Orletti, Simón y el Penal de Punta Rieles
Asilú Maceiro era militante del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y dirigente de la Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas hasta 1975, fecha en que se ve obligada a abandonar el país por su actividad en el movimiento obrero estudiantil. Esto la lleva a Buenos Aires, donde se aloja en la casa de Sara Méndez hasta el 13 de julio de 1976, día en que ambas, y el pequeño Simón, son detenidas por un comando militar. Luego de recibir una violenta golpiza durante los interrogatorios, las dos fueron recluidas en Automotores Orletti hasta el 25 de julio del mismo año, cuando junto a 21 uruguayos más y María Claudia García de Gelman fueron trasladadas a Uruguay en el denominado «primer vuelo».
Al igual que todos los detenidos en esa ocasión, al arribar a Montevideo fue encarcelada en la Casona de Punta Gorda y luego en las instalaciones del Servicio de Información y Defensa del Ejercito (SID).
A los tres meses de haber sido apresada la justicia militar la sentenció a prisión y determinó su reclusión en el Penal de Punta de Rieles donde permaneció hasta el 8 de mayo de 1981.
Al recuperar su libertad Maceiro intenta sin éxito recuperar su cargo de enfermera en el Hospital de Clínicas, razón por la cual durante un tiempo se dedica a la costura y el tejido como medio de obtener ingresos. Poco tiempo después, su participación en una cooperativa productiva le permite conocer al maestro rural Mauricio Vergara, con quien contrae matrimonio y se muda a Laguna Merín en el departamento de Cerro Largo. A partir de allí retoma su militancia en el Frente Amplio y su actividad social, que con el tiempo se concentrará en la ciudad de Río Branco.
Allí vivió hasta hace unos días, cuando debió ser internada en el Hospital de Clínicas como consecuencia del padecimiento que le provocaba el cáncer de útero que se le había diagnosticado recientemente.
Sara Méndez, en diálogo con LA REPUBLICA, recordó la peripecia que ambas vivieron con idénticas características y períodos de tiempo, a la vez que remarcó el hecho de que su fallecimiento sea «el primero de un sobreviviente del primer vuelo», así como que se haya producido en la misma fecha en que se conmemora el deceso de Tota Quinteros. En tal sentido la definió como «una luchadora incansable, peleó por vivir hasta el último momento con una lucidez increíble.
Los mismos médicos no podían creer que la dosis de morfina no actuara como debía. Además, llevó, por elección propia, una vida muy humilde, tanto que hoy fue velada en las salas municipales y murió a los 66 años en el Hospital de Clínicas en el que trabajó y tanto quiso». *
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