"No rechazamos el ALCA, queremos discutirlo pero sobre otras bases"
Contrapunto: Usted llegó al gobierno con una amplia mayoría, la que se expresa en ambas cámaras, esto le otorga una apreciable ventaja con respecto a anteriores gobiernos, dado que no necesita de alianzas para legislar, pero también puede convertirse en un punto en contra si no logra mejorar en algo la, en algunos casos, desesperante situación económica de vastos sectores de la población uruguaya. ¿Cree posible, en un corto plazo, digamos al finalizar el primer año de gobierno responder en algo a ese desafío? ¿Qué medida está tomando el gobierno en ese sentido, tanto en el corto y mediano plazo, como para el largo plazo?
Presidente Tabaré Vázquez: El Plan Nacional de Emergencia Social es un compromiso de gobierno que ya estamos cumpliendo como forma de atender a los aproximadamente 200.000 compatriotas que viven, o mejor dicho sobreviven, en condiciones de desamparo social.
Según los datos más recientes, alrededor de 41.000 núcleos familiares están integrados a dicho Plan que por cierto no erradican la pobreza, pero es un imprescindible «dique de contención» a la misma.
Por cierto que este Plan de Emergencia es acotado en sus objetivos, en su duración y en sus recursos, pero simultáneamente a su instrumentación y sobre la base de la misma el gobierno ya está sentando las bases de políticas sociales es decir, intervenciones de la sociedad sobre sí misma para satisfacer y realizar los derechos políticos, económicos, sociales, civiles y culturales de la gente- en el contexto de una estrategia nacional de desarrollo de más largo plazo
El Plan de Emergencia, destinado a los sectores más pobres de la población ha tenido problemas de instrumentación, lo que ha generado protestas de algunos sectores e incluso críticas hacia el interior del propio gobierno por el accionar de la ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi. Se ha definido el plan como el buque insignia del gobierno, aunque a usted no le gusta esa denominación, pero el mismo no ha sido hasta ahora todo lo eficiente que debería ser: la ansiedad de la población es muy grande. ¿No lo preocupa ese tema? ¿Solo cree que es parte del aprendizaje de ser gobierno?
Por supuesto que como Presidente de la República tengo la obligación de responder adecuadamente a los reclamos de la gente. Más aún cuando esos reclamos no son nada más ni nada menos que la justa reivindicación de inalienables derechos largamente postergados …
En ese marco, me preocupa cualquier retraso o disfuncionalidad del gobierno en cualquiera de sus áreas y programas.
No ignoro las expectativas de mucha gente que desde hace mucho tiempo espera que el gobierno los atienda y asumo las dificultades existentes en la instrumentación del Plan de Emergencia.
Pero tampoco ignoro que es la primera vez que se instrumenta un plan de estas características y envergadura; y me consta que varios de quienes critican la marcha del Plan de Emergencia han descubierto la pobreza ahora que no están en el gobierno.
El Plan de Emergencia está acotado en el tiempo, tiene un plazo, dos años, y además sólo llegará a 50 mil familias, según lo acordado con el Fondo Monetario Internacional, pero en Uruguay hay muchas más familias que requieren de ese paliativo, ¿cómo piensa que puede llegar a cubrir esa demanda?
El Plan de Emergencia tiene varios componentes: programas alimentarios y de atención en salud, planes de re-alfabetización y capacitación laboral, subsidio directo con contraprestaciones, etc.
De una forma u otra el Plan de Emergencia está, progresivamente, llegando a sus destinatarios.
¿Cuál es el criterio del Plan de Emergencia? A la distancia puede parecer que tiene un mero objetivo asistencialista y aunque se diga que es integrador, usted mismo lo ha dicho, no va mas allá de cierta prestación monetaria o en canastas con víveres a cambio de una mínima contraprestación difícil de controlar, de seguir de cerca. ¿No cree que perpetúa más exclusión desde el punto de vista social? ¿No ve de difícil integración al mercado laboral a quienes hoy reciben el Plan de Emergencia? ¿Qué va a pasar con esa gente una vez que finalice el plazo del Plan de Emergencia?
Creo que esta pregunta ya ha sido respondida. En todo caso, y ya que usted hizo referencia al asistencialismo, permítame decirle que la asistencia es un derecho de quien no puede salir por sus propios medios de una situación de desamparo social y una responsabilidad de la sociedad en su conjunto para con esa persona en esa situación.
En otras palabras: yo no creo que este Plan de Emergencia sea meramente asistencialista, pero si lo fuera no sería un escándalo. Escándalo era la indiferencia, el clientelismo o la incompetencia que demostraron anteriores gobiernos ante esta situación.
Uruguay vivió desde el año 2000 y hasta el 2003 una crisis económica que el país no conoció en su historia y que lo dejó postrado, sin embargo, desde el 2004 el país empezó a enderezarse, aunque con secuelas importantes como el aumento de la pobreza, ¿cree usted posible seguir por esa senda de crecimiento y a la vez atender la emergencia social tal como se plantea hacerlo?
Articular desarrollo económico con desarrollo social no solamente es posible; es imprescindible. Si el desarrollo no es armónico no es desarrollo; es deformación.
En la campaña electoral usted dijo a lo largo y ancho del país que su gobierno iba a llevar cambios, cambios profundos, cambios reales; cambios para todos los ciudadanos, pero, hasta dónde es posible procesar esos cambios visto el poco margen de maniobra que tiene el gobierno para llevarlos adelante. Me refiero a que Uruguay tiene un endeudamiento con los organismos internacionales que es de los más grandes del mundo en la relación per cápita. Hasta ahora en la mayoría de las acciones de gobierno y sin calificarlas hay más de continuidad que de cambio. Lo concreto es: ¿por dónde pasan esos cambios?
Respeto su apreciación, pero no la comparto. Durante la campaña electoral propusimos cambios necesarios, posibles, responsables, progresivos y progresistas que la ciudadanía apoyó y nos encomendó realizar desde el gobierno.
Y en eso estamos. Sin duda estamos lejos de los objetivos planteados, pero el país está bastante mejor que cuando asumimos las tareas que la ciudadanía nos confió.
Como hacer para que vastos sectores de la dirigencia de izquierda, acostumbrados a decir que no, ahora en el gobierno tengan que cambiar su discurso, moderarlo. ¿Comparte en que hay que procesar también un cambio en la cultura de gobierno y comunicarlo de la mejor manera a la sociedad?
Sostener que vastos sectores de la izquierda uruguaya acostumbrados a decir que no ahora tengan que cambiar el discurso es, en mi modesta opinión, un reduccionismo.
Ejemplos sobran en la historia de nuestro país, incluso en la más reciente, de la lealtad institucional, de la responsabilidad política y del compromiso nacional de la izquierda uruguaya.
No hemos dicho «no» a todo. Y cuando hemos dicho «no», no hemos estado solos. Si mal no recuerdo, y por citar apenas un caso, nuestra oposición a la privatización de las empresas públicas uruguayas fue acompañada en distintos plebiscitos por alrededor del 65% de los votantes.
Hace ya unos meses su antecesor el liberal ex presidente Jorge Batlle, lo acusó de tener como objetivo controlar a la sociedad desde el Estado a través de «un socialismo de Estado totalitario». ¿Qué dice usted de esto; Ud. nunca le respondió?
Ni he respondido ni voy a responder tales expresiones. La realidad habla po
r sí sola.
En la década de los `70 y hasta mediados de los ´80 se vivió la violencia institucionalizada del Estado a través de dictaduras que dejaron heridas en la sociedad muy difíciles de cerrar. Hoy su gobierno está empeñado en cerrar esas heridas a través de una política de Derechos Humanos donde se pretende llegar a la verdad de lo ocurrido. Hasta ¿dónde está dispuesto a investigar y seguir adelante?
Dentro de la Constitución y la ley el Gobierno Nacional en su conjunto y yo como Presidente de la República estamos comprometidos y dispuestos a ir tan lejos como sea necesario y posible.
No es una postura nueva y quien así la entienda llegó increíblemente tarde a una historia que de tan reciente aún es presente. Dolorosamente presente para todos
Las «soluciones legales» que en su momento se encontraron para superar ese dolor han demostrado ser inocuas. El dolor continúa y es lógico que así sea: la verdad y la justicia no son valores a término.
Nosotros, como la gran mayoría de la sociedad uruguaya e incluso el sector mayoritario de la oposición parlamentaria, estamos buscando mecanismos para asumir el pasado sobre bases de verdad y justicia.
¿Y por qué el pasado? No por nostalgia ni revanchismo, sino porque no hay futuro sin libertad; y la libertad implica, entre otros factores, asumir el pasado.
¿Cuenta usted con el apoyo de las Fuerzas Armadas para seguir adelante en las investigaciones sobre las violaciones de los DDHH en toda su magnitud?
Hoy en Uruguay las Fuerzas Armadas están institucionalmente subordinadas al poder político.
Desde el fin de la dictadura, Uruguay no ha definido el concepto de Defensa Nacional, un insumo que reclaman las Fuerzas Armadas para poder planificar su futura gestión. El gobierno que Ud. preside, ¿tiene definido llevar adelante esa tarea?
Hace pocas semanas, en el marco de una Conferencia de Directores de Colegios de Defensa de Iberoamérica realizada en Montevideo, expresé la necesidad de reformular una política de defensa mediante un proceso que involucre a la sociedad en su conjunto.
Porque la globalización como conjunto de procesos no solamente ha cuestionado conceptos tales como soberanía, seguridad y nación, sino que además dejado claro que la defensa es mucho más que la ausencia de violencia o la inexistencia de conflictos entre estados.
Y además, porque estos temas no son competencia exclusiva de los entendidos en la materia, su resolución es derecho y responsabilidad de todos los ciudadanos.
Con respecto a otro tipo de violencia como puede ser la que vive la sociedad actualmente, ya no proveniente del Estado, sino como consecuencia de la propia exclusión, me refiero a la violencia y la inseguridad ciudadanas y que en Uruguay no llega a los niveles de países vecinos, pero que hay que atender, ¿como acometer ese desafío? Hoy mucha gente tiene claro que el tema de la inseguridad es uno de los principales y visualiza a su gobierno como dubitativo.
El tema de la inseguridad es, al fin y al cabo, un tema de convivencia. Es decir, un asunto organización y funcionamiento democrático de la sociedad. Y en eso no tenemos dudas.
El gobierno, dentro de lo establecido por la Constitución y la ley, es riguroso con el delito. Y es riguroso también con las causas del delito.
Mire que el desamparo social no se resuelve modificando el Código Penal o construyendo cárceles para pobres.
Se aprobó una ley integral sobre cárceles, llamado Ley de Humanización para el sistema carcelario. Unas cárceles que están a punto de explotar. Un punto que generó inquietud entre la población fue el que se refiere a la liberación anticipada de los presos que hayan cumplido con determinadas condiciones. Se llegó a manejar que iba a haber una suerte explosión del delito, cosa que no ha ocurrido. Visto ahora en la perspectiva que da el tiempo, ¿cree que hubo un manejo interesado, con operaciones de prensa para generar temor en la población y de paso debilitar la imagen de su gobierno en el manejo mediático del asunto.
No es mucho el tiempo transcurrido desde que dicha ley entró en vigencia. Apenas unas pocas semanas durante las cuales, dicho sea de paso, la reincidencia ha sido insignificante.
Reconozco que la liberación anticipada de detenidos puede resultar una medida antipática para mucha gente y hasta políticamente desgastante para cualquier gobierno democrático.
Pero la dignificación del sistema carcelario también es un asunto que hace a la calidad de la convivencia democrática de un país.
Por otra parte, según los datos más recientes, muy pocos han reincidido en infracciones.
Hoy la principal oposición a su gobierno parece provenir de la propia izquierda de parte de algunos integrantes del propio Frente Amplio y pero también de los sectores ultra radicalizados, no integrados a la fuerza de gobierno, y muchos piensan en el «síndrome Allende»…
Son contextos y coyunturas diferentes.
Aquella experiencia, con todo lo que tiene de tragedia y enseñanza es, reitero, una experiencia. No es una profecía ni un destino ineluctable.
¿No haber estado nunca en el gobierno, convierte la necesidad de «crear poder» en otro de los importantes desafíos de su gestión?
El poder, en el sentido que entiendo usted utiliza el término, no se crea desde el gobierno…
Uno de los aspectos más complicados que ha vivido el país es la sangría que ha vivido Uruguay en estos años. Se estima que se fueron del país desde 1960 a la fecha más de medio millón de uruguayos, paralelamente la tasa de natalidad es muy baja, casi no hay tasa de reemplazo y eso afecta cualquier plan de desarrollo que se quiera llevar adelante. ¿Tiene en carpeta planes específicos para afincar a los uruguayos que están afuera del país y por otro lado un fomento de la natalidad o el ingreso de emigrantes de otros países para crear un mercado interno que hoy es casi inexistente?
Uruguay es un buen país para nacer y vivir. Y nuestro compromiso es crear y consolidar condiciones favorables para ello; para que el nacimiento no sea un problema, para que la educación y el trabajo no sean un privilegio, para que la creación y la alegría no estén bajo sospecha, para que la vejez no sea una condena. Estamos trabajando para que los uruguayos puedan vivir en su país, sin necesidad de tener que emigrar para buscar en otros países lo que el suyo les niega. Y trabajamos también para que nuestros compatriotas que por una razón u otra viven en el exterior no pierdan sus raíces y se sientan parte del Uruguay. Porque la patria, no por ser peregrina, deja de ser patria.
Históricamente Uruguay ha tenido una relación muy fuerte con tres países europeos: Italia y España porque el Río de la Plata ha sido el refugio de miles de emigrantes que huyeron de la guerra y con Francia por la cercanía cultural. Cree que es clave mantener esos vínculos. Cómo cree que es mejor procesarlos, ¿a través del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), como bloque o unilateralmente?
No hay incompatibilidad alguna entre integrar el Mercosur y mantener relaciones bilaterales con otros países. La política exterior de un país, si es seria, no puede ser «en blanco y negro»
En la campaña electoral la fuerza que lo llevó al gobierno hizo especial hincapié en el desarrollo productivo con justicia social. En una época se privilegió el Uruguay país de servicios. Qué es hoy Uruguay, desde el punto de vista productivo; ¿piensa privilegiar algo en particular?
Impulsamos una estrategia
de desarrollo productivo integral en la medida que supere falsas incompatibilidades tales como «Uruguay agroexportador o Uruguay de Servicios», «Uruguay Natural o Uruguay tecnológico». En nuestro proyecto de desarrollo productivo hay lugar para la biotecnología, los agronegocios, las tecnologías de la información y la comunicación, las industrias de la cultura y el turismo, etc. Porque aunque es cierto que ningún país es competitivo en todo, también es cierto que no es bueno limitar la competitividad a un solo rubro.
¿Qué rumbo va a tomar el gobierno en materia económica: intervencionismo estatal puntual en algunos aspectos o una economía de mercado con un Estado básicamente regulador donde el sector privado sea el motor de la economía? Por lo pronto en materia laboral hay para el sector empresarial señales confusas: se reconoce que las ocupaciones sindicales de las empresas son legales, como parte de la extensión del derecho de huelga, una ley de fueros sindicales que no ha tomado en principio en cuenta varios de los reclamos del sector empresarial y que aducen además que puede afectar la generación de trabajo para los jóvenes y futuras inversiones tanto nacionales como extranjeras.
Basta repasar las principales variables económicas del país para tener una idea de las dificultades que encontramos al asumir el gobierno y, consecuentemente, el estrecho margen de maniobra que tenemos para superarlas. No es una excusa; es un dato de la realidad.
Y ante esta realidad el gobierno ha optado por impulsar una estrategia económica que comprende cuatro aspectos fundamentales: la promoción de inversión productiva; el desarrollo del crédito indispensable para dicha inversión; una reforma tributaria acorde a los fines del crecimiento; y, no por último menos importante, la generación de un escenario de confianza y estabilidad para que la inversión se concrete y avance.
Uno de los aspectos centrales de su plan de gobierno es el fortalecimiento del MERCOSUR…
Los procesos de integración regional no son repentinos ni lineales; requieren tiempo y no están libres de dificultades.
El Uruguay, por vocación y convicción, quiere más y mejor MERCOSUR en términos de unión aduanera, de complementación de procesos productivos, de accesibilidad a los mercados, de integración física y energética, de preservación y respeto al medioambiente, de complementación científica y tecnológica, de fortalecimiento institucional y, sobre todo, más y mejor Mercosur en términos de ciudadanía, de democracia y de desarrollo. Sobre estos puntos hemos trabajado durante nuestra gestión en la Presidencia pro Témpore del Mercosur.
¿Cree que la posición de Uruguay en la reciente Cumbre de Mar del Plata puede haber deteriorado la relación con los Estados Unidos habida cuenta que su accionar en la misma fue fundamental para rechazar el ALCA promovido justamente por el presidente George Bush?
No. Nuestra postura en la reciente Cumbre de las Américas no fue de rechazo al ALCA; nuestra propuesta fue discutir la posibilidad del ALCA sobre otras bases.
¿No cree que para un país pequeño, como Uruguay, con una economía pequeña, la alternativa es abrirse al mundo como lo hizo Chile o Irlanda?
La cuestión no es abrirse al mundo. La cuestión es insertarse bien en el mundo, que es otra cosa, y que es lo que están haciendo los países que usted nombró y otros que podríamos nombrar. Cada uno a su manera, porque en esta materia no hay verdades absolutas ni recetas infalibles.
El relacionamiento con Venezuela: participación de Uruguay en el canal multiestatal TeleSur, negociaciones comerciales avanzadas en varios rubros, una posición común frente al ALCA es un indicativo de cierto apego por el gobierno de Hugo Chávez. ¿Hay afinidad ideológica con Chávez?
Con Venezuela nos une la hermandad que tenemos con todos y cada uno de los países de Latinoamérica. Y Chávez es el Presidente constitucional de Venezuela. No ocupa ese cargo porque sí, o porque se lo arrebató a alguien (más bien todo lo contrario…)
¿Cómo observa la situación de crisis que vivió el gobierno de Lula en Brasil, con denuncias de corrupción y un giro hacia la derecha para mantenerse en el gobierno y atemperar las críticas? Qué análisis hace del asunto: ¿cree que la corrupción algo inevitable en el ejercicio del poder?
No me corresponde opinar sobre asuntos internos de otros países. Confío en los valores democráticos de la sociedad, el sistema político y el gobierno de la hermana República Federativa del Brasil.
Históricamente, salvo en el período de Allende, Uruguay no ha posado la vista en Chile, ¿cree que el modelo del presidente Lagos, que sin prisa pero sin pausa ha ido desmontado lo creado por Pinochet es un ejemplo a seguir? ¿Hay intención de profundizar las relaciones comerciales con ese país, ahora con la nueva administración de Michelle Bachelet?
Aunque la geografía impuso una cordillera y un desierto entre Chile y sus vecinos, hay una larga historia de relaciones bilaterales entre ese país y el Uruguay.
Juntos, cada uno desde su respectiva identidad, chilenos y uruguayos hemos recorrido un largo camino común que no ha estado libre de dificultades y tragedias. En ese camino hoy hay esperanzas y posibilidades que es nuestro compromiso hacer realidad.
Argentina es por su cercanía, su similar cultura e incluso por su competencia en el fútbol, un país con el que tradicionalmente las relaciones diplomáticas han sido muy fluidas. En este período particular, con el presidente Néstor Kirchner las mismas se acentuaron merced a una simpatía personal que va más allá de lo protocolar entre dos mandatarios, sin embargo han existido en los últimos meses algunos encontronazos.
El proyecto de instalación de dos plantas de celulosa en el margen oriental del río Uruguay, limítrofe con Argentina está provocando picos de alta confrontación que llegó en algún momento al retiro momentáneo, por una horas, de sus respectivos embajadores, hecho inédito en las relaciones entre los vecinos del Río de la Plata. ¿Cómo caracteriza el estado hoy de las relaciones diplomáticas entre ambos países?
Muy bueno. Sobre bases de mutuo reconocimiento y respeto, como debe ser.
¿Cómo se para Uruguay ante el fenómeno del terrorismo que hoy atraviesa a la sociedad occidental como un fantasma que se ha corporizado en los atentados, primero contra las torres gemelas en Nueva York, luego con Atocha en España y recientemente en Londres?
Nuestra postura la del gobierno nacional, la de la fuerza política responsable del mismo, la de la sociedad uruguaya en su conjunto- es clara y firme: rechazamos todo tipo de terrorismo, violencia y discriminación.
Samuel P. Huntington en su ensayo «¿Choque de civilizaciones?» publicado en 1993 en la revista norteamericana Foreign Affairs, afirma que «la principal fuente de conflicto en un nuevo mundo no será fundamentalmente ideológica ni económica, el carácter tanto de las grandes divisiones de la humanidad como de la fuente dominante de conflicto será cultural». ¿Comparte esa conclusión?
No. Estos desarrollos sobre supuestos «choques de civilizaciones» no pasan de ser intentos de justificar lo injustificable …
Usted se define como un hombre de izquierda, con sensibilidad de izquierda. ¿Qué significa ser de izquierda hoy, no solo en el Uruguay sino en el mundo?
En tiempos en que el fin de la humanidad es una posibilidad estremecedora pero real, ser de izqui
erda es negarse a aceptar tal posibilidad; negarse con inteligencia y voluntad; con pasión por la libertad y con compromiso democrático. *
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