
“Una cosa es imaginarlo y otra cosa es estar ahÃ. Sentà una gran aprensión que creo sentimos todos. Creo que para todos era, estuviera quien estuviera, si todavÃa queda algo en la tierra, algo muy doloroso. Al mismo tiempo, ver aquel campo grande ahà con un pedazo de tela blanca, no tan irregular en el terreno. Era como ver algo que uno muy bien no se podÃa explicar, no sé si por la emoción que uno tenÃa encima o qué. Ahora, yo conozco mucho el campo, vivà mucho en el campo y siempre me dio alegrÃa estar en el campo, aun como llovÃa hoy, embarrándonos como nos embarramos. Y bueno, todo aquello que tantas veces hemos dicho, que sà probablemente los torturaron, probablemente los mataron, y probablemente los enterraron, y bueno, debe haber sido asÃ, pero bueno, igual fue muy fuerte, para todos en general.
¿Recuerdos? Por supuesto. Todos juntos. Yo pensé que iba a sentir mucha rabia al ver a la gente que trabaja ahÃ. Y no fue asÃ. No sentÃa rabia por ellos. No sé, era otra cosa lo que sentÃa. No era rabia. No era nada. Era como que estaba en un lugar en el cual habÃa pensado mil veces en él. Y sin embargo, no sentà aquello de decir qué horrible que estoy acá. No era eso. Fue algo muy raro. Recorrimos el terreno. En silencio. Nos dio tranquilidad ver a los antropólogos argentinos. En ellos ponÃamos la mirada más que a nadie, en espera de lo que puedan encontrar si es que hay algo. Tenemos la certeza de que en algún lugar están, ¿dónde? no lo sabemos. Ya hemos pasado por tanta cosa, que tal vez fuera eso: esa otra historia que nos contaron y que nos negamos a creer”.
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