Blancos presentaron moción de censura a Díaz
Ayer, apenas hube ingresado puntualmente a la sala a la hora 16, me senté en el lugar que se me indicó y de inmediato sentí la tentación de mirar hacia arriba. ¡Esas marmóreas columnas, esa cúpula acrisolada, esa sensación de solemne inmensidad de la historia! Y recordé a Frugoni, a Erro, a Flores Mora, a Wilson, a Ortiz, a Vasconcellos, a tantos…
Al culminar la sesión comencé a interrogarme y no he logrado aún la respuesta- acerca de si esa tentación tendría que ver también con un presentimiento que agitó mi espíritu desde el primer momento (y no sé por qué): mirar hacia arriba iba a resultar mucho más entretenido que mirar hacia abajo, es decir hacia la sala adonde habían comenzado a llegar los señores legisladores.
Saque usted sus propias conclusiones, lector.
Asistencia, puntualidad, respeto
Primera comprobación: los señores diputados, salvo excepciones, no profesan la puntualidad; los asuntos entrados se leyeron a las 16.22, cuando hubo número y luego de un par de timbrazos intimidatorios de la mesa para detener cierto alegre desorden que había comenzado a imperar. Segunda comprobación: una gran cantidad de señores diputados no asistió a la sesión. Tercera comprobación: la enorme mayoría de los señores diputados presentes se distrajo de múltiples maneras hablando en pequeños grupos, entrando y saliendo, conversando por celular, tomando café o mirando hacia arriba, como yo- mientras exponía cada uno de quienes habían sido incluidos en la lista de oradores de la media hora previa.
Esto último plantea, al menos para un novato en estas lides como yo, una duda: ¿a quién le hablan los que hablan durante la media hora previa? ¿A sí mismos? ¿A la posteridad? Pensándolo bien, no importa; todos, puntualmente, recibieron los votos de aprobación del resto que no había escuchado nada- para enviar la copia de sus palabras a algún lado.
Incluso advertí el caso de un señor diputado quien, habiendo ingresado a sala cuando se votaba, levantó su mano como un resorte aunque, como es evidente, no tenía la más remota idea de qué se estaba tratando. Me hizo acordar a un viejo parlamentario, famoso por sus pullas y aguijonazos, que un día entró a sala diciendo: «¿Qué se está votando que yo me opongo?».
Seguramente, esto me será explicado en próximas sesiones y llegaré a comprender que la culpa es mía, que no entendí lo que ocurría y que todo está bien así.
Algunos apuntes imprescindibles
Una noticia: Alianza Nacional esta vez fue mayoría. Tres de sus legisladores hablaron durante la media hora previa David Dotti, Jorge Romero Cabrera y Quintín Olano-, frente a dos del Foro Batllista Germán Cardozo y Tabaré Hackenbruch (h)- y ninguno del Frente Amplio.
Al comienzo, se dio una circunstancia extraña. El presidente del cuerpo, Julio Cardozo, dio la palabra al primero de la lista anotado, el señor diputado Ricardo Rodríguez. Pero no estaba…
Los planteos expuestos fueron desde el pedido de soluciones para someter a diálisis a pacientes que viven al norte del Río Negro sin tener que recurrir inexorablemente a Montevideo, hasta la situación del balneario San Luis de Canelones, pasando por el agradecimiento a quienes ayudaron a una población del Interior cuando un terrible temporal y la inseguridad que sigue creciendo en el interior urbano, suburbano y rural (o sea que llega hasta el Uruguay profundo).
Hubo dos aspectos destacables que fueron más allá de estos temas. El señor diputado Cardozo (del Foro Batllista) usó un elevado tono de voz con cierto matiz de barítono, mientras el señor diputado Abdala, revolviendo lentamente su café, lo apoyaba a pocos metros con cabezazos enérgicos y luego, por las dudas, decidió aplaudirlo discretamente. Por otra parte, el señor diputado Olano apoyó su exposición con la grabación del testimonio de un vecino, cosa que, según me dijeron algunos cronistas parlamentarios más experimentados, es bastante inusual. Bueno, a veces una dramatización ayuda al convencimiento que se busca (por ejemplo, la señora diputada Argimón, sentada junto a Olano, lo miraba realmente conmovida, torciendo su grácil cabeza que me pareció más rubia; o no sé si todo esto, incluyendo lo del color del cabello de la parlamentaria, fue una trampa de mi imaginación).
La moción de los blancos
Terminada esta etapa, la mesa leyó la moción de censura al ministro del Interior José Díaz presentada por el Partido Nacional. Fue una cuestión de rutina y la mesa quedó encargada de hacer las gestiones habituales para fijar la fecha en que Díaz concurrirá a sala, supuestamente acompañado por varios asesores (que Faroppa va, munido de varias carpetas, es una fija).
Al llegar aquí, nadie habló, nadie fundamentó, nadie discutió nada. Fue una de las cosas más importantes que ocurrieron pero fue un mero trámite, así que, hasta que llegue el momento, me quedé con las ganas.
La gestión de Casaretto
Esto no ocurrió en sala (o sí, porque fue en sala donde se me entregó el documento) y es relevante. El señor diputado Federico Casaretto, de Correntada Wilsonista, comunicó por escrito su encuentro según sus expresiones muy auspicioso- con el economista Mario Bergara, subsecretario de Economía. Casaretto viene proponiendo desde fines del año pasado la eliminación del Impuesto de Primaria. Según esta información, Bergara fue muy receptivo y ahora se abren dos posibilidades: que el Ministerio de Economía acepte que dicho impuesto se deduzca del futuro impuesto a la Renta y que Correntada Wilsonista, con Casaretto a la cabeza, presente una iniciativa parlamentaria que elimine el impuesto de Primaria logrando, paralelamente, una financiación alternativa.
Un final incomprensible
El presidente Julio Cardozo planteó levantar la sesión para asistir al sepelio de Ubagesner Chaves Sosa.
En realidad, todos estaban de acuerdo pero se produjo igual una discusión que no entendí porque todos hablaban a la vez, empezando por el señor diputado del Frente Amplio Edgardo Ortuño, y los micrófonos, salvo el de Cardozo, estaban cerrados- y que se explica en recuadro aparte. *
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