MONSEÑOR PABLO GALIMBERTI (OBISPO DE SAN JOSE)

Macarena "está aquí como fruto de una época difícil de la cual estamos saliendo"

 

–Exactamente, ¿qué rol jugó usted en este reencuentro, que es parte de la historia de todos los uruguayos?

–Indudablemente que el reencuentro fue el momento en el que me tocó a mí participar directamente y ser un poco protagonista, escucha, de ese abrazo, de ese beso, de las primeras palabras que se intercambiaron mano a mano. Recibí la carta, la invitación de Juan Gelman y no dudé en que tenía que ser la persona… que la providencia me había puesto en el lugar adecuado en el momento adecuado. Leí atentamente su propuesta y me acerqué a la familia, a la familia actual de su nieta. La madre actual aceptó, fue interiorizándose de las informaciones más importantes, dejé de lado muchos detalles de los que se podía prescindir porque era un poco… en fin.

 

–El hecho objetivo es que se produjo este reencuentro… y usted estaba allí, con Gelman y Macarena.

–El hecho es que se produjo este reencuentro y fue el comienzo de una nueva etapa importantísima para esta chica que ha ido avanzando y en los últimos días hemos visto que ha llegado a un momento realmente dramático, doloroso, pero al mismo tiempo… yo diría, pacificador… al estar dando los últimos pasos para dar con el paradero de los restos de su mamá.

 

–¿Cuándo recibió la carta que al fin disparó este desenlace?

–La carta está fechada a fines de enero de 2000.

 

–¿Y usted qué hizo cuando recibió la carta en las horas, en los días que siguieron a esta revelación y al pedido?

–La releí varias veces, me preguntaba cómo podía ser. Estar un poco compenetrado con lo importante… yo me he ubicado en esa tarea humanitaria, o cristiana, en mi rol, en mi papel, en lo que he elegido ser en la vida. Entonces entendí que podía ser justamente esa mediación para trasmitir la información fidedigna, la solicitud de Gelman y al mismo tiempo estar, ponerme en el lugar de ella, de la persona que recibía esta noticia. Intentando acompañarla para que pudiera ir absorbiendo, integrando y superando las dificultades que esto evidentemente podía desencadenar.

 

–¿Qué decía la carta? ¿Cuáles fueron las palabras que Juan Gelman escribió para convencerle, como ser humano, de la necesidad de que ayudara a ese reencuentro?

–Recuerdo la primera frase que era así como la afirmación, el resultado de una larga pericia e investigación. Decía: «He dado con el paradero de mi nieta. Entonces describía después sucintamente los pasos que demostraban una tenaz memoria y el compromiso respecto a su hijo de encontrar a esa nieta que era parte también de la vida del abuelo. Y terminaba confiando… Decía: «Dejo en su bondad hacer lo que pueda. Sé que lo que haga será lo mejor». De modo que esa fue la invitación y la propuesta que yo acepté gustosamente.

 

–¿Cómo contactó con Macarena y su madre adoptiva?

–Estaban viviendo en ese momento en Montevideo. Busqué la forma de aproximarme y el diálogo así, en plan de acercamiento a un tema difícil se fue dando, yo diría, dentro de lo esperable, muy bien.

 

–¿Ella sabía que era adoptada?

–Yo no se lo pregunté. Suponía que sí. Estoy seguro de que la madre ya se lo había dicho. Yo entraba en la vida de ella a esa altura y debía suponer que el trato con su familia que observé que era muy cordial, muy transparente, de mucha confianza. De una madre a su hija. El padre ya había fallecido. Fue un diálogo bastante fluido en un tema muy difícil y doloroso. Así que yo vi que había posibilidades de ir avanzando y lograr el… objetivo… inmediato… que era un poco preparar el reencuentro.

 

–Si jugó el rol de preparar el reencuentro, entonces, continuó contactándose no sólo con ella, también con su abuelo…

–Sí. Gelman me escribió o yo le comuniqué lo que había hecho y había preparado ya un encuentro con él cuando él viniera a Montevideo. De modo que cuando vino me habló por teléfono, yo le di mis señas y después combinamos, yo lo fui a ver a él a su hotel, ahí hablamos y yo busqué un lugar en Montevideo para que se produjera ese encuentro.

 

–¿Usted estaba en ese momento con ellos?

–Sí… Estaba allí con ellos pero luego me retiré, me quedé ahí cerca, pero estaba afuera del lugar, para que ellos pudieran conversar tantas cosas que sin dudas habrán comenzado a esbozar. Pero ese contacto siguió después y han mantenido una vinculación, una relación, un reencuentro con toda la parte de la familia Gelman en Buenos Aires y también con la rama que está en España, la rama de la madre, García Irureta Goyena. Así que bueno, en esas partes yo ya no he entrado porque son exclusivamente de esta chica, forma parte de su historia, sus lazos, sus vínculos y su camino.

 

–La actitud de ella ha impresionado, de manera muy profunda por decirlo de alguna manera, a la sociedad, a los uruguayos que inevitablemente somos testigos de esta «historia oficial» verdadera. La reacción de ella, tan reservada, tan centrada, que se ha hecho pública porque quizás no pudo ser de otra manera, las palabras de Bertolotti cuando juntos fueron al lugar donde estarían los restos de su madre, inevitablemente generan ganas de saber cómo es ella. Usted que la conoce ¿qué diría sobre la nieta de Juan Gelman?

–Bueno, no me gusta digamos, pintarla desde fuera… creo que corresponde decir que es una uruguaya hija de una época muy difícil y traumática del país, de nuestros países del Plata porque ella es fruto de esta cercanía fraterna y a veces dolorosa entre uruguayos y argentinos. Está aquí como fruto de una época difícil de la cual gracias a Dios estamos saliendo. Y ella es quizás como un fruto visible pero representa muchas otras historias que se están elaborando, iluminando en medio de tanta oscuridad y dolor. Así que en ella interpreto esa voluntad de vivir. Esa voluntad valiente de encontrarse con la sorpresa de un pasado desconocido y de querer asumirlo, pero al mismo tiempo de buscar también ser respetada en su privacidad. Para que su vida pueda de alguna manera desarrollarse no solamente girando en torno a este episodio que sin dudas es y será el más importante de su historia, para que pueda interesarse otras cosas de sus desarrollos anímicos, espirituales, culturales, familiares, pensar en una familia futura, para que su vida no quede solamente enclavada en este punto de su historia. *

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