"Me precio de haber sido el agente de renovación más grande en la historia de mi partido, después de Wilson"
–Doctor Lacalle, en la actualidad nacional hay una serie de temas que parecen requerir distintas opiniones de gente con mucha experiencia política, en un esfuerzo por aportarle a la opinión pública elementos que le hagan entender mejor esas cuestiones. Uno de esos temas, que creo es muy caro para usted porque lo ha manejado y se ha convertido en una suerte de especialista, es el Mercosur. Le he oído decir «Mercosur político no, Mercosur comercial sí». Amplíeme este concepto.
–Hablemos claro, porque es nuestro deber. El Mercosur nace como un proyecto económico y comercial, no sólo en la letra de todos los acuerdos y tratados firmados, sino en la intención de las partes. Y además, agrego que yo, como Presidente en nombre del Partido Nacional, jamás hubiera iniciado un proyecto político. Usted lee el proemio del Tratado de Asunción y habla de aumentar la producción, etcétera, y todas las menciones son de carácter económico comercial. A partir de que entra en vigencia plena, que es en enero de 1995, los sucesivos gobiernos aceptaron agregar elementos políticos ajenos a la letra y el espíritu del Tratado. Por ejemplo, se votó la cláusula democrática, que creo que es un ingrediente que no tiene que ver con un acuerdo comercial, porque si mañana en el Brasil ocurre algún episodio no democrático le vamos a seguir vendiendo y comprando. Son andariveles distintos. Luego empiezan a producirse los elementos distorsionantes de lo económico y comercial y no se encaran. Cuando el Tratado decía vamos a coordinar las políticas macroeconómicas y monetarias, nunca se intentó y entonces sobrevinieron las devaluaciones brasileñas. Se fue desvirtuando su principal objetivo, único objetivo, y se avanzó en los otros. La patología, en el buen sentido de la palabra, del Mercosur se acelera en el gobierno del doctor Batlle y más en el gobierno actual, hacia decisiones que son, por ejemplo, crear la categoría de «socio político». Y conste que la crítica no va por ser el socio político quien es, Venezuela, sino que sería lo mismo si fuera Colombia o Ecuador o cualquiera. Y culmina este desvío del Mercosur original al punto de que los padres, que somos nosotros, no lo reconocemos prácticamente, en la suscripción del Tratado para la creación de un parlamento del Mercosur. Esto no es lo que estaba acordado, en lo económico y comercial se dejó sin reclamar violaciones como lo son lo del arroz en Brasil o las bicicletas o la loza sanitaria en Argentina y tenemos un Mercosur empantanado o no funcionando del todo, porque tampoco es todo malo, vamos a aclarar, en su objetivo central y avanzando en algo que no estaba previsto.
–¿Esto que usted describe dificulta aún más las posibilidades de que Uruguay comercie con el resto del mundo? No sólo me refiero al eventual tratado con Estados Unidos, tema de amplio debate, sino que amplíe su comercio libre con países como China, India, Rusia, Irán, etcétera.
–Antes déjeme precisar algo. La asociación que nosotros teníamos in mente, es la misma que tienen Canadá y México con Estados Unidos. Su principal cliente es Estados Unidos. Es fantástico el crecimiento económico que se ha producido. Pero en lo político no tienen nada que ver. Esa es la visión de un Mercosur funcionando. Ahora bien, yo creo que el país ha tenido, desde que nació el Mercosur, ahora menos, una división de su comercio en mitades. Tenemos comercio importante con Europa, muy importante ahora con los Estados Unidos, con el Asia, principalmente con China, y entonces tenemos que mantener esa doble vía de nuestra relación con el mundo. Es más, uno de los alcances del Mercosur era hacer de él un bloque negociador, fuerte, del cual Uruguay se beneficiara, porque nosotros solitos no contamos demasiado.
–Esto plantea otra cuestión: Uruguay, si queda eventualmente solo, o acompañado a medias o con determinadas dificultades por esa cuestión política a que usted alude, ¿puede comerciar con esos mercados en condiciones adecuadas?
–Yo creo que lo que el Uruguay va a hacer con Estados Unidos, y me parece muy inteligente, es primero obtener ampliación de las cuotas de lo que tenemos, para lo cual no hace falta tratado ni nada. Es una firma del Departamento de Comercio de Estados Unidos cambiando donde decía tenemos tanto en corderos o en textiles o lo que sea, ahora tenemos cuanto. Ahora, Uruguay está habilitado para firmar un Tratado de Libre Comercio. Brasil lo ha hecho. Y agrego una cosa que no me gusta en la forma en que se plantea: hace un mes se reunieron Argentina y Brasil, en esa bilateralidad que ha sido símbolo de la patología del Mercosur, que la han tolerado Uruguay y Paraguay, grave error, y dijeron «bueno, pobre Uruguay, démosle una oportunidad».
–Hay otro aspecto que a lo mejor tiñe de político el asunto, porque usted sabe de una teoría que dice que, al no existir una bipolaridad a nivel mundial como equilibrio natural, el Sur pobre corre el riesgo de volver a etapas donde Estados Unidos se queda con todo…
–Primero no tenemos que tener complejos con Estados Unidos. Segundo, hay una antiquísima confusión que es mezclar la nación Estados Unidos con la Casa Blanca. El doctor Herrera siempre decía «no hay que confundir al Departamento de Estado con Estados Unidos». Nosotros tenemos hoy y hemos tenido en el pasado serios reparos con actitudes políticas de Estados Unidos, pero eso no quiere decir que no veamos en esa nación fantástica una oportunidad para hacer buenos negocios y aumentar la prosperidad. Yo he acuñado algo que dice que el nuevo nombre del nacionalismo es la prosperidad. Es más país un país donde hay trabajo, un país de venir y no un país de irse. En ese sentido, Uruguay tiene que seguir siendo un gran cliente de China. Yo no comparto la política de China, en derechos humanos u otras, pero el mundo de los negocios es así. ¿O Estados Unidos no negocia con China, o con Vietnam, donde dejó enterrados 58.000 soldados? Lo que ocurre es que la izquierda nacional conservadora se mueve con esquemas, y esquemas antiguos.
–Está bien, pero ¿cómo hace un país chico y probablemente solo como el nuestro para luchar contra los subsidios y el proteccionismo?
–El proteccionismo del Japón, la Unión Europea y los Estados Unidos es la peor guerra que vive el mundo. No es la de Irak. Produce más muertos y más desgracias la inequidad del sistema comercial mundial que cualquier guerra que ahora se esté librando. Pero esa es una gestión en la cual el Uruguay no puede solo, ni siquiera el Mercosur solo, tiene que ser una presión del resto del mundo sobre el egoísmo de esa especie de burbuja donde los ciudadanos pagan mucho más todo porque, absurdamente, tienen que mantener a unos granjeros que producen mucho más caro. El Uruguay es militante en esas causas, pero en el entremedio, si puede encontrar resquicios, tiene que aprovecharlos. Si yo logro aumentar la cuota Hilton en Europa, y si logro aumentar cuotas con Estados Unidos, tengo que hacerlo, porque a los muchachitos hay que darles de comer ahora, sin perjuicio de la gran causa y la gran lucha.
–Ya que estamos en los grandes temas, hay otro de absoluta actualidad. Se lo planteo porque sé que usted tiene opinión definida y porque en estas horas ha sido recreado con una alusión a una eventual disolución de las Cámaras por parte del Presidente Vázquez. Me refiero al proyecto de ley llamado de despenalización del aborto y aclaro que, posteriormente, Vázquez lo desmintió.
–Recordemos que la Constitución de la República, en un tinte parlamentarista de una Constitución semiparlamentarista, agregó en 1967 la disolución de las cámaras con un mecanismo que es como embocar a la quiniela de Tokio y de Bahía
el mismo día. Cuidado: el único procedimiento es a través de una censura al ministro. Si el Presidente lo quiere poner en marcha, o alguien se lo sugiere, pues ahí tiene, con la censura que vamos a plantear al ministro Díaz, un mecanismo largo en su poder, pero mecanismo al fin, porque él la hace votar o no la hace votar. De todos modos, creo que esto pertenece al mundo de lo imaginario, pero es posible aunque no probable. Sobre el aborto, yo, por convicciones religiosas y porque el país suscribió el Tratado de Costa Rica, creo que la vida comienza en la concepción y debe ser protegida desde la concepción. Y este es un tema en el cual, como en algún otro, coincido plenamente con el presidente Vázquez, que ha sido muy valiente en esta decisión. Y hay que decirlo, porque si hay verdes, algunas maduras deben haber también.
–Permítame ahora, doctor Lacalle, llevarlo al terreno político. Hay como una suerte de convicción vinculada al hecho de que la izquierda llegó al poder con una mayoría absoluta histórica no sólo por la acumulación generada a lo largo de los años por diversas causas, sino también por el deterioro de los partidos tradicionales. Ahora se habla de que estos partidos no se renuevan. Me importa planteárselo porque usted –y esto no es una calificación gratuita, porque la opinión circula públicamente– sigue siendo reconocido como uno de los estadistas que le quedan al país. Pero simultáneamente, esto coincide con resultados electorales que no lo han favorecido y con una cierta imagen, yo diría no muy bien definida, pero que sobrevuela entre la gente, de que usted fue muy afectado por denuncias de corrupción durante y posteriormente a su gobierno, y que, salvo en referencia a alguno de sus colaboradores, no fueron probadas. ¿Cómo se plantea todo esto en el marco de la renovación de su partido y de sus propias expectativas personales?
–Yo tengo esperanzas y expectativas políticas porque es un tiempo político, no un tiempo electoral y me he negado a hablar de elecciones cuatro años antes de las mismas porque me parece una frivolidad. Yo pretendo ser un agente político importante en la medida en que la gente acepte mis propuestas y mis ideas. Y me precio de haber sido el agente de renovación más grande en la historia de mi partido después de Wilson Ferreira. Y no me estoy comparando con Wilson: simplemente, la tarea que hicimos, la primera renovación, fue llevar al partido al poder. Yo le devolví al partido, con mis compañeros, la vocación de poder, el instinto del poder, para lograr esta secuencia que hoy todos aceptan. Se decía «los blancos no pueden ganar el gobierno», lo hicimos; se decía «los blancos no pueden tener un equipo de gobierno», lo tuvimos, excelente; se decía «los blancos no saben gobernar», y supimos. ¿Que pasa el tiempo? Por supuesto. Si la renovación se mide en años habría que decir a qué altura uno deja de ser renovador. Luis Alberto de Herrera fue jefe del Partido Nacional hasta los 84 años y hasta el último minuto formuló acciones e ideas. Entonces, la renovación está bien, y yo he dado oportunidades a gente joven para que transite conmigo y hoy día son personalidades políticas importantes.
–Le voy a plantear, con todo respeto, algunas circunstancias que pueden inscrustarse en esa voluntad que usted expresa ahora. Por ejemplo, cuando el presidente Vázquez se dirige primero que nadie a usted para consultarlo sobre un asunto de Estado, esto provocó ciertas molestias, por ejemplo en el senador Larrañaga. Por otro lado, hay algún adelanto de gente que estaría dispuesta a disputarle el liderazgo del Herrerismo, caso de Luis Alberto Heber.
–Vamos por partes, dijo Jack el destripador. Primero, el doctor Vázquez, en diciembre pasado, en una asamblea de Cambadu, dice «hay que reconocer que el presidente Lacalle fue un gran presidente de este país». Yo le tengo que agradecer que lo haya dicho él, y no porque crea que alguien tenga que decir lo que es: yo no creo haber sido un gran presidente, yo fui un buen presidente, yo estoy donde la historia y mi propio esfuerzo me han colocado, yo estoy en HD. Luego, Vázquez me visita en mi casa. No fue a ver al vocal del directorio, sino a uno de una especie muy limitada, que son los ex presidentes: Sanguinetti, Batlle y yo. Y me pregunta sobre algo que se supone que yo sé: el Mercosur y el destino del Río de la Plata, sobre lo que, como herrerista, tengo una visión concreta y clara. Ese es Luis Alberto Lacalle dotado de ciertas calificaciones que nadie le puede quitar. Luego está el Luis Laberto Lacalle eventual partícipe de disputas electorales: yo no lo conozco, no quiero hablar de él. No voy a hacer ahora nada más ni nada menos que lo que quiero hacer: alguien que tenga influencia en la vida del Uruguay.
–Ahora, no me niegue, con su habitual habilidad dialéctica, y tómelo como una hipótesis periodística: el doctor Lacalle quiere ser eso que dice, pero además tiene legítimas aspiraciones que quizás no son para expresarlas en este momento…
–…son distintas de las del 89 y cualquier otra circunstancia. Simplemente digo: no me amputo ninguna posibilidad, pero cuando lo resuelva voy a ser primero yo y después mis compañeros. Y lo haremos en buena armonía en el Herrerismo, donde está el senador Heber, que ha anunciado su deseo, y me parece muy bien que lo haga porque tiene la edad, tiene la experiencia y el prestigio que se ha sabido ganar. Entonces, en armonía, diremos: «¿cómo está la cosa? ¿Vamos con fulano o vamos con mengano?». Porque ahora a mí no me caben egoísmos, sino realismo y sentido de los resultados.
–Usted es un hombre con amplias relaciones en el espectro político, incluso con el Partido Colorado, que ha sido, algunas veces sí y otras no, un partido de acompañamiento en la oposición. Voy a esto: si los partidos tradicionales no se recrean o renuevan, y dejemos de lado el aspecto cronológico, ¿a usted no le preocupa que el Partido Colorado parezca estar aún más lejos de la renovación para lograr un determinado crecimiento que, en una hipótesis electoral futura, ayude a enfrentar a una izquierda que difícilmente llegue demasiado debilitada?
–El mecanismo actual de elección es binario. Y desde enseguida de las internas la gente sabe quién es el que pinta como número uno y quién le puede ganar. Eso es muy cruel, pero hay una gran cantidad de electorado que no vota «por» sino «contra». Este régimen binario favoreció al Partido Nacional y lo va a seguir favoreciendo, porque el general Seregni, alguna vez nos tiró un envite, él que era tan colorado, tan batllista en su formación y en su origen, diciendo que iba a haber una bipolaridad nueva: Partido Colorado y Frente Amplio. La torta se le hizo un pan. Y hoy no es que esté instalado eso, pero todo hace suponer que la opción ante el Frente es el Partido Nacional y lo va a seguir siendo en el tiempo inmediato. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad