EEUU y la izquierda discreparon en la OEA sobre intervencionismo en América Latina

Uruguay jugó un papel protagónico en rechazo a propuesta militarista de Bush

El ministro de Relaciones Exteriores, Reinaldo Gargano, confirmó anoche a LA REPUBLICA que Uruguay rechazó la postura de Estados Unidos, al tiempo que busca la aprobación de un texto alternativo. Anticipó que ya circularon varios borradores al respecto. Argentina comenzó la redacción de un borrador final.

La propuesta estadounidense fue rechazada por los representantes ante la OEA de Argentina, Rodolfo Gil; de México, Jorge Chen; y el de Uruguay, que argumentaron que la iniciativa de la Casa Blanca viola la Carta Constitutiva del organismo que integran 34 países de América Latina y del Caribe.

La llamada «Declaración de Florida», que Estados Unidos ya tenía elaborada antes del comienzo de la cumbre, pretendía otorgar a la OEA la facultad de intervenir militarmente para imponer un sistema de gobierno democrático en cualquier Estado miembro, aunque no estuviera de acuerdo su propio pueblo.

En la 35ª Asamblea General de la OEA, que se venía celebrando en Fort Lauderdale, Florida, participa en representación de Uruguay la subsecretaria de nuestra Cancillería, la doctora Belela Herrera, y el actual representante compatriota ante el organismo, el embajador Juan Enrique Fischer.

En el proyecto de resolución de la cumbre, que se inauguró el domingo y culmina hoy, Estados Unidos propuso que la OEA haga un «monitoreo» de las democracias de América Latina para, según argumentó, evitar crisis como la de Ecuador, en abril, o la de Bolivia, donde el presidente dimitió ayer.

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el comandante Hugo Chávez, opinó que «quedaron atrás los tiempos en que la OEA era un instrumento de Washington» que «ya tiene otra derrota pintada en el rostro». Y agregó: la política de Estados Unidos es «apoyar terroristas, invadir países, violar los Derechos Humanos y pretender instaurar una dictadura global».

«La división en América Latina hoy día no es entre izquierda y derecha. Es entre los gobiernos que han sido elegidos y gobiernan democráticamente y los que no», opinó ayer la secretaria de Estado Condoleezza Rice en su discurso al abrirse la cita, cuyo lema es «hacer realidad los beneficios de la democracia».

«Juntos, tenemos que insistir para que los dirigentes democráticamente electos tengan la responsabilidad de gobernar democráticamente», agregó la jefa de la diplomacia estadounidense, para quien, según alegó en defensa de la propuesta de su gobierno, «no se trata de intervenir para castigar, sino de intervenir para sostener el desarrollo de las democracias en la región».

«Señora presidenta, la democracia no se impone. Ella nace del diálogo», replicó por su parte el canciller brasileño, Celso Amorim, al dirigirse solemnemente a Rice, que presidía la sesión plenaria, en lo que podía interpretarse como una alusión a la guerra en Irak, donde Estados Unidos creo un Estado de Sitio.

«Queremos fortalecer la democracia en la región, pero queremos evitar mecanismos intrusivos», explicitó el canciller del gobierno de Inacio «Lula» Da Silva, vocero de la Asociación Latino Americana de Integración (Aladi), que integran América Latina y México, pero que excluye a los Estados Unidos.

«Los conceptos clave tienen que ser cooperación y diálogo, más que mecanismos intervencionistas», agregó, recordando que la Carta Democrática Interamericana, aprobada el 11 de septiembre de 2001, estaba basada en «el respeto a la soberanía y la no injerencia».

El canciller venezolano, Alí Rodríguez, cuyo país se dio por aludido por la propuesta estadounidense, aseguró que la OEA «no está facultada para hacer evaluaciones sobre el estado de la democracia en los diferentes países».

«Todo lo que huela a intervención en los asuntos internos de otros países encontrará resistencia de Venezuela y de la inmensa mayoría de los países de América Latina», desafió Alí Rodríguez.

El discurso del presidente George W. Bush, presente en la asamblea desde el martes, también dejó en evidencia las diferencias entre las prioridades estadounidenses y las de la izquierda latinoamericana.

El mandatario dedicó gran parte de su discurso a defender los méritos del libre comercio y citó como ejemplo el acuerdo alcanzado con Centro América y República Dominicana (Cafta), cuya ratificación volvió a pedir al Congreso de su país.

«En las nuevas Américas del siglo XXI, uno de los caminos más seguros para que las oportunidades se conviertan en realidad para todos nuestros ciudadanos es abriendo las puertas al libre comercio», declaró el mandatario.

El brasileño Amorim aprovechó para denunciar la política proteccionista de los países ricos, en alusión a los Estados Unidos y a la Unión Europea (UE).

«En el área comercial es necesario sobre todo eliminar los subsidios millonarios, consentidos a productores de excedentes de los países desarrollados», dijo.

«Los países en desarrollo de nuestra región necesitan reglas de comercio internacional justas que garanticen el acceso de sus productos a los mercados de los países ricos», añadió, una opinión que el canciller argentino, Rafael Bielsa, dijo compartir.

Por su parte, Rodríguez advirtió de otro peligro para las democracias de la región. «Si no enfrentamos la pobreza con urgencia y determinación podría convertirse, como de hecho se ha convertido, en el factor que más afecta la estabilidad política en la región». *

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