DESDE DIPUTADOS: El diputado colorado García Pintos logró su objetivo, con menos apoyo del esperado

La ministra de Defensa deberá comparecer ante Diputados por el caso de extradiciones

Una tensión explicable

Desde temprano, advertí al señor diputado Daniel García Pintos nervioso, tenso, saliendo por una puerta, entrando por otra y volviendo a salir por otra más (por un momento me hizo acordar a «El castillo de la suerte»), mientras mantenía en sala breves y prudentes  yo diría sigilosos- contactos con legisladores de la oposición.

Después comprendí lo que ocurría; él mismo me lo dijo: «Hoy los votos suelen ser volátiles, fijate que no vino Abdala, no vino Argimón, no vinieron varios». Había calculado algo más de cuarenta y logró su objetivo, tras esas, sus intensas y explicables gestiones, con treinta y siete.

La moción del llamado a sala de la ministra de Defensa fue presentada en medio de la discusión del proyecto de ley que dicta nuevas normas para inclusión y regularización de deudas de contribuyentes del BPS, estableciendo adicionalmente estímulos a los buenos pagadores, aprobado luego, al final del plenario de anoche.

Aprobada la moción que presentaron García Pintos y Guido Cardozo, el señor diputado Víctor Semproni salió enseguida al paso, con una velocidad que contradice sus redondas formas de hoy. Adujo que no correspondía el llamado porque estaba vinculado a una eventual decisión del Presidente de la República  negar la extradición amparándose en el artículo 7 del Tratado entre Chile y Uruguay- que ya se conoce públicamente. Esto le bastó para calificar de disparate a la movida de García Pintos y compañía.

Le contestó Javier García, de Alianza Nacional, elegantísimo hoy con un traje de color que no pude definir pero que le sentaba muy bien, quien afirmó que si bien los blancos respetan y respetarán siempre las decisiones judiciales, hay aquí un espacio para que el Poder Legislativo controle las acciones del Poder Ejecutivo. Y recordó que esta instancia se podía haber evitado si el oficialismo hubiera apoyado la convocatoria de la ministra a una comisión parlamentaria.

Y la parte sustantiva del muy corto debate la cerró Alberto Scavarelli, reaparecido en estas salas desde ayer, quien explicó que si bien el Parlamento no se puede meter en el aspecto jurisdiccional, el propio Tratado con Chile contiene una facultad muy clara otorgada al presidente de la República y los legisladores tienen derecho a saber qué piensa Vázquez. (Con lo cual hizo como que no oyó a Semproni; quizás ocurrió así, nomás, porque el legislador de Claveles Rojos habla muy bajito).

Como cierre, el presidente Cardozo dijo que coordinará con la propia ministra su comparecencia en sala.

 

Las otras cosas

De la media hora previa pueden rescatarse algunas observaciones.

Primero, las barras estaban casi colmadas. Esto me inquietó. Llegué a pensar, en un momento, que me observaban como si me culpasen de algo. ¿Estaré haciendo bien mi labor? ¿Qué pensará el omnipresente Fasano? ¿O seré culpable de algo, por ejemplo de haber desagrado al señor diputado Asti, quien ayer me hizo un comentario crítico que recibí con serenidad sublime?

De pronto, Javier García se refirió, críticamente, al veto de la Intendencia de Montevideo al proyecto de Jacksonville, que generaría seis mil puestos de trabajo. A continuación, el señor diputado Juan Souza, del Espacio 609, procuró que todos compartieran los excelentes resultados del Foro Internacional del Agua desarrollado en México -adonde fue Arana- y recordó que estamos sentados (yo me imaginaba algo así y menos mal que aclaró que era agua) encima de un gran caudal al que hay que defender.

Después hubo planteos del señor diputado Pablo Pérez, de la Alianza Progresista, sobre la misión del Instituto de Colonización; del señor diputado Roque Arregui, del Partido Socialista, sobre el acceso al agua potable de varias localidades de Soriano; del señor diputado Hermes Toledo, del mismo sector, sobre la necesidad de erradicar la cultura de mangarle trabajo a los legisladores (¡lo vas a eliminar si sos brujo!); y del señor diputado Horacio Yanes, del Nuevo Espacio, con alusiones positivas a experiencias derivadas del Plan de Emergencia (¿qué le parece, Marina?).

Aquí volví a observar a las barras. ¿Me miran o no? Ah, ¿o será que he dedicado demasiado espacio a elogiar a algunas damas legisladoras, describiendo en detalle sus atuendos? Bien. Me convencí, me propuse no insistir en esto, que tal vez estaba siendo visto como una insistencia machista, y me empecé a fijar en los señores legisladores. Así me detuve en Carlos Gamou, siempre de negro, hasta la camisa por fuera del pantalón con el mismo color; un estilo El Zorro pero con el perfil de Yul Brynner. Luego en Doreen Javier Ibarra, exhibiendo un traje a medida, con corbata un poco llamativa, en un estilo Angel Vargas con lentes. Y finalmente en el propio García Pintos, cuyo traje entallado resaltaba su bien trabajada musculatura (¿por qué no iba a tener algo bien trabajado?).

Pero, claro, la carne es débil. En ese momento observé a la señora Irene Caballero, suplente del diputado Gandini, y me corrió un escalofrío por la columna vertebral (dentro de todo, menos mal). Pero resistí. Y algo más: me niego terminantemente a describir cómo vino ataviada a esta sesión la señora diputada Adriana Peña porque entonces todo se va al carajo.

 

Los proyectos aprobados

Este figuraba en el quinto punto del orden del día pero fue ascendido por razones de interés general: fue aprobado el proyecto por el cual se dictan normas para incluir y racionalizar su situación a contribuyentes morosos del Banco de Previsión Social. El texto incluye beneficios para los buenos pagadores.

Sobre este proyecto hablaron largo y tendido los señores diputados José Luis Blasina del Partido Socialista, Pablo Abdala del Herrerismo, Esteban Pérez del Espacio 609, Víctor Semproni de Claveles Rojos y Alfredo Asti de Asamblea Uruguay. Todos, en realidad, estaban de acuerdo en lo esencial, aunque los blancos lograron que los cinco artículos con los que disentían fueran votados aparte, en bloque. No cambió nada, pero, bueno, procedimientos son procedimientos. El proyecto pasó de inmediato a la Cámara de Senadores.

Aquí advertí otro aspecto diferente de la sesión: los murmullos eran constantes durante las intervenciones y al presidente Cardozo parecía costarle intervenir. ¿Habrá abandonado aquel perfil tipo «Harry, el sucio» que exhibió varias veces ante mi admiración? Sólo cuando Pablo Abdala le pidió protección para un compañero cuya voz no se escuchaba, el presidente cambió de actitud e imprimió el timbrazo intimidador aunque usó un tono de voz más Mel Gibson que Clint Eastwood. ¿Sería por las bellas damas presentes?

Y al final, cuando yo creía que todo había terminado, saltó el último tema: el proyecto que autoriza a OSE a celebrar contratos de función pública, con carácter permanente, con quienes integran Credimat. Y la sonora inquietud que surgió entonces de las barras me despabiló: ¡eran todos los de Credimat! ¡Qué me iban a estar observando a mí, no le sacaban el ojo de encima a los legisladores!

 

Menos mal que salieron satisfechos. El proyecto fue aprobado

De todos modos, no hubiera sido posible otro comportamiento porque, justo cuando se definía su suerte, la señora diputada Peña, conversando animadamente con dos compañeros en su bancada, comenzó a sonreír sin parar. ¡Qué hermosa dentadura! (no hay caso, no tengo palabra). *

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