Experto noruego teme que cifras sobre población reclusa "se vayan al infierno"
Christie fue el orador central en la denominada «Jornada Internacional sobre el Sistema Penitenciario», organizada por el Parlamento, y que tuvo lugar ayer en el Palacio Legislativo. Al encuentro asistieron autoridades nacionales, encabezadas por el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa y el ministro del Interior José Díaz, el comisionado parlamentario doctor Alvaro Garcé, así como jefes de Policía, autoridades carcelarias, ministros de la Suprema Corte de Justicia, legisladores, abogados y gran cantidad de estudiantes y operadores del sistema penitenciario.
El profesor Christie es docente de la Facultad de Leyes de la Universidad de Oslo, Noruega, y experto internacional en la materia.
Analizó la situación carcelaria de nuestro país, tras haber recorrido varios establecimientos junto al comisionado parlamentario. Entre otras, visitaron las cárceles de Santiago Vázquez, Centro Nacional de Rehabilitación y una experiencia de cárcel abierta en la ciudad de Minas.
«Se está yendo al infierno»
Christie repasó el índice de población carcelaria en distintos países del mundo. Dijo que Islandia tiene 37 presos por cada 100 mil habitantes, Noruega 62, Finlandia 69, Europa en general tiene un promedio de 100, salvo Inglaterra que tiene 143.
En Uruguay hay más de 200 presos por cada 100 mil habitantes, cifra superior a la de Argentina y Brasil. «Esto es muy alto comparado con la tranquilidad que aparentemente tiene este país; son cifras anormales», comentó.
Para Christie «es un misterio» por qué se pasó de dos mil presos en 1990 a cuatro mil presos en 2000 y más de siete mil actualmente.
«Se está yendo al infierno la cifra de prisioneros en este país. ¿Dónde piensan terminar?», preguntó. Dijo que Rusia tiene 500 presos por cada 100 mil habitantes y las cifras tienden a bajar, mientras que Estados Unidos tiene 760, pero el nivel tiende a aumentar.
También dijo que Canadá, que tiene un nivel de vida superior al de Estados Unidos y con una sociedad similar, tiene 120 presos por cada 100 mil habitantes.
Consideró que «con más ley y más orden, aumenta el desorden». Sostuvo que le llamó la atención la cifra de presos sin condena que existe en Uruguay, que supera el 70% de la población carcelaria. Entiende que el ideal es que a los seis meses ya exista condena, salvo en casos excepcionales de causas muy complejas.
«Sistema de mediación»
Opinó que la superpoblación y el encierro en una cárcel, no solo es «improductivo» sino que aumenta las chances de que el individuo sea expulsado de la sociedad y de que aún haya más delitos. Abogó por las penas alternativas, el trabajo comunitario y las cárceles con un sistema abierto que «devuelven la dignidad» al recluso. Destacó la experiencia que observó en la ciudad de Minas. También dijo que se debe dar trabajo a los presos, volcando»un ejército de maestros» en las cárceles, procurando brindar educación a la población carcelaria. «Incluso deberían utilizar más a los presos para enseñarles a los otros presos», opinó. «Es el viejo sistema de la escuela, que utiliza a los alumnos más antiguos para enseñarle a los más nuevos».
Finalmente, propuso la creación de un sistema de mediación, para que la víctima y el victimario puedan estar frente a frente. Calificó este mecanismo como uno de los más exitosos actualmente para resolver distintos delitos.
Dijo que en Noruega, el año pasado hubo ocho mil casos en que la propia Policía derivó los casos al sistema de mediación y no a la Justicia penal.
Señaló que el sistema no permite que los casos más graves se resuelvan por esta vía, aunque es el juez quien tiene la última palabra. «Este sistema permite que la persona que cometió un delito se encuentre con la víctima, cara a cara, con un mediador.
La víctima cuenta su historia, con sus propias palabras, porque muchas veces las víctimas sienten que no son escuchadas por la Justicia». «A veces es más importante para ellos contar sus vivencias que obtener una condena para el acusado», señaló.
«Por otro lado, también es importante que el ofensor pueda explicar por qué cometió ese acto terrible y que pueda pedir disculpas. He visto muchas veces que para la víctima lo más importante ha sido ese pedido de disculpas». *
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