Carta abierta a los canillitas de Montevideo

Desde hace 18 años desde 1988 y desde hace 40 años en la década del sesenta cuando comencé a editar diarios en defensa de los intereses populares siempre nuestras vidas se encontraron del mismo lado de la trinchera.

Ustedes apoyaron mi esfuerzo en los seis diarios de circulación nacional que fundé en los últimos 40 años y yo retribuí ese apoyo solidarizándome con las luchas justas que ustedes llevaron a cabo, incluyendo la huelga general en los sesenta.

Fueron muchos, demasiados, los años de encuentros, con muy pocos desencuentros.

Hoy por primera vez en tantas décadas nos vemos enfrentados. Pero el enfrentamiento no es con ustedes, los canillas que venden todos los días nuestra producción y reciben en contrapartida el 35% del precio total.

El problema es con sus dirigentes, que casualmente no son canillas, sino canilludos o sucursaleros, o canillas de clase A que por 4 horas de trabajo diario y sin arriesgar nada ganan retribuciones superiores a los $50.000 mensuales cada uno. Si los diarios no se venden, igual los canilludos reciben el equivalente al millar de diarios que todos los días las empresas periodísticas les entregan por la prescindible tarea de retirar los diarios de la rotativa y llevarlos a una sucursal, donde ustedes esforzadamente deben ir a retirarlos, porque ni siquiera se los llevan a sus lugares de trabajo, como se hace en otros países.

Esos señores ganan retribuciones opulentas que son una cachetada a la sociedad pauperizada sin aportar suma alguna ni al BPS ni a la DGI, mientras ustedes cumplen con sus obligaciones previsionales, ganan muchísimo menos que ellos, corren los riesgos de la poca o mucha venta de ejemplares y trabajan a tiempo completo. Si los diarios no se venden ustedes no cobran, si los diarios no se venden los canilludos del Eddie Espert igual cobran su aristocrática retribución.

Da vergüenza ajena verlos llegar en sus Mercedes Benz, cargados de joyas, aunque las más de las veces envían a sus peones a retirar los diarios porque a ellos los vemos menos que nada.

Como también da tristeza ver a tantos canillas que viven en asentamientos mientras los capos del sindicato viven de la ostentación del esfuerzo ajeno.

Este sistema perverso donde los canilludos cobran un peaje a la sociedad, sólo ha servido para encarecer los costos de los diarios haciéndolos inalcanzables para la gente modesta. Por culpa de este sistema irracional que sólo favorece a los canilludos y nada a los canillitas, los diarios se venden cada vez menos y se han convertido en un producto suntuario, de élites, de gente que debe pagar un costo mensual superior a la de un mes de mutualista.

Yo sé que ustedes saben que lo que estoy diciendo es una verdad indubitable. Pero también sé que no pueden hacer nada. El sindicato del libertario Adrián Troitiño hoy no merece llamarse sindicato, sino corporación monopólica de canilludos, con capacidad de censurar a los medios de prensa que distribuyen si les viene en gana hacerlo.

Si viviera Adrián Troitiño nos daría una medalla por sacrificarnos editando un diario a pérdida, de sólo $15 el ejemplar, menos que un boleto, para que los sectores más postergados de la población pudieran volver a leer periódicos. Pero el austero Adrián ya no vive. Vive el opulento propietario de caballos de carrera y empresas por todo el país, llamado Eddie Espert, sobre cuyo prontuario no ha llegado aún el momento de hablar. Y entonces en lugar de la medalla recibimos el castigo de exigirnos 2.100 diarios todos los días para los canilludos, lo que implica en buen romance enterrar el proyecto del diario popular a sólo $15 a favor de los menos pudientes.

Hoy ustedes se reunirán en asamblea. Saben que la misma tendrá un solo resultado: unanimidad más uno. Se hará lo que decida Espert y a la menor disidencia lo mejor que les puede ocurrir es la expulsión del sindicato, si la integridad física es respetada.

Pero también sé que algún día llegará en que la energía de Adrián Troitiño los convocará para que puedan elegir libremente a sus dirigentes y pueda volver a ser un sindicato de trabajadores.

Es lo que quería decirles, no soy enemigo de ustedes, soy enemigo de los que corrompieron a un sindicato, otrora orgullo de la clase obrera.

 

Ténganlo presente. *

 

FEDERICO FASANO MERTENS  – Director

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