A tres años de su muerte, entrevista inédita al dirigente socialista Ernesto De los Campos

El legado de Ernesto

La esposa de Ernesto, Alex Mazzei (actual presidenta del Codicen), nos pidió que esperáramos. Ernesto no se había sentido bien, pero quería hacer esta entrevista. Julio Bango había traído una serie de preguntas propuestas por Guillermo Font, para publicar una nota en su web Vecinet.

Ernesto se entusiasma cuando puede recibirnos.

Está acostado, casi sin movilidad. Sus ojos miran al techo, o más allá. Habla con lentitud y respira con dificultad. Ambos estamos cumpliendo el mutuo compromiso de una entrevista que, en complicidad, sabemos que sería la última.

Ernesto cuenta detalles de su vida («no sé si esto le interesa a alguien», llega a decir), narra su militancia clandestina en el Partido Socialista, su actuación sindical, su exilio y su regreso a Uruguay, donde participó de la reorganización del movimiento sindical y dirigió recordados periódicos partidarios.

De los Campos cuenta su vivencia en el triunfo electoral de Tabaré Vázquez en la Intendencia de Montevideo, donde ocupó los cargos de jefe de Compras, director de Recursos Humanos y del departamento de Descentralización, y hasta ejerció el cargo de intendente, supliendo al arquitecto Mariano Arana.

También revela secretos de aquel primer gobierno municipal, del duro conflicto con Adeom, y sobre su experiencia en la «cultura de gobierno», ante de confesar su sueño sobre cómo debería ser un gobierno de izquierda en Uruguay, cuando aún faltaban siete meses para el triunfo del Encuentro Progresista.

A tres años de su fallecimiento, el ejemplo de vida y las opiniones de Ernesto de los Campos mantienen vigencia. Con humildad, defendió las banderas de la ética y la honradez, pero no dudó en asumir la responsabilidad de dar la cara en las malas. Su coherencia, también es parte de su legado.

 

Militante de los sesenta

 ¿En qué barrio naciste?… uno siempre tiene un entorno social que lo marca…

 Nací en Palermo, pero me crié en el Prado. Ahí fue mi niñez y juventud, hasta que entré a trabajar en el Casmu. Entré por un concurso que se hizo en el año 62. Trabajaba como administrativo.

 

 No tardaste mucho en militar sindicalmente, ¿no?

 Claro, en unos tres años militaba en el sindicato y llegué a ser el secretario general de Afcasmu. Y, por eso, también era dirigente de la FUS.

 

 ¿Por entonces ya estabas en el Partido Socialista?

 Sí. Milité durante los años sesenta y me separé, esto no es fácil decirlo, cuando empezó toda aquella onda de los procomunistas. Entonces, también hubo errores del partido.

 

 ¿Fuiste un clandestino en los tiempos de la ilegalización del PS por parte de Pacheco Areco?

 Sí, en los años del pachecato yo estuve clandestino. José Díaz era mi contacto, junto a Carlos Altesor y otros compañeros.

 

 ¿Y durante el golpe de Estado?

 En esos días yo estaba alejado del partido. Me había ido en el 71. Milité como frenteamplista independiente. Fundé comités de base, tanto funcionales como barriales…

 

 ¿Después del 73 viajaste al exterior?

 Sí, pero, en realidad, estuve en el exterior porque me moría de hambre… Fui a Brasil, con un pariente. Fue por el 76. Trabajaba, iba y venía. Me volví definitivamente antes del 80, cuando se hizo el plebiscito del No a la reforma constitucional de la dictadura. Se trabajó mucho entonces.

 

 ¿En esos años de Brasil ya habías vuelto a la clandestinidad?

 Sí, hacía algunas cosas. Llevaba y traía materiales. Mi contacto era Guillermo Chifflet. En ese tiempo recibía mucha correspondencia del exterior que me llegaba a Brasil y yo luego traía a Montevideo.

 

 ¿Eras la receptoría de correo internacional o algo así?

 Algo de eso. Me acuerdo que hasta me llegó una importante carta del presidente de Italia, Sandro Pertini, en la que se denunciaba la tortura de italianos en Uruguay. Ese episodio fue importante, porque los italianos se salvaron y la realidad de la tortura se conoció internacionalmente…

 

 ¿Quién ocupaba entonces la dirigencia del PS?

 Había varios contactos. Estaba el viejo José Pedro Cardoso, Carlitos Barboza y otros, pero la figura en aquel momento en el partido, el que nucleaba a todos los viejos y nuevos, era Daniel Martínez.

 

 ¿Daniel Martínez el ex dirigente de Fancap?

 Sí, entre el 81 y el 83, sin él el Partido no salía.

El era el que lo ataba, no le daban las horas del día para militar.

 

El PIT y los reencuentros

 ¿Cómo te vinculas al Centro de Estudios Económicos Sociales y Sindicales (CEESS), que fue una de las ramas que llevó al surgimiento del Plenario Intersindical de Trabajadores?

 Habían empezado a constituir grupos de asesoramiento y juntaron viejos dirigentes sindicales junto a Juan Acuña. No recuerdo si fue por sugerencia de D’Elía o por Víctor Vaillant.

 

 ¿Vaillant era un amigo personal, además?

 Sí con Víctor nos conocíamos desde años antes…

 

 Desde la CEESS se incide el surgimiento del PIT…

 No. El PIT surge desde varios lados. La CEESS lo que hace es ayudar a la formación de muchos sindicatos a través de aquella ley de asociaciones profesionales. Junto a ASU y a AEBU, que son otras dos grandes patas del PIT. Cuando surge el Plenario se crea una Comisión Asesora, que yo integro junto a D’Elía, Metil Ferreira, Guillermo Alvarez, después viene Jorgelina Martínez, también…

 

 Es por entonces que surge aquella revista Convicción…

 Sí… (se emociona) Me estás haciendo acordar de cada cosas…

 

 Recuerdo que detrás de aquella publicación que dirigía Enrique Alonso Fernández habían tres patas políticas: Vaillant por la CBI de Manuel Flores Silva en el Partido Colorado, Jorge Lorenzo por el Partido Comunista y vos por el Partido Socialista…

 A Alonso, que había tenido problemas sindicales en El Día, lo propuso Guillermo Chifflet. Convicción fue una herramienta que ayudó a recrear sindicatos. Hay que decir que al inicio contó con el apoyo financiero de la Central Obrera Sueca. Fue una gran experiencia.

 

 Allí escribieron los nuevos dirigentes sindicales de aquella generación de los ochenta… También surgieron algunos buenos periodistas (me río y se ríe)

 Llegó a vender 25 mil ejemplares. No bajaba de 15 mil ejemplares.

 

 Aquella publicación fue la que de algún modo organizó la venida de aquel avión con los niños del exilio…

 Ahí el Yuyo Artigas Melgarejo desde España y Víctor Vaillant con la Comisión para el Reencuentro tuvieron un papel fundamental. Eso empezó a organizarse en un viaje que por el PIT hicimos Víctor y yo a España. Allí se dejó la semilla de lo que luego se pudo hacer. En aquel momento fue muy importante ganar el apoyo del PSOE, en particular de la Juventud del PSOE.

 

Aquella prensa socialista

 En agosto de aquel año 1984, fue desproscripto el Partido Socialista ¿Qué sentiste cuando pudiste caminar públicamente como socialista?

 En el año 1983, en una reunión de un «pleno» clandestino, me habían integrado al Comité Central del PS por primera vez en mi vida. He estado allí desde entonces. Fueron mucho
s años. Recuerdo la emoción de los reencuentros. Ese día nos reencontramos los socialistas. Había muchos que eran conocidos en otras actividades y que no se sabía que eran socialistas. Nos descubríamos unos a otros. Pero también era tiempo en que nos reencontrábamos todos…

 

 En ese tiempo estuviste al frente de varias publicaciones impulsadas por PS. Convicción había sido clausurado y como continuidad salió La Voz… luego el diario Tiempo de Cambio que duró muy poco tiempo.

 Aquel diario fue algo brutal… Lo que ocurrió fue que nos dijeron que iban a mandar aquellos famosos 100 mil dólares, que nunca aparecieron. No llegó ni un dólar.

 ¿Y quién los iba a mandar?

 Desde España decían que los iban a conseguir, pero no fue así… Se pagó un alto precio político, hubo que cerrarlo y terminó siendo una tragedia. Unos dicen que el PSOE nos iba a ayudar y echó para atrás en el último momento, otro que fue de otra forma. Vaya uno a saber… Nunca pude confirmar lo que realmente pasó…

 

 Con el tiempo, aparece el semanario Alternativa Socialista…

 Alternativa fue otra cosa. Se hizo sin recursos y sin medios. Duró cuatro años y no le costó un mango al partido. Creo que dentro de los semanarios políticos partidarios marcó un perfil periodístico propio. Generó muchas discusiones internas. Algunos lo querían más político…

 

 En ese tiempo, tu estabas al frente de un «núcleo» partidario integrado por trabajadores de la prensa, donde militaban algunas destacadas figuras periodismo.

 Sí, pero no publiques sus nombres… (se ríe). Dejálos tranquilos…

 

La Intendencia de Tabaré

 En 1990, el Frente Amplio logra ganar la Intendencia de Montevideo con Tabaré Vázquez y tu integraste su gabinete como jefe de Compras. ¿Qué implicó aquel triunfo?

 Quizás pueda resultar un poquito polémico, pero ese triunfo no lo esperaba nadie. El único ser humano que esperaba ganar aquellas elecciones era Tabaré Vázquez. El Frente Amplio entonces le dijo que los recursos humanos y materiales iban a estar destinados a sacar la mayor cantidad de diputados posibles, porque se había ido el PGP de Hugo Batalla que en las elecciones del 84 había sacado la mitad de los votos.

 

 La estrategia era ganar diputados ante la posibilidad de perder fuerzas…

 Sí, y yo lo compartí. Me pareció absolutamente lógico, pero ¿sabés cuándo me di cuenta de que podíamos ganar?… cuando Tabaré Vázquez dijo: «Bueno, hagamos nuestra propia campaña». Ahí fue cuando él empezó a recorrer los boliches, las fábricas, los lugares públicos, después empezó con las caminatas y las supercaminatas. Ahí vimos que ganaba. Se conectaba con la gente de una forma impresionante.

 

 Sobretodo porque era un candidato nuevo, que había aparecido de un día para el otro en la dirección del PS…

 Vázquez fue propuesto para integrar el Comité Central del PS en el 87 por Matilde Reich, después que tuvo una intervención sobre «El Deporte y el Socialismo» en un congreso partidario. Después fue lo del voto verde y empezó a surgir como figura.

 

 Finalmente, se ganó el gobierno municipal…

 Siempre digo que la inexperiencia era muy grande, pero se tuvo a Tabaré que era quien ordenaba las cosas.

 

 ¿Y cuánto costó pasar a administrar un gobierno, en tu caso desde un lugar donde se exigía mucha transparencia?

 Dependía de la preparación que tenía cada uno. Yo, aparte de mi actividad política, había tenido mucha preparación administrativa. Vázquez sobre todas las cosas delegaba.

 

 ¿En aquella División Compras encontraste rastros de corrupción?

 La sola existencia de una dirección frenteamplista empezó a limpiar las cosas. Los intentos que se hicieron los fuimos frenando…

 

 ¿Hubo intentos…?

 Sí, hubo.

 

 No era fácil ser gobierno…

 ¿Sabés lo que me dijo Tabaré? «Estás en un lugar terrible y todo esto es muy complejo. Yo no quiero perder cinco minutos de tiempo en estos cinco años en nada de este sitio. Tu lo manejas, los hacés y deshacés. Tengo que confiar plenamente en vos y solo si existen pruebas reales de corrupción, entonces sí, me pegás el grito»… Yo creo que le cumplí.

 

El conflicto de Adeom

 ¿Qué pasó con Adeom?

 En el caso de Adeom, los intereses corporativos siempre han sido muy fuertes. Muy fuertes y previsibles. Por otra parte, nada de lo que plantea Adeom  salvo algunas barbaridades, lógicamente  me sorprende. Es lo que plantean los dirigentes sindicales dentro de una metodología de sindicalismo antiguo. El dirigente sindical lo primero que debe llevar es la frente en alto y creo que algunos de Adeom les faltaba mucho mirar para arriba… Igual, pese al conflicto, la Intendencia salió con un visto bueno y apoyo de la opinión pública.

 

 ¿Es más difícil decir «no» desde un gobierno de izquierda?

 Claro, porque uno dice «no», pero realmente se te parte el corazón, porque vos estuviste del otro lado. Cada «no» duele mucho, pero cuando hay que decir que «no», se debe aguantar.

 

 En el conflicto con Adeom, aunque eras director de Descentralización, ejercías como intendente interino y terminaste protagonista del enfrentamiento. Sin embargo, tu habías advertido sobre las inconveniencias de firmar aquel convenio salarial que luego la Intendencia incumplió…

 … (hace un largo silencio y contesta con formalidad). Yo creo que desde el punto de vista financiero lo firmamos con mucho optimismo. Claro, era imposible prever la situación económica… (vuelve a hacer una pausa, me mira y se sincera) Mira, en realidad, te estoy dribleando… Yo me opuse siempre a la firma de ese convenio, porque dije que no lo podíamos cumplir.

 

 Como gobernante, debiste defender una posición con la que no estabas de acuerdo…

 Yo leí el día anterior las bases del convenio, y no fui a la firma. Era un espanto.

 

 Ese «espanto» llevó a una huelga muy dura. ¿Cómo la evalúas ahora?

 Fue una forma execrable de hacer sindicalismo. Es imposible pensar que gente cuerda, por desprestigiar el gobierno municipal, creyera que directores e intendente ante el insulto fuéramos a ceder. Hemos vivido en nuestra vida cosas mucho más graves. Sufrimos la dictadura, estuvimos presos, tuvimos compañeros torturados. La posición que asumí la volvería a repetir, porque no tenía más remedio… Los trabajadores, como dije, tenían razón, porque estaban reclamando algo que se había firmado, pero a la vez, no podían reclamar algo que, con sentido común y análisis, sabían que no se podía pagar. Tampoco podíamos decirle a la población de Montevideo que debía sufrir ajustes en un momento de inestabilidad económica como el de aquel momento. En esa alternativa de no poder cumplir con un reclamo de los trabajadores al que tenían derecho, o derivar el costo a una población que tampoco podría cumplir, se tomaron las decisiones que se tomaron.

 

El sueño de Ernesto

 Martin Luther King narró en su discurso «I have a dream», el sueño de una sociedad sin discriminación. ¿Cómo es tu sueño de sociedad del futuro?

 El futuro
es el socialismo. Va a llevar mucho tiempo. Aprendimos que se llegará por aproximaciones sucesivas y en mucho tiempo. Pero hay que trabajar y ser consecuente con eso. Aunque algunas medidas que se tomen no tengan nada que ver con el socialismo, tienen que estar siempre en pro de la gente. Yo creo que cada una de las cosas que hemos hecho en la Intendencia, han sido a favor de la gente. Eso es algo con lo que estamos cambiando, de alguna forma el capitalismo, al que no vamos a derrocar. No va a desaparecer el capitalismo. Nosotros hay cosas que nos las salteamos. Marx mismo decía esto, pero después vinieron otras lecturas del marxismo que hicieron que Marx dijera lo que ellos querían. Marx dijo que para cambiar el capitalismo había que hacerlo de a poco, porque el capitalismo tenía su rol de desarrollo y su rol de acumulación. En Uruguay, esto es difícil, porque no hay un capitalismo puro, no hay una burguesía nacional dispuesta a desarrollar el país. Ojalá tuviéramos otra burguesía, como la que tuvieron los suecos o los ingleses. Pero, en fin, en Uruguay tenemos lo que tenemos. Dentro de la burguesía, hay gente que se mata laburando, pero hay otra gente que aprovecha toda coyuntura para servirse del Uruguay y no acabar su desarrollo. Eso es lo que ha pasado. Si uno mira todas las inversiones que se han hecho en Uruguay y todos los fracasos que se han tenido en los últimos cincuenta años, verá que no solo son fracasos del Estado, sino que hay un fracaso de la burguesía nacional. La izquierda tiene que partir de esa base. De un capitalismo incipiente, con problemas, que no se borrará de un plumazo y se afirme la democracia, pero donde cada medida debe ser ética, en prosecución de ideales de justicia y solidaridad. Una ética llevada a la práctica, porque los versos se acabaron. Cuando se llegue al gobierno, que el tipo que está en el Pasteur reciba medicamentos. Esos es asistencia y es necesaria. Y a aquel que tenga hambre habrá que darle de comer. Y eso es asistencialismo y también será necesario. No cambiamos la mentalidad, es que tenemos que hacerlo como lo hicimos en la Intendencia. Me han acusado, diciéndome: «Esto es asistencialismo». A algunos les dará asco, pero yo prefiero que me de asco y no me tiemble la mano cuando estamos votando comida para seres humanos. Y ese asistencialismo deberá hacerlo la izquierda. Y dentro de eso, ir transformando de a poco a la sociedad. Nadie sueña en que cambiando tal o cual cosa se llegue a un socialismo en poco tiempo. Vivian Trías, a quienes algunos no han leído y otros leyeron mal, dijo que al socialismo se llegará por acumulación, pero nadie dijo si lleva 10, 20, 50 o cien años. El socialismo no se funda diciendo: «Libero a nuestro país sobre una revolución armada». Lo que tiene sentido es hacerlo con el convencimiento de la gente. `

Esa es la lucha que hay que dar. Y se puede si la gente ve que se hace sobre la base de la ética y la honradez. Lo que se hizo en Montevideo, a nivel de todo el país puede ser mucho más impactante. Deberemos aliarnos con la pequeña burguesía, que en toda esta etapa de décadas y décadas, ha sido nuestro aliado natural. No debe tener miedo a la izquierda, al contrario, la izquierda será quien la va a salvar. Y también habrá que tomar otras decisiones a la hora de resolver a quién aumentamos salarios, por ejemplo, entre los funcionarios públicos. Y la poca guita que se tenga deberá ir para Salud Pública, a los maestros o al Poder Judicial, y cuando vengan algunos bancarios o de los entes descentralizados a protestar, habrá que decirles «Alé cagué sur le malvón»… *

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