La columna de Sherlock
* Los juicios contra el Estado, que entra último en la tabla
-¡Se da cuenta! En el año pasado se realizaron 475 juicios contra el Estado e intendencias, la mayoría de los cuales se perdieron…
-¡Un desastre!
¿Le digo la cifra que perdió el Estado?
-No me asuste… dígala despacio.
-Y perdió alrededor de 13 millones de dólares.
-¡Qué barbaridad! ¿Todos los juicios se pierden?
-Es que el Estado y las intendencias están en un estado de indefensión. Las «salas de abogados» están pintadas, se dejan vencer los plazos y así va la cosa… ¡Un desastre!
-Pero tengo entendido que el artículo 25º de la Constitución de la República y un decreto del Poder Ejecutivo determinan que los funcionarios responsables de esas pérdidas deben responder, en caso de comprobarse su culpa, con su patrimonio.
-Claro, pero eso no se aplica. En toda la historia de los juicios contra el Estado solamente se sancionó a un abogado, al que se lo hizo responsable, pero después de su muerte.
-O sea que el Estado nunca se puede resarcir de los juicios perdidos, la mayoría por carecer de una defensa adecuada.
-¡Así es!, pero hay más.
-¿Qué?
-Todos los juicios contra el Estado deberían pasar por el Tribunal de Cuentas. ¿Sabe de esos 475 juicios del año pasado cuántos fueron enviados?
-Ni me imagino.
-Sólo cuatro…
-No me diga más…
* ¿Para qué nos sirven las Safis?
-¿Sabe cuánto dinero recaudó Rentas Generales por la existencia de las famosas Safis?
-La recaudación establecida en la Rendición de Cuentas correspondientes al año pasado fue del 0,0036 del total recaudado por la DGI.
-O sea que debe salir más caro el trabajo de la recaudación de este impuesto que su resultado.
-Claro. El año pasado la DGI recaudó por el aporte de las Safis 226 millones de pesos, de un total de 63.366 millones de pesos. Si dividimos los 226 millones recaudado por la cantidad de Safis, que son alrededor de 30 mil (aunque algunos dicen que ya bordean las 50 mil), llegamos a la conclusión que pagan anualmente, como promedio, 7.528 pesos. Y si vamos a la obligación mensual vemos que solo pagan 630 pesos por mes, que es mucho menos de lo que debe abonar cualquier trabajador con un sueldo de mediana importancia.
-Entonces… ¿para qué le sirven las Safis a los uruguayos si han sido creadas para que sus negocios se realicen fuera del país?
-Es lo que yo me pregunto… Las Safis siempre aparecen en negocios raros, sucios y desprestigiantes para el país. Podemos hablar de las coimas en la Argentina, que pasaron por Safis uruguayas. Hasta la trágica boite Cromagnon, en donde se produjo la trágica muerte de centenares de personas, era propiedad de una SAFI uruguaya. Por esos los verdaderos dueños no aparecieron nunca.
-Sirven para eludir aportes en negocios inmobiliarios, ¿verdad?
-Para todo tipo de matufias… Pero aquí nadie hace nada para evitar este desastre.
-Es algo que no se puede entender.
* Chávez en el quincho y una custodia preocupada
-El festejo del cumpleaños de Jerónimo Cardozo en el quincho de Sergio Varela fue un hecho más que simpático.
-¿A usted lo invitaron?
-Claro, no… Pero mi obligación periodística es cubrir todo, por eso le quiero relatar algunas cosas que ocurrieron en la fiesta.
-¿Por ejemplo?
-La custodia de Chávez es muy estricta, cuida todo los detalles. Por ejemplo aflojaron todas las bombitas que estaban detrás de donde se sentó el presidente venezolano. «Razones de seguridad», alegaron.
-Incluso había un par de «ursos» que probaban la comida que iba a comer el mandatario. Se imagina, los chinchulines, las mollejas, los chorizos y las morcillas que se debieron tragar… Además cubrieron todo, vigilaban cada detalle. Una real seguridad… se ve que tienen información de que Chávez puede ser el blanco de alguna acción de los mismos de siempre.
-¿Y?
-El nerviosismo máximo se produjo cuando apareció la torta de cumpleaños, que fue adornada con velitas que Cardozo debía apagar con un soplido.
-¡Como ocurre siempre!
-Claro, pero estas velitas son de las nuevas, que van provocando fogonazos. Las que se utilizan hoy en los cumpleaños de chicos.
-¿Y?
-Cuando apareció la torta fue el acabose entre los custodios. No sabían qué hacer, cómo cubrir a Chávez de aquella -supongo que creyeron- presunta «bomba» que homenajeaba a Jerónimo.
-¿Y?
-Fue el propio Chávez que tranquilizó a su gente para que Jerónimo pudiera apagar las velitas.
-¿Y pudo?
-Tuvo que soplar tres veces y si no es por la ayuda del propio Chávez, la cosa hubiera ido a más. Porque, además, este tipo de velas se prenden de nuevo. Hasta el Pepe Mujica y Daniel Viglietti, que estaba enfrente, trataron de ayudar a Cardozo.
-Es que ya no es un pibe.
-Usted lo dijo.
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