Escrito por: ANTONIO PIPPO

Desde temprano, advertà al señor diputado Daniel GarcÃa Pintos nervioso, tenso, saliendo por una puerta, entrando por otra y volviendo a salir por otra más (por un momento me hizo acordar a “El castillo de la suerte”), mientras mantenÃa en sala breves y prudentes Âyo dirÃa sigilosos- contactos con legisladores de la oposición.
Después comprendà lo que ocurrÃa; él mismo me lo dijo: “Hoy los votos suelen ser volátiles, fijate que no vino Abdala, no vino Argimón, no vinieron varios”. HabÃa calculado algo más de cuarenta y logró su objetivo, tras esas, sus intensas y explicables gestiones, con treinta y siete.
La moción del llamado a sala de la ministra de Defensa fue presentada en medio de la discusión del proyecto de ley que dicta nuevas normas para inclusión y regularización de deudas de contribuyentes del BPS, estableciendo adicionalmente estÃmulos a los buenos pagadores, aprobado luego, al final del plenario de anoche.
Aprobada la moción que presentaron GarcÃa Pintos y Guido Cardozo, el señor diputado VÃctor Semproni salió enseguida al paso, con una velocidad que contradice sus redondas formas de hoy. Adujo que no correspondÃa el llamado porque estaba vinculado a una eventual decisión del Presidente de la República Ânegar la extradición amparándose en el artÃculo 7 del Tratado entre Chile y Uruguay- que ya se conoce públicamente. Esto le bastó para calificar de disparate a la movida de GarcÃa Pintos y compañÃa.
Le contestó Javier GarcÃa, de Alianza Nacional, elegantÃsimo hoy con un traje de color que no pude definir pero que le sentaba muy bien, quien afirmó que si bien los blancos respetan y respetarán siempre las decisiones judiciales, hay aquà un espacio para que el Poder Legislativo controle las acciones del Poder Ejecutivo. Y recordó que esta instancia se podÃa haber evitado si el oficialismo hubiera apoyado la convocatoria de la ministra a una comisión parlamentaria.
Y la parte sustantiva del muy corto debate la cerró Alberto Scavarelli, reaparecido en estas salas desde ayer, quien explicó que si bien el Parlamento no se puede meter en el aspecto jurisdiccional, el propio Tratado con Chile contiene una facultad muy clara otorgada al presidente de la República y los legisladores tienen derecho a saber qué piensa Vázquez. (Con lo cual hizo como que no oyó a Semproni; quizás ocurrió asÃ, nomás, porque el legislador de Claveles Rojos habla muy bajito).
Como cierre, el presidente Cardozo dijo que coordinará con la propia ministra su comparecencia en sala.
De la media hora previa pueden rescatarse algunas observaciones.
Primero, las barras estaban casi colmadas. Esto me inquietó. Llegué a pensar, en un momento, que me observaban como si me culpasen de algo. ¿Estaré haciendo bien mi labor? ¿Qué pensará el omnipresente Fasano? ¿O seré culpable de algo, por ejemplo de haber desagrado al señor diputado Asti, quien ayer me hizo un comentario crÃtico que recibà con serenidad sublime?
De pronto, Javier GarcÃa se refirió, crÃticamente, al veto de la Intendencia de Montevideo al proyecto de Jacksonville, que generarÃa seis mil puestos de trabajo. A continuación, el señor diputado Juan Souza, del Espacio 609, procuró que todos compartieran los excelentes resultados del Foro Internacional del Agua desarrollado en México -adonde fue Arana- y recordó que estamos sentados (yo me imaginaba algo asà y menos mal que aclaró que era agua) encima de un gran caudal al que hay que defender.
Después hubo planteos del señor diputado Pablo Pérez, de la Alianza Progresista, sobre la misión del Instituto de Colonización; del señor diputado Roque Arregui, del Partido Socialista, sobre el acceso al agua potable de varias localidades de Soriano; del señor diputado Hermes Toledo, del mismo sector, sobre la necesidad de erradicar la cultura de mangarle trabajo a los legisladores (¡lo vas a eliminar si sos brujo!); y del señor diputado Horacio Yanes, del Nuevo Espacio, con alusiones positivas a experiencias derivadas del Plan de Emergencia (¿qué le parece, Marina?).
Aquà volvà a observar a las barras. ¿Me miran o no? Ah, ¿o será que he dedicado demasiado espacio a elogiar a algunas damas legisladoras, describiendo en detalle sus atuendos? Bien. Me convencÃ, me propuse no insistir en esto, que tal vez estaba siendo visto como una insistencia machista, y me empecé a fijar en los señores legisladores. Asà me detuve en Carlos Gamou, siempre de negro, hasta la camisa por fuera del pantalón con el mismo color; un estilo El Zorro pero con el perfil de Yul Brynner. Luego en Doreen Javier Ibarra, exhibiendo un traje a medida, con corbata un poco llamativa, en un estilo Angel Vargas con lentes. Y finalmente en el propio GarcÃa Pintos, cuyo traje entallado resaltaba su bien trabajada musculatura (¿por qué no iba a tener algo bien trabajado?).
Pero, claro, la carne es débil. En ese momento observé a la señora Irene Caballero, suplente del diputado Gandini, y me corrió un escalofrÃo por la columna vertebral (dentro de todo, menos mal). Pero resistÃ. Y algo más: me niego terminantemente a describir cómo vino ataviada a esta sesión la señora diputada Adriana Peña porque entonces todo se va al carajo.
Este figuraba en el quinto punto del orden del dÃa pero fue ascendido por razones de interés general: fue aprobado el proyecto por el cual se dictan normas para incluir y racionalizar su situación a contribuyentes morosos del Banco de Previsión Social. El texto incluye beneficios para los buenos pagadores.
Sobre este proyecto hablaron largo y tendido los señores diputados José Luis Blasina del Partido Socialista, Pablo Abdala del Herrerismo, Esteban Pérez del Espacio 609, VÃctor Semproni de Claveles Rojos y Alfredo Asti de Asamblea Uruguay. Todos, en realidad, estaban de acuerdo en lo esencial, aunque los blancos lograron que los cinco artÃculos con los que disentÃan fueran votados aparte, en bloque. No cambió nada, pero, bueno, procedimientos son procedimientos. El proyecto pasó de inmediato a la Cámara de Senadores.
Aquà advertà otro aspecto diferente de la sesión: los murmullos eran constantes durante las intervenciones y al presidente Cardozo parecÃa costarle intervenir. ¿Habrá abandonado aquel perfil tipo “Harry, el sucio” que exhibió varias veces ante mi admiración? Sólo cuando Pablo Abdala le pidió protección para un compañero cuya voz no se escuchaba, el presidente cambió de actitud e imprimió el timbrazo intimidador aunque usó un tono de voz más Mel Gibson que Clint Eastwood. ¿SerÃa por las bellas damas presentes?
Y al final, cuando yo creÃa que todo habÃa terminado, saltó el último tema: el proyecto que autoriza a OSE a celebrar contratos de función pública, con carácter permanente, con quienes integran Credimat. Y la sonora inquietud que surgió entonces de las barras me despabiló: ¡eran todos los de Credimat! ¡Qué me iban a estar observando a mÃ, no le sacaban el ojo de encima a los legisladores!
De todos modos, no hubiera sido posible otro comportamiento porque, justo cuando se definÃa su suerte, la señora diputada Peña, conversando animadamente con dos compañeros en su bancada, comenzó a sonreÃr sin parar. ¡Qué hermosa dentadura! (no hay caso, no tengo palabra). *
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