"Quizás ahora la justicia prevalezca"
Héctor Corbo, de 56 años de edad, es casado y tiene tres hijos. Vive en Artigas, la ciudad donde nació y se crió -«en un barrio como tantos», dice- hasta que, cumplidos los 16 años, ingresó a la Escuela Naval. Su padre había estado en el Ejército, en el escalafón de Educación Física, pero se retiró joven y, al igual que su madre, ejercía como docente.
Corbo tenía una hermana que se llamaba María de los Angeles, pero a la que todos le decían Marisa. Ella era mayor, le llevaba un año de edad. El soñaba con navegar y recorrer el mundo. Ella soñaba con cambiar el mundo. Era militante estudiantil y había estado detenida durante cuatro meses en 1971 bajo medidas prontas de seguridad.
Héctor se recibió en ese 1971 como el mejor alumno de su generación en la Escuela Naval. Marisa, junto a su compañero Daniel Brum, se fue a Buenos Aires en 1972. La pareja se había integrado al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Nunca perdieron el contacto con la familia, que les escribía y visitaba con frecuencia.
En 1974, Marisa quedó embarazada y sus padres planificaron una visita que no pudieron concretar. No volvieron a verla viva. Marisa y Daniel fueron secuestrados en Buenos Aires el 8 de noviembre de ese año, el mismo día que, también en Argentina, eran capturados Graciela Estefanell, el matrimonio Floreal García y Mirtha Hernández, con su hijo Amaral García, y Julio Abreu.
Amaral recuperaría su identidad en 1985, luego de permanecer una década con otro nombre y otra familia. Abreu, sería el único sobreviviente del grupo de uruguayos que, detenidos de Argentina, fueron trasladados a Montevideo y torturados en la Casona de Punta Gorda hasta el 20 de diciembre de 1974, cuando los fusilaron cerca de la localidad de Soca, como presunta represalia por el asesinato, un día antes, del coronel Ramón Trabal en París.
La entrevista que Abreu dio un mes atrás a LA REPUBLICA, cuando rompió un silencio de 30 años, pese a las amenazas recibidas, y contó la verdad de lo sucedido, llevó a Héctor Corbo a escribir un impactante testimonio (ver nota adjunta) en el que narra lo que su familia sufrió ante los fusilamientos de Soca y en la que reitera su reclamo de verdad y justicia.
Héctor Corbo amplía en la presente entrevista ese relato, en el que detalla cómo el vicealmirante Víctor González Ibargoyen les pidió disculpas en su nombre y en el del entonces dictador Juan María Bordaberry, por el masivo asesinato que le endilgó al Ejército uruguayo. Corbo, quien abandonó la Marina en 1988, también declarará como testigo en la causa que será judicialmente reabierta.
Espectadores de Marisa
¿Cómo era su hermana; recuerda alguna anécdota de chicos?
Mi hermana era alegre, divertida, bonita y muy agradable. Desde su adolescencia fue novia de Daniel. Siempre organizaba teatros bailables donde mis padres y yo éramos los espectadores mientras ella hacía despliegue de todo tipo de bailes, con mucha gracia.
Usted era oficial de la Armada. ¿Cómo surgió su vocación por el mar?
¿Cómo surge una vocación? Es difícil de recordar, quizás la mística de la Marina de descubrir el mundo me deslumbró.
¿En qué año ingresó, qué grado tenía en 1974 y hasta cuándo permaneció en la fuerza?
Ingresé en la Escuela Naval en 1967, y egresé en 1971 como derecha de promoción. Hice un viaje de instrucción de 8 meses por el mundo. En 1974 cuando sucedieron los hechos, era alférez de fragata. Permanecí en la fuerza hasta 1988 que me retiré como capitán de fragata y me vine al interior. Mi esposa se sentía presionada por las amenazas, había buenas oportunidades de trabajo en Artigas y yo estaba en condiciones de retiro.
Su hermana había estado detenida en 1971. ¿Ella tenía militancia política, gremial o estudiantil?
Mi hermana tenía actividad estudiantil.
¿Cómo era su relación con ella y con su marido Daniel Brum? ¿Hubo algún tipo de distanciamiento familiar, cuando su padre también había sido militar?
Las relaciones familiares siempre fueron buenas, nunca existió ningún tipo de distanciamiento con ella o Daniel. Estando en la Escuela Naval concurrí en varias oportunidades a la Escuela Carlos Nery, donde estaba recluida, a visitarla con mis padres.
¿Cómo y dónde vivió el 9 de febrero de 1973 y el 27 de junio de ese año?¿Estaba de acuerdo con el golpe?
Nunca estuvimos de acuerdo con el golpe de Estado, éramos blancos y mi padre con actividad política wilsonista. Durante el quiebre institucional del 9 de febrero permanecí leal al sector de la Marina que apoyó al gobierno en contra del golpe. Estuve apostado en el Barreminas Maldonado en el puerto, mientras otro sector de la Marina cerraba la ciudad Vieja. Estuvimos varios días con una tensión terrible esperando la evolución de los hechos.
Mirarlos bien, y no olvidar
¿Cómo reaccionan cuando se enteran de la desaparición de su hermana? ¿Sabían que estaba embarazada?
De la detención de mi hermana no nos enteramos. Escuchamos la noticia del hallazgo de los cuerpos directamente. Manteníamos contacto con mi hermana. Mis padres iban a Buenos Aires a visitarla periódicamente e intercambiaban correspondencia. Sabíamos del embarazo. Pensaban ir en noviembre, no pudieron por razones de trabajo.
¿Hicieron gestiones acá y en Argentina? ¿Tenían contacto con las familias de Estefanell y García que también habían desaparecido entonces?
El contacto con los familiares de las otras víctimas se estableció a posteriori. Desconocíamos lo que pasaba, de la búsqueda que había realizado Estefanell nos enteramos después.
No puedo imaginar el impacto de cuando se enteran por un comunicado público del hallazgo de los cuerpos en Soca ¿Cómo fue aquel peregrinaje para recuperar los cuerpos?
Ante la noticia es difícil explicar lo que se siente, parece una pesadilla que no te puede pasar. Por diferentes medios pudimos enterarnos que los cuerpos estaban en el cementerio de Soca. Fuimos en un auto prestado, no teníamos, junto con el padre de Daniel. Me acuerdo que pasamos una noche en la plaza, frente a la Comisaría, en idas y venidas para que nos permitieran verlos. Ponían trabas de todo tipo, en una actitud soberbia que daba asco, la indiferencia ante el dolor ajeno. Al fin pudimos acceder al cementerio cerca del mediodía del 21, fuimos los primeros familiares que llegamos. Los pudimos retirar con la empresa Martinelli.
¿Quien firmó los certificados de defunción?
Al certificado de defunción lo firmó un médico que vino de la playa, creo que era suplente y puso de testigo a dos personas que no sé de donde salieron. Mi padre hizo abrir los cajones en la empresa para que los mirara bien y no me olvidara del estado en que estaba mi hermana, era un compromiso que debía asumir y llevar hasta el final. A pesar de que mi padre era una persona fuerte, nunca lo había visto tan quebrado. Los velamos y enterramos juntos.
¿Es cierto que usted hizo retirar de la sala velatoria a presuntos agentes de inteligencia?
Es cierto que durante el velatorio había personas de civil que intimidaban a los que concurrían, entonces al percatarme de su presencia los obligué a retirarse.
Perdón de vicealmirante
¿Puede narrar con detalles la reunión con el vicealmirante González Ibargoyen? ¿Dónde se reu
nieron y cómo fue el diálogo?
El comandante de la Armada nos citó a mi padre y a mí al Comando General para una entrevista. Concurrimos en horas de la tarde, nos estaba esperando. Hizo pasar primero a mi padre, le pidió disculpas por lo sucedido en su nombre y en el del presidente Bordaberry, pero que no había podido controlar a un sector del ejército. Conmigo tuvo una charla aparte, no recuerdo si estábamos solos, el momento era difícil. Me dijo que esos hechos sucedían cuando se perdía el control de los mandos medios.
¿El vicealmirante le dijo que había sido una represalia por Trabal? ¿Le dijo algo de que la «represalia» se votó en el Cosena y que ellos no pudieron evitar la decisión del Ejército? Se lo pregunto por aquella versión respecto a que Bordaberry le dijo a un periodista extranjero que él había votado en contra de los homicidios…
Fue una entrevista breve, incómoda y no me habló ni de Trabal ni de la votación del Cosena.
¿Usted realmente creía que Trabal había sido asesinado por tupamaros y que su hermana había sido víctima de una represalia? ¿Qué piensa hoy?
La información que se manejaba sugería que había sido víctima de un atentado tupamaro y los asesinatos una represalia por ello. Era una información dirigida que tenía como propósito hacer creer todo lo que se decía.
Creo que todo forma parte de un proceso orquestado por un grupo de personas que manipularon la información. La propaganda exhaustiva a través de los medios de difusión orientan la opinión hacia determinados objetivos convenciendo a las personas de ello.
En 1975 ustedes hicieron la denuncia penal ante el juzgado de Pando ¿Qué ocurrió con ese proceso?
Mi padre y el de Daniel hicieron la denuncia en el juzgado de Pando en 1975. En 1985 mi padre y el Sr. Brum habían fallecido, con asesoramiento del Colegio de Abogados se hace una denuncia ampliatoria en dicho juzgado. Posteriormente comenzaron a citarnos, a mi madre, mis tíos Pereda y Sra., la madre de Daniel y a mí, no sé si citaron a alguien más. En su declaración mi madre presenta una carta de la madre de Estefanell que estaba en el exterior. Intentamos seguir el expediente pero sin resultado.
«Saber lo que ocurrió»
¿Qué pasó con usted desde entonces y hasta el retorno de la democracia en 1985?
Inmediatamente después, durante el año 75, tuve grandes dificultades en la unidad que estaba (Fusileros Navales).
Gracias a un amigo de la familia, el C/N Juan Robatto, consiguió me trasladaran al Servicio Hidrográfico, luego el C/N Luis Salvo me llevó como oficial instructor a la Escuela Naval. Me especialicé en oceanografía y tres años después volví al Servicio Hidrográfico hasta mi retiro.
¿Pudo averiguar algo más? Me dice que en 1988 se mudó para Artigas y se dieron por vencidos, ¿qué significa eso?
Con la venida de la democracia se dificultaron más las cosas, era imposible conseguir información y para complicar más la situación, comenzamos a recibir llamadas anónimas que nos presionaban. No nos dimos por vencidos, es una expresión de desilusión de chocar una y otra vez contra las paredes y no lograr avanzar.
¿Qué les decían aquellas llamadas anónimas?
Las presiones recibidas estaban dentro de lo que estaba acostumbrado a soportar, pero las dirigidas a mi esposa la dejaban muy nerviosa, por ello decidimos irnos al interior.
Eran llamadas anónimas a su lugar de trabajo donde le decían la vestimenta y en qué lugar se encontraban nuestros hijos y que si queríamos seguir viéndolos nos aguantáramos en el molde.
¿Es cierto que el expediente del caso de los fusilados de Soca fue incluido en la Ley de Caducidad y archivado por Sanguinetti cuando el juez Lobelcho había citado a declarar a Bordaberry? ¿Sabe algo al respecto?
No sabemos.
¿Qué pensó y qué sintió cuando leyó la entrevista que LA REPUBLICA publicó con el testimonio de Julio Abreu?
Una esperanza.
¿Qué siente hoy cuando el asesinato de su hermana puede volver a la justicia?
Volvieron todos los recuerdos y una sensación de que quizás ahora la justicia prevalezca.
¿Qué piensa del proceso que vive hoy el país en materia de derechos humanos, cuando están apareciendo cuerpo de desaparecidos?
Es una etapa necesaria para cicatrizar las heridas que la dictadura dejó. Las familias tienen la necesidad de recuperar a sus seres queridos y saber lo que ocurrió. *
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