
Porque “un pasado no resuelto se hace eterno”, dijo el ex comandante en jefe argentino quien, en su intervención oficial en el seminario sobre control parlamentario del sector seguridad, realizó una dolorosa denuncia de la última dictadura y refutó todos sus justificaciones.
Balza, que pidió perdón públicamente en 1992, no nombró ayer a Uruguay ni a ningún otro paÃs en concreto. Reconoció, además, que los métodos para cerrar bien el pasado varÃan con las realidades.
“No sé en qué medida lo habré logrado”, dijo en un momento, “pero me sentà acompañado”, dijo al referirse a su esfuerzo. Pero confió en qué se está preparando unas fuerzas armadas respetuosas de los derechos humanos para el 2030, “que es lo que me importa”.
Balza dijo que en el siglo XX los militares dieron seis golpes de Estado. No contó a los conatos y pronunciamientos ni a los golpes contra militares que ocupaban la presidencia.
“En todos esos golpes hubo participación de civiles, alentando, e incluso de la Iglesia Católica. Los militares se prestaron gustosamente a maniobras de gente que no tenÃa convicción democrática”.
“Hasta yo en mi juventud me creà que era parte de los salvadores de la patria y de la reserva moral de la nación”. Eso, dijo citando a Borges, “es una prueba de mi estupidez”. La reserva moral está en la nación toda, comentó. “Creo que muchos de los males de mi paÃs residen en una mala relación con la verdad”, agregó.
“El golpe de 1976 tuvo caracterÃsticas propias”, dijo. Entre ellas, que hubo menos intervención de civiles,” expresó. Pero además, “si bien antes se habÃan conculcado libertades, nunca se habÃa llegado a tal grado de terrorismo de Estado”.
Me he preguntado y no tengo respuesta para entender cómo hombres llegaron a cometer crÃmenes de lesa humanidad de esa entidad”, dijo.
“En toda América Latina hubo violencia y hubo guerrillas. Pero en Argentina se respondió con crÃmenes horribles. Robos y transferencia de propiedades. Desaparecidos por miles. Personas que debemos considerar que eran todas inocentes, porque no se las sometió a juicio. Y en esa época habÃa pena de muerte. Yo estoy en contra de la pena de muerte, pero en Argentina las leyes permitÃan aplicarla”.
“Un general de la nación, un camarada mÃo, dijo que ‘primero vamos a matar a los subversivos. Después, vamos a matar a los colaboradores, después, a sus simpatizantes, después a los indiferentes y finalmente a los tÃmidos’. menos mal que se cortó, porque sino no quedaba nadie en Argentina”, exclamó Balza.
“Entre esos detenidos desaparecidos habÃa monjas, un obispo, incluso un embajador del proceso, el embajador en Venezuela Hidalgo Solá –recordó–. ¿Quién se sintió con la facultad de decir este vive, este no?”
“Yo siento un cariño inmenso por mi Ejército, en el que servà por cuarenta y cinco años. Y un inmenso dolor, que me hace decir estas cosas asÔ, confesó, en una de las veces que la voz le tembló.
“Cuando comenzó el llamado ‘Proceso de Reorganización Nacional’, uno de sus voceros dijo que era para ‘recuperar la vigencia de la moral cristiana’,” recordó Balza. “En 1933, un personaje tristemente célebre dijo en el paÃs más culto de Europa: ‘este gobierno hará del cristianismo la base moral de la nación’.”
“Es sintomática la semejanza con las palabras de Hitler –expresó Balza–. Aunque, claro, creo que cometió atrocidades mayores. Los argentinos en eso, quizá podemos aspirar a una medalla de plata”, ironizó dolorosamente.
En esta parte de su intervención, Balza refutó las justificaciones de la dictadura: “Estupideces que se vuelven a oÃr”, comentó, al recordar que en 2003 en Europa tres generales justificaron las torturas por la necesidad de “información” y las desapariciones “porque si los encarcelaban, iba a terminar saliendo”.
“Unos dicen: ‘Nos ordenaron aniquilar y los redujimos a la nada’. Pero un militar debe saber que aniquilar consiste en quebrar la voluntad del enemigo, no reducirlo a la nada. En Malvinas, nos aniquilaron, y estuve preso, pero aquà estoy –expresó–. Reducir a la nada lo hacÃa Hitler en los crematorios”.
“Hubo crÃmenes de los dos lados, dicen otros. Me resisto a ese argumento. El estado es el único lado. Si un terrorista pone una bomba es un criminal”, expresó. “Sólo el Estado viola los derechos humanos”.
“Otros dicen que tenÃan la ley de su lado. ¿Me van a decir que derrocaron a la presidenta para cumplir sus órdenes?”, preguntó Balza.
O, dicen “fue una guerra”, recordó. “Pero, aún si hubiera sido, la guerra tiene sus leyes, la convención de Ginebra, a la que Argentina adhirió en 1949.”
“O hablan de obediencia debida. Cualquier militar debe saber,” explicó, que no es debida la obediencia a órdenes que violen la Constitución, las leyes y los estatutos. El que cumple una orden delictiva también comete delito”. Además, “¿qué orden recibieron, orden de matar, de robar y entonces mataron y robaron?”
“Y no soy un comunista o un terrorista por decir estas cosas”, comentó.
“Tengo la firme convicción de que los militares argentinos hemos aprendido la lección. Y para siempre”, afirmó Balza.
Recordó que en 1992 estaba uniformado en una cena oficial y a su izquierda se sentó una mujer a la que no podÃa ver la identificación.
“Y esta me preguntó por el uniforme y estuvo toda la cena preguntándome cosas. Y yo me di cuenta de que le contesté todas las preguntas pero no le respondà nada”.
“Y tuve la convicción de cómo nos veÃan en el mundo, y era cómo nos debÃan ver”. Explicó que ahà tomó la determinación de pedir perdón públicamente para iniciar “una concientización docente para preparar fuerzas armadas respetuosas de los derechos humanos”.
Cuando terminó la cena, pudo ver que la mujer era Simonne Weil, ex presidenta del Parlamento Europeo, con quien tuvo oportunidad de volver a hablar.
Balza saludó la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Perdón y Punto Final, porque, dijo, el pasado “no se esconde”. Pero explicó que ahora militares que eran jóvenes en aquella época van a ir presos y los que dieron las directivas están indultados, por lo que consideró que el proceso va a estar completo cuando se deroguen los indultos. *
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