Garretón: "Es posible juzgar a los autores de crímenes en la dictadura en los tribunales internacionales"
–¿En qué consistió la entrevista mantenida esta mañana con el presidente Vázquez?
–La alta comisionada de los Derechos Humanos (DDHH) de la ONU estaba muy interesada en fortalecer las instituciones nacionales y que se creen en los países donde no existen. Instituciones nacionales en términos genéricos, pero nos estamos refiriendo a una institución de origen nórdico, (ombudsman, es el término original) que la toma España después de la dictadura, y que oficia de defensor del pueblo, defensor de los ciudadanos, defensor de los Derechos Humanos («procurador» de los DDHH se llama en otras partes), que es un funcionario público nombrado idealmente por el parlamento con la mayor independencia posible, con la mayor autoridad moral y política no partidista. Entonces, en esta instancia estaban el defensor del pueblo de Argentina, el de Paraguay, el boliviano, y el Presidente de la Comisión de DDHH de México. Estas defensorías nacen en América Latina, en Guatemala, y se van extendiendo por el resto del continente, y su función es solucionar quejas de las personas. Sean problemas frente a la administración como tarifas, problemas de no acceso al agua potable de determinados sectores, etc.
–¿Hasta dónde llega?
–Hasta la recomendación. No tiene un mandato de convicción, es un mero órgano del Estado al que se le dirigen las quejas de la gente. Pero otro tema importante es la realización de informes anuales que dan cuenta de sus tareas. Se debe dar cuenta de todas las recomendaciones que hizo sea a la gente, a la policía, o a quien sea, y se debe informar si hicieron caso o no. Estos informes se los entregará a quien lo haya nombrado, que por lo general es el Parlamento, pero ahí también influye una labor periodística importante que radica en la característica del informe, el que es público y debe estar disponible a toda la población. Se trata de un informe público que va al Parlamento. El tema pasa porque las personas nombradas deben poseer un altísimo nivel intelectual, moral, porque todo esto funciona siempre y cuando la persona sea creíble. Entonces llegamos a la realidad actual en la que en América Latina sólo quedan cuatro países sin crear esta institución que son Brasil, Chile, Uruguay y República Dominicana.
–¿Y Cuál fue la respuesta por parte de nuestro gobierno?
–Nos fue muy bien, porque el Presidente es un gran experto y partidario de estas instituciones porque las propuso cuando él era intendente municipal, y llegaron a funcionar los «defensores del vecino». Entonces la respuesta fue más que favorable en torno a su creación. Lo importante es alentarlo a que él también ejerza su liderazgo para convencer a los demás actores políticos.
–¿Se estableció algún tipo de plazo?
–No, este año se sabe que no, pero sí es probable que para el próximo el tema esté lo más avanzado posible. Pero por otro lado, otro de los temas tratados, fue el de las desapariciones de argentinos y uruguayos en Uruguay y las violaciones de los DDHH en la época de la dictadura. En Uruguay no se han encontrado aún los restos de los desaparecidos. Las Fuerzas Armadas están entregando información pero lamentablemente poco han aportado a la investigación.
–¿Qué pasaría si esa información no fuera ciento por ciento verídica?
–Seguiríamos igual que antes. Pero si efectivamente hubo engaño, la cosa sería muy delicada, y le correspondería a las autoridades uruguayas tomar las medidas del caso, que serían pasarlo a manos de la justicia. En Chile en el año 1999 funcionó una «Mesa de Diálogo» donde participaron abogados de DDHH para tratar el tema de la dictadura y cuatro oficiales generales con mando de los comandantes en jefe de las instituciones, y se comprometieron a dar información en los años siguientes. Entregaron datos que en el sesenta por ciento no eran verificables pero que podía ser que los restos hubieran sido tirados al mar. La información no fue muy precisa, porque algunos restos fueron encontrados después. Yo no creo que hayan actuado de mala fe, pero ya asumir que habían tirado restos al mar, no era un dato para nada menor. Era algo brutal.
–¿Y qué consecuencias políticas trajo?
–Para Chile ninguna, pero algo relevante fue que en uno de los informes presentados por la mesa de debate, se proponía, y fue aceptado luego, que se designaran jueces especiales para investigar las causas de desaparecidos y dio un resultado impresionante. Cuando la mesa comenzó a trabajar habían veinte militares en proceso, y cuando se designan los jueces especiales, el número ascendió a cuatrocientos, llegando a condenarse hoy a quince militares.
–¿Se podría llegar a algo así en nuestro país?
–La verdad es que nos gustaría. Para la cultura de los DDHH los responsables no pueden quedar impunes. Y no estamos hablando de una persona que mató a otra bajo un estado de ebriedad, hablamos de un cumplimiento de políticas de Estado. Entonces, ¿cuál es el mensaje que le dejamos a la juventud? ¿Que da lo mismo luchar por los DDHH que no hacerlo? ¿Que es lo mismo ser torturado que torturador? Con esto el mensaje ético de la democracia desaparece. Yo no quiero decir que en la democracia siempre se respeten los DDHH, lo que sí digo es que en las dictaduras está garantizada su violación; es lo seguro. Ya el hecho de estar en dictadura, es una violación de los DDHH.
–¿Cómo queda nuestro país frente al hecho de que hay un compromiso muy grande por parte del gobierno por encontrar los restos de los desaparecidos, y sin embargo, las FFAA no parecen colaborar demasiado?
–Esto deja al Uruguay como el único país donde no hay un sólo procesado por las violaciones de los DDHH. Hay una ley aprobada por referéndum,
que fue luego ratificada por plebiscito revocatorio, que hace que la única vez que se haya procesado a alguien, éste sea un civil, un ministro de relaciones exteriores, que estuvo preso durante un tiempo y luego fue liberado, pero a nadie más, y mucho menos a algún militar.
–Entonces, ¿cómo se logra revertir esto?
–Recetas mágicas no tengo, pero yo le digo que el recurso judicial tiene que mantenerse siempre presente. Yo quiero destacar una frase que siempre la usan las personas vinculadas a la dictadura que es «hacer esfuerzos por la justicia, es reabrir las heridas del pasado». Primero demuestra una ignorancia total, porque no se puede abrir lo que está abierto; se trata de cerrarlas de la manera legítima, de que la herida se cierre porque los que las causaron están condenados. Y que quienes las causaron no son los desaparecidos, ni sus familiares, ni sus hijos, son precisamente quienes los desaparecieron. Otra frase es que «no hay que estar anclados en el pasado». Pero ¿es que no se dan cuenta de que no hay futuro sin pasado? Estar anclados en el pasado implica que hay un pasado de dolor que no queremos sentirlo hoy ni tampoco mañana.
–¿Vázquez anunció alguna medida concreta de no avanzar en la investigación? ¿Se va a dar paso a la justicia?
–Eso estuvo presente en la charla, y es un elemento que se está considerando. A nosotros nos parece lo más conveniente. Hay que pensar que el tema Derechos Humanos es algo muy reciente. En América Latina hemos pasado por muchísimas dictaduras a lo largo de la historia, pasaron varias en Uruguay, y la pregunta es ¿alguien se acuerda de alguna Comisión para la Paz para una dictadura de 1840? ¿Alguien se acuerda de un «nunca más? ¿Alguien se acuerda de que se castigaran a los responsables en 1920? Nada de eso
existía. Hoy en cambio estamos demandando justicia, y lo hacemos con mucha fuerza, y tenemos razón. Todo el mundo democrático nos apoya, y es precisamente este afán de justicia que es posible juzgar a los autores de crímenes cometidos durante la dictadura ante tribunales internacionales; sí creo que efectivamente se lo haga.
–¿Qué es lo que ha motivado este nuevo «afán por justicia»
–Ha habido un desarrollo social importante, hoy en día mucha más gente sabe leer y escribir, y hoy todo el mundo ve por televisión lo que pasa por ejemplo en Irak, y no tardamos en condenar lo que vemos. Es decir, hay un flujo de información tan grande que todos sabemos lo que está pasando en todas partes. Pero sin embargo, el término «Derechos Humanos» no se lo usa con la fluidez y transparencia que tiene en Europa. Se lo usa todos los días y está presente en la prensa permanentemente. Es importante el valor que le dan los medios al tema y cómo lo manejan. Yo recuerdo un titular de un diario de hace un tiempo que decía «Mueren mil terroristas en Irak». Yo me pregunto: ¿los contaron? ¿andaban todos con una bomba abajo del brazo? ¿es correcto el verbo «murieron»? ¿qué les pasó? ¿sufrieron alguna enfermedad colectiva? ¿o será que fueron asesinadas mil personas en Irak? Porque es algo muy diferente. Estaríamos frente a un genocidio.
–Otro de los temas que usted ha trabajado bastante es el de la Seguridad. ¿Cómo ve la nueva ley que tenemos en nuestro país de «Humanización y modernización del sistema carcelario»? La oposición ha basado su discurso en que a más delincuentes en las calles, más inseguridad…
–Primero yo creo que el tema de la seguridad ciudadana tiene un problema profundo en las soluciones que se le han tratado de dar.
Se ha creído que el tema se soluciona con crear más cárceles, poner más policías en las calles, más jueces, penas más duras, e incluso con la pena de muerte. Pero si vemos bien el tema no pasa por el delito que comete el gerente de un banco. Eso no le preocupa a nadie, salvo a quien perdió su plata. Pero no hay grandes debates, no hay campañas, no se incrementan las penas, y nadie se preocupa si anda suelto en las calles. El malo de la película es el pequeño ladroncito callejero. Persona cuyo acto no se justifica, es cierto; pero sin embargo yo creo que es importante ver qué es lo que le ha dado la sociedad a esa persona, a ese niño, ver si tenemos el derecho legítimo de castigarlos, cuando lo que ha hecho, muchas veces, lo hace sin saber lo que está bien y lo que está mal. La pregunta aquí es ¿el Estado ha hecho todo lo posible, hasta el máximo de los recursos que dispongan, para satisfacer los derechos económicos y sociales más básicos de ese individuo, como para que no tenga que verse inclinado a recurrir a la violencia? Entonces, mientras no enfoquemos el tema de la seguridad con un enfoque de DDHH, la violencia va a seguir. Hay que invertir más en DDHH porque los europeos tienen menores índices de violencia porque tienen menores desigualdades sociales. Además está el hecho de que culpan y condenan cuando cometen el delito, pero también cuando no lo hacen.
Porque se lo culpa por ser pobre. Y si es joven, más. Y si este joven usa el pelo largo, y además tiene un tatuaje, ya está: es un delincuente. *
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