"Las relaciones entre los países están por encima de las coyunturas políticas"
–¿Cuál es su posición respecto a negociar un Tratado de Libre Comercio con EEUU?
–Para tener una opinión frente a un Tratado de Libre Comercio, lo primero es conocer qué dice ese tratado. Uno no puede estar de acuerdo o en contra de un Tratado que no conoce y si favorece o no al país productivo que estamos comprometidos a crear. Por lo tanto, pronunciarse a favor o en contra implica en primer lugar conocer los términos de ese tratado.
Pero, más allá del Tratado y de su contenido, es claro que integramos el Mercosur y que un TLC debe necesariamente contar con el acuerdo de nuestros socios del bloque regional. Eso es elemental. En lo personal hago una fuerte apuesta a la integración latinoamericana.
–Entonces, un TLC ¿encaja o no dentro del plan «país productivo» que el gobierno pretende impulsar?
–Un Tratado de Libre Comercio, para ser coherente con un «país productivo», lo que importa es conocer los términos de ese Tratado.
–Pero no hay mucho para innovar en un TLC.
–No, pero un TLC establece condiciones para ese comercio. Los Tratados de Libre Comercio no son exactamente todos iguales. Y entre otras cosas cuando se suscriben entre países que tienen realidades económicas claramente diferentes.
Pero además, negociar un TLC con los Estados Unidos implica hacerlo desde nuestra ubicación actual dentro del Mercosur, por lo que es necesaria una autorización previa de nuestros socios.
–A la hora de priorizar estratégica y económicamente a Uruguay, ¿qué conviene más: el Mercosur o acuerdos extrarregionales?
–No tengo ninguna duda de que el fortalecimiento del Mercosur, aunque sin desatender la apertura extrazona. Creo que nuestro país hace bien en su visión de futuro si abre las posibilidades al mercado mundial.
Hoy es claro que el crecimiento económico de los últimos años no viene por la colocación de nuestros productos en los mercados regionales, sino por su colocación fuera de la región. No obstante ello creo que el futuro de los países de América Latina pasan por la consolidación de un bloque latinoamericano por lo que el Mercosur es una primera etapa.
–Teniendo en cuenta sus orígenes dentro del Partido Colorado, ¿se imaginaba que figuras relevantes de la izquierda iban a promocionar en el futuro acuerdos comerciales con Estados Unidos?
–Está dentro de las posibilidades. No tengo dudas de que todos dentro del Frente Amplio coincidimos con la propuesta de cambio y el carácetr progresista del Frente, pero eso no significa que todos tengamos la misma visión de lo que significa la definición «progresismo».
Hay sí un programa de gobierno que es la síntesis que nos ha unido, pero es lícito que existan matices con distintos grados de importancia.
–Mi pregunta apuntaba a otra cosa.
–Claro, pero yo no ignoro las diferencias que hay dentro del Frente Amplio y en esa variedad de orígenes y opiniones no excluyen los planteos que se han sucedido en los últimos tiempos.
Lo que importa es definir de qué se habla cuando se habla de coherencia, porque veo que tú me estás preguntando si el Frente está siendo coherente con su historia.
–Sí….
–Bueno, te contesto así: todo pasa por definir cuándo se es coherente, y coherente con qué se debe ser. Hay quienes creen que la coherencia debe ser con la táctica.
Algunos que se debe ser coherente con la estrategia. Yo creo que la coherencia es con los objetivos. La táctica se adecúa a las distintas circunstancias.
–¿Usted quiere decir que el fin justifica los medios?
–No, eso lo decís vos. Yo digo que cambiaron las circunstancias que obligan a medidas o herramientas distintas y la cuestión es saber si somos coherentes con los objetivos. Sería gravísimo pretender ser coherente con los objetivos utilizando las mismas herramientas aunque las circunstancias hayan cambiado.
No se puede analizar las cosas esquemáticamente, cosa que normalmente le pasa a quien no tiene mucho aporte de neuronas y entonces cuadriculadamente pretende que las mismas cosas hay que hacerlas de la misma forma aunque los tiempos y los momentos sean distintos.
Antes, ser de izquierda en este país significaba que había que hacer las cosas igual a como se hacían en otros lados, porque de lo contario no era ser de izquierda o revolucionario. Luego, la vida demostró que no era así.
–Entonces, para usted hoy ser de izquierda no colisiona con el hecho de apoyar un TLC con los Estados Unidos, el país ícono del imperialismo por excelencia.
–Yo no dije eso, eso lo decís vos. Dije que un Tratado comercial o de inversiones no implica una comunión de ideas con los gobiernos de esos países. Es lo que nosotros reclamamos históricamente, por ejemplo, rechazar los bloqueos a países por razones políticas como el bloqueo a Cuba.
Las relaciones con los países están por encima de las coyunturas políticas, por eso ningún país ha decidido romper relaciones con los Estados Unidos a pesar de que históricamente ha tenido una actitud que todos los países han criticado.
Por eso es que debe analizarse la posibilidad de un Tratado, e implica además analizar si conviene a los intereses de nuestra fuerza política y que propulsa para el país.
–En el año 2003, un Congreso del Frente Amplio aprobó el rechazo a establecer un comercio bilateral con los Estados Unidos. ¿Qué opinión tiene?
–Yo creo que eso fue una decisión válida y me parece que llegado el momento el Frente Amplio debería analizar la posibilidad por los mecanismos estatutarios que tiene.
Yo no integraba el Frente en aquel año pero asumo su historia y sus compromisos. Si hoy se volviera a analizar este tema en un Congreso, posiblemente yo votaría también en contra.
Pero repito que hay que conocer qué significa un TLC con Estados Unidos, porque si se tratase de que nuestros productos entren al mercado norteamericano libremente y los de ellos también a Uruguay ahí yo digo no, porque afectaría el mercado de nuestros socios del Mercosur y nosotros nos convertiríamos en un país productor de vacas y corderos.
Allí no estaríamos construyendo un país productivo. Pasaríamos a ser un país vaquero. *
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