Díaz indemne: cerrada defensa oficial en un polémico debate
La de la bancada de diputados del Frente Amplio fue entregada por escrito a la prensa:
«1. Su firme respaldo a los lineamientos políticos y las medidas concretas que desde el comienzo de su gestión lleva adelante el Gobierno Nacional en su conjunto, y el Ministerio del Interior en particular, para mejorar la seguridad ciudadana».
«2. Reitera el compromiso asumido por el nuevo gobierno de asignar prioridad a la solución de los problemas de seguridad que afectan a nuestra población desde tiempo atrás, con el impulso, por primera vez en el país, de un paquete de medidas globales que ataquen sus manifestaciones y sus causas profundas, con una nueva concepción, distinta a las orientaciones que primaron en el pasado, que fracasaron en su intento por superar la situación de inseguridad que heredamos».
«El aumento de los recursos asignados en el presupuesto de reciente entrada en vigencia, la apuesta a la profesionalización, fortalecimiento de la policía nacional, y a su mayor presencia en las calles con el equipamiento necesario, las medidas de prevención y represión del delito implementadas, junto al impulso de las modificaciones legales necesarias, y la atención de la crisis carcelaria en el país, se inscriben en esta política conducida por el Ministerio del Interior».
«3. En ese sentido, reitera su respaldo a la actuación del ministro doctor José Díaz, quien se ha desempeñado en todo momento con responsabilidad y transparencia en un tema de alta sensibilidad para toda la ciudadanía. Un tema que merece de todos un tratamiento responsable, por encima de cualquier interés político menor, o la mera necesidad de confrontación con el gobierno».
«4. Por todo lo expuesto, rechaza el planteo de censura realizado por el Partido Nacional.»
A continuación –porque todos aprovecharon un hospitalario cuarto intermedio para expresarse con un poco más de calma– los partidos de la oposición comunicaron, brevemente, su posición.
El Partido Nacional insistió en la necesidad de censurar a Díaz, a quien acusan no sólo de no cumplir correctamente con su responsabilidad, sino también de mala voluntad y falta de diálogo con la oposición. Los blancos aclararon que no hablaban en nombre de su partido sino de toda la gente que sufre la inseguridad que el ministro no ha sabido resolver.
Esta posición fue acompañada por la bancada colorada, cuyos integrantes, además de compartir las opiniones de los nacionalistas, agregaron que, además, no habían sido convincentes los argumentos expuestos por el oficialismo.
Pero la sesión… ¡ay, la sesión!
Curiosamente (y lo digo porque después todo cambió de modo radical), a las 13.20, hora en que llegué a mi lugar de trabajo, había escaso clima laboral y más bien un ambiente de picnic al que todavía no han llegado las vituallas.
Cinco minutos después, cuando todavía nada había comenzado pese a que el plenario había sido citado para la hora 13, la bancada de periodistas me corrigió con dureza: yo postulé que íbamos a iniciar una trascendente sesión sin el aporte de la belleza femenina y se me hizo ver que estaba presente la señora diputada Adriana Peña (tal vez yo extrañaba entonces a las señoras diputadas Charlone y Argimón, a cuya observación estoy más acostumbrado pero, qué sé yo, ¡la mente humana es tan compleja!).
Todo comenzó a las 13.31, luego de que circularan abundantemente café, mate y mineral y se conversara con entusiasmo en diversos grupos. (Me hubiera interesado saber, antes del timbrazo del presidente Cardozo, si entre las preocupaciones previas de los legisladores figuraba, por ejemplo, descubrir qué hará realmente el psicólogo que Tabárez llevó a la selección uruguaya).
El señor diputado Jaime Trobo, con voz llena de energía (iba a decir «y patriotismo» y algo me detuvo), pidió la censura de Díaz apelando al clamor que dijo era de toda la sociedad, y especialmente los más pobres y desprotegidos, por la inseguridad que se ha adueñado del país. Insistió en que el Partido Nacional no tenía rencores políticos ni ideológicos y que se quería la censura porque el tema se ha ido de las manos del gobierno y el ministro responde con ineficacia y arrogancia. Agregó que ha habido imprevisión y temeridad, derogación de normas sin proponer alternativas y recordó que Díaz «privatizó» la seguridad personal del presidente Vázquez (esto no lo entendí muy bien, pero no importa teniendo en cuenta lo enojado que estaba Trobo).
A esta altura, como me hallaba inquieto por la energía del censurante, atiné a recorrer con la vista el augusto recinto y comprobé que, a las 13.40, la señora diputada Charlone, elegante como siempre, ya estaba en sala. Me alegré.
Cuando Trobo discurría todavía por los grandes errores de Díaz, la mesa lo dejó con la palabra en la boca. El presidente, emulando a Clint Eastwood, dijo secamente y tras un timbrazo que sonó como un disparo: «Terminó su tiempo».
Luego ocurrió algo para mí tan misterioso como la táctica de Garisto: el señor diputado Daniel Mañana de Alianza Nacional pidió la palabra, pero Trobo, amparado en una interrupción reglamentaria, siguió hablando. El caso es que Mañana, tal vez porque su apellido encierra además un destino, anoche no habló.
Entonces llegó el turno del tornado Daisy (respetuosamente). La señora diputada Tourné, con un porte, un tono y un arrollador discurso de esos que no admiten réplicas (si uno quiere algo a la vida), enarboló la bandera de la defensa del ministro atacado; dijo que el pedido de censura en un estado de derecho era algo gravísimo y que debería venir sustentado en hechos y argumentos sólidos y no en falacias. Recordó todas las comparecencias de Díaz y Faroppa al plenario y a las comisiones donde explicaron lo que había que explicar, dio cifras para echar por tierra la ominosa realidad expuesta por la oposición y comparó la crítica constructiva que hizo la izquierda cuando era oposición con esta búsqueda (creo que la calificó de barata o de baratita) de rédito político.
El presidente Cardozo (bueno, a fin de cuentas es un caballero), empleando ahora un tono de Cary Grant, le dijo «terminó señora diputada», a lo que Tourné, sensibilizada en lo más profundo de su ser femenino, contestó, con un delicado movimiento de pestañas, «!qué lástima!».
A esta altura, alrededor de las 14. 17 hizo irrupción la señora diputada Beatriz Argimón (y valió la espera): su tailleur entre fucsia y uva generó un brevísimo pero casi solemne momento de admiración y silencio.
Se complicó todo
A continuación, los hechos me superaron. Lo confieso y me hago cargo.
Hablaron el señor diputado Dotti, de Alianza Nacional, el que parece haber tenido un crecimiento de su inversión abdominal, y le contestó a Tourné que en ese preciso momento había salido y no se enteró- espetándole que había que leer los diarios y ver la televisión, al revés de lo que cree el gobierno, para enterarse de lo que pasa realmente; luego fue el turno del señor diputado Abdala, del Foro Batllista, que dijo cosas conmovedoras: «No estoy seguro de estar en esta sala hoy» (y pidió asesoramiento psicológico debido a lo irreal que consideraba los argumentos del oficialismo), «!hay que ser guapa!» (sacándole el sombrero, simbólicamente, a Tourné, a quien calificó de soldado de un gobierno profudamente equivocado) y, en determinado momento, admitió que podía necesitar ser medicado (no me fijé al irme, pero supongo que a la salida había una cola de aspirantes a resolverle los problemas con alguna pastillita).
Durante esta int
ervención, a Abdala lo miraban fijamente dos mujeres: Beatriz Argimón, cruzada de brazos y con una expresión indefinida en el rostro que me inquietó, y la señora diputada Nora Castro que parecía querer pegarle con algo al soldado de Sanguinetti.
Después, se precipitó a la sala el pecado colectivo de la abundancia.
Hablaron Edgardo Ortuño (en la línea precisa y contundente de Tourné, aunque con la virtud adicional de la brevedad); Nora Castro (malísima, a grito pelado, aunque con argumentos muy sólidos); Jorge Gandini de Alianza Nacional (durante su exposición se advirtió a Semproni echando un sueñito, no todos tenemos la misma resistencia); Gustavo Bernini, Ivonne Passada y Jorge Orrico (que con astuta verbosidad y una gran preparación jurídica calentó a muchos porque no permitió interrupciones); Abdala (otra vez, respondiendo a Orrico, ya sin alusiones hamletianas ni terapéuticas); Sandra Etcheverry de Alianza Nacional (enojadísima con Orrico, parecía Eva Perón, parecía) y Alvaro Alonso de Desafío Nacional (que introdujo un aspecto distinto, al decir que Díaz, la vez anterior, se pasó en el Parlamento leyendo carpetas que le habían preparado otros como «si fuera un mangangá»…¿amarillo?).
No es ociosa esta referencia, porque Alonso tuvo imitadores. El señor diputado Ramiro Goñi de Alianza Nacional, al aludir a la preocupación de unos vecinos, dijo que se sentían como «cercados por una bandada de tábanos».
Y así, hasta el final. Aunque sin nuevas apelaciones a himenópteros ni dípteros branquiceros.
Me gustaría destacar algunos comentarios que merecen un monolito estilo Altavista. La señora diputada Alba Coco Soto, de la Unidad Encuentrista Salteña, reaccionó con furia porque había sido aludida cuando fue al baño y aclaró que «todos los seres humanos, incluso las mujeres, tenemos necesidades fisiológicas» (nadie lo discutió y fue el primer consenso de la noche). Y el señor diputado Mauricio Cusano, de Alianza Nacional, le preguntó a la mesa: «¿Cuándo me va a tocar, así vengo?». A esta altura tuve dos inconvenientes acerca de los cuales, oportunamente, hablaré con mi terapeuta. La confusión generada por el debate acentuó mi habitual incontinencia urinaria (sospecho que fue el instinto de supervivencia) y, al regresar del baño, me dio por mirar hacia el hermoso palco con balaustrada del primer piso y ví, o creí ver, a Salgán, D’Elío y Marconi tocando «A fuego lento».
Duró un instante, me pareció un mensaje que quizás debía descifrar, pero qué bien me hizo.
El final
El debate siguió, largamente aún, pero yo quedé presa de una cierta ensoñación por esa visión y no le presté atención. Póngalo en mi debe, lector.
Lo concreto, sobre el final, es que varios legisladores del oficialismo se preocuparon de destacar la corrección con que el presidente de la Cámara, el nacionalista Julio Cardozo, condujo el extenso plenario, despejando algunas dudas que se habían alentado antes y que resultaron totalmente infundadas.
Por otra parte, el Partido Nacional presentó su moción de censura que, como era previsible, no obtuvo los votos necesarios y fue desestimada. *
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