Nacional) protagonizó un hecho cuasi metafísico: le dieron la palabra pero no habló porque no estaba; Daniel Peña, del mismo grupo, habló de problemas de zonas de Canelones y después se lanzó, a grito pelado, contra las incoherencias de la política exterior que, en su opinión, siguen.

Esto enojó a Silvana Charlone (independiente del Frente Amplio) y produjo un diálogo con la Mesa, del que participaron otros, acerca de la impertinencia del planteo de Peña que, por reglamento, no podía ser contestado.

Finalmente, Esteban Pérez (Espacio 609) -mientras reaparecía elegante y algo distante, como queriéndose alejar de ciertas versiones que llegan de sus pagos, Carlos Signorelli (Foro Batllista)- se la agarró con Greenpeace, dijo que la financia la Fundación Rockefeller y que detrás está el rabo de Satanás, el belicoso Bush, quien está maniobrando para quebrar la hermandad entre argentinos y uruguayos. «Hay que zurcir mucho», precisó, y varias legisladoras se dieron vuelta. Pero era una metáfora.

 

El proyecto aprobado

Le correspondió a Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) una extensa y compleja -él mismo lo admitió- explicación del Proyecto de Ley de Promoción y Defensa de la Competencia. Recordó los antecedentes, que provienen de otro proyecto elaborado el año pasado y corregido ahora, puntualizó que si hay problemas de competencia las tres cuartas partes del empresariado no lo tienen claro, agregó que el ochenta por ciento no reclama cuando son agredidos por prácticas anticompetitivas y que también hay que mejorar la información y la cultura de los consumidores. Luego dijo que la competencia quizás sea un mal necesario pero puede regularse en beneficio de los consumidores y de los propios empresarios.

A esta altura, el murmullo era impresionante. El presidente de la Mesa debió apelar a timbrazos amenazantes y hasta el propio Asti, sin dejar de hablar, levantó la mano e hizo repetidas señas a propios compañeros de bancada para que se callaran porque no se oía a sí mismo. Fue el momento, además, en que ingresaron Washington Abdala, del Foro Batllista (tarde pero prolijo, con el pelo engominado), y Jorge Gandini (sabiendo que había perdido un turno; ignoro si quedó rabioso por eso o caminaba de un lado a otro de puro nervioso).

Asti explicó que, ante la duda de un control de conductas o un control de estructuras, se había optado porque el Estado penara el abuso de la posición dominante (hablamos, claro, de concentraciones comerciales), incluso si se trata de decisiones gremiales de los empresarios: es decir, todas las prácticas, conductas o recomendaciones, individuales o concertadas, que tengan por objeto restringir, limitar, obstaculizar, distorsionar o impedir la competencia. Aquí ingresó García Pintos -ya eran las 17.38- y hubo quien, aviesamente (no lo deschavaré), lo vio en una postura, todavía, de derrota.

 

Se arma la polémica

Cuando pidió la palabra Iván Posadas (Partido Independiente), se armó la polémica. Historió este proyecto, aludió al anterior y concluyó en que no podía aceptar que se eliminase del texto primario un artículo que imponía el control previo de las concentraciones comerciales; más aún, acusó al oficialismo de seguir consejos de los técnicos del gobierno de Batlle. Sin controles previos, arguyó, cuando pasa algo inconveniente nada puede hacerse. Ni lerdo ni perezoso, el herrerista Cardozo contestó que no debe intervenir «la mano peluda del Estado» (dale con la mano peluda, ¿tendré que tomar Rivotril por las noches?).

¡Para qué! Posadas le espetó que no le sorprendía esta posición porque Cardozo siempre ha sido un neoliberal. Cardozo, de inmediato, y con una energía digna de Mario Saralegui, le retrucó que eso era un «latiguillo», que él era liberal a secas.

Tras una sucesión de alusiones y respuestas, habló Gandini (¡tomá pa‚vos y tu tía Gregoria!) y encontró sin tantas complicaciones como Ancap para traer gas natural- puntos de discrepancia con unos (Asti y compañía) y otros (su correligionario Cardozo): «si cambiamos posición dominante por poder de mercado nos podemos poner de acuerdo». Algo así como la teoría de la relatividad explicada en tres minutos en la plaza Independencia. Atención, expresó algo relevante: estos plenarios sirven para cambiar ideas, reflexionar y modificar criterios (que fue lo que hizo, al parecer).

Después, lo confieso, perdí el hilo. Hablaron Asti, Posadas y Cardozo de nuevo, también Diego Cánepa (Nuevo Espacio), Javier Salsamendi (Espacio 609), Luis Alberto Lacalle Pou (Herrerismo) y Gonzalo Mujica (Nuevo Espacio). No cambió nada; sólo que el proyecto se votara desglosado. La votación fue tan intrincada que el presidente de la Mesa estuvo a punto de llamar a David Bline; por suerte, el texto presentado por Asti se aprobó y hoy mismo pasó al Senado.

 

Final insólito

Cuando la mayoría expresaba, en pequeños pero no disimulados gestos, que quería irse, ocurrió lo imprevisto.

Volvió al tapete Aiguá, porque de la nada apareció un segundo proyecto (el primero presentado por dos diputados por Maldonado y por cinco el segundo, y querían que fuera éste).

El despelote reglamentario y el escándalo que se conjugaron al punto de que Jorge Pozzi preguntó si el feriado también era para los nacidos en Aiguá que ahora vivían en otro lado (y casi me agarra una apoplejía)- es inenarrable. Sólo diré, por respeto al sagrado recinto legislativo, que Aiguá ya tiene, a pesar de todos los pesares, el feriado por su centenario: será, nomás, el 7 de marzo. *

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