Cobarde agresión a un vendedor independiente de LA REPUBLICA
La agresión determinó una rápida intervención de la policía en moto conocida como «Puma». El gerente general de LA REPUBLICA se hizo presente en el lugar para solidarizarse con el «canillita». Pedazos de vidrios quedaron en el piso como evidencia de la barbarie cometida.
El quiosco está en San Martín y Bulevar Artigas. El viernes pasado, «el canillita» eligió la misma esquina para vocear el diario plural, el segundo diario en ventas, y el primero en influencia en la opinión pública. El quiosquero matón decidió imponerse por la violencia.
Primero fue el episodio de la botella.
El quiosquero la rompió contra una columna del alumbrado y amenazó al «canillita» callejero para impedirle que continuara su tarea. Después le pateó los diarios que llevaba, y por último le impidió que pudiera continuar con su trabajo.
La estructura metálica en la que el quiosquero exhibía sus diarios, ninguno correspondiente a la edición de LA REPUBLICA, fue a parar contra una pared, sostenida con sólidas varillas de hierro y varios candados. El violento quiosquero debió dar explicaciones a la Policía.
El empresario, afiliado al autodenominado Sindicato de Vendedores y Revistas, el ilegal monopolio corporativo que encabeza Eddie Espert, había acatado el boicot contra la distribución de LA REPUBLICA.
El «canillita» demostró con valentía el desacuerdo de los más humildes.
Es que el irracional, arbitrario, e inconstitucional acto perpetrado por Espert sólo podría ser reflejo del interés corporativo de una minoría de unos 20 o 30 «canilludos», los jefes de las sucursales distribuidoras de Montevideo, Pando y El Pinar, únicos opositores a un diario barato.
Los «canillitas» callejeros, beneficiados por un diario popular a $15, que triplicó su tiraje en su primera experiencia, dieron sus primeros pasos hacia el silencioso pero creciente desacato, ante el matonismo de Espert, y pierden el miedo frente a los quiosqueros prepotentes. *
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