"Logramos desactivar una situación explosiva"
Díaz explicó ante la Comisión de Constitución y Códigos de la Cámara de Representantes, que su mayor preocupación radicaba en que «si explotaba el Comcar, explotaba lo más grave que tiene el sistema penitenciario».
De acuerdo a la versión taquigráfica, a la cual tuvo acceso LA REPUBLICA, Díaz dijo el jueves ante el grupo parlamentario que en los días previos a la huelga, ante rumores de motín, ordenó al director nacional de Cárceles, Enrique Navas, que tomara contacto con los reclusos y que tenía «luz verde» para conformar una Comisión para atender sus reclamos, que en los primeros días dio el resultado de «desactivar una huelga en todos los establecimientos carcelarios».
Al iniciarse la huelga en La Tablada y Libertad, Díaz dio una conferencia de prensa tras su acuerdo ministerial con el Presidente de la República pidiéndole públicamente a los reclusos que depusieran la medida y que comprendieran que el gobierno estaba trabajando en soluciones para superar la emergencia humanitaria. «Ahí hice una mención rápida a esas medidas; inclusive, llevé un papelito para que lo tuvieran los periodistas», recordó.
«Unos diez días antes de la Semana de Turismo, de fuentes penitenciarias y de acá, de este Parlamento, nos abrumaron con llamadas de todo tipo anunciando que el motín se venía. Lo primero que hicimos fue llamar al director nacional de Cárceles, porque sabíamos que en las cárceles de su competencia está el 80% de la bomba explosiva, para ver qué noticias nos daba y, sobre todo, para ordenarle que él y los mandos medios de las cárceles urgentemente tomaran contacto con la población reclusa. A su vez, le hicimos un punteo de las medidas de urgencia y de mediano y largo plazo que estaba desarrollando el Gobierno, a fin de enfrentar esa realidad. Así se hizo. Inclusive, le dije que si había condiciones para crear comisiones para integrarlos en un proyecto de mejora de la situación penitenciaria, había que dar luz verde, ya que es preferible tener a la gente organizada, saber qué piensan, qué reclaman, no para ir marcando el paso de ellos sino para conocer cuáles son sus necesidades y sus reclamos a fin de atender de la mejor manera posible esa realidad», narró Díaz ante el grupo parlamentario.
Agregó que, al estallar la huelga, vivió una gran preocupación porque «si explotaba el Comcar, explotaba lo más grave que tiene el sistema penitenciario».
«Con respecto a este proyecto de ley, que para algunos señores legisladores generó alarma social -respeto sus opiniones aunque no sean las mías-, asumo la responsabilidad de haber dicho lo que dije, de que estamos trabajando en una ley que tenía tales contenidos y entre otros el de desatascar la situación de procesados con larga preventiva y penados con larga condena que no se beneficiaban de las libertades provisional y anticipada respectivamente. No hablé de números; ni ahí ni nunca del Ministerio salió el número. Siempre hablamos de criterios, como he hecho ahora, un criterio de que salga un número de reclusos que ayude a descomprimir la situación -repito, como medida auxiliar de las de fondo- y, al mismo tiempo, a través de los patronatos, tener la capacidad de asistir y vigilar esas salidas», aclaró Díaz a los legisladores opositores.
«¿Qué ocurrió en el sistema penitenciario? Se desactivó la huelga. Eso es algo que no se dice en las reflexiones que se hacen pero entiendo que debe estar. No estoy cantando victorias y no acostumbro hacerlo. Soy una persona sin soberbia, con humildad y, por consiguiente, admito que se piense distinto en esta materia. Creo -lo digo con humildad, sin vanidad y sin vanagloriarme- que el manejo que hemos hecho de esta situación explosiva viene bien», dejó constar en la versión taquigráfica de la sesión del jueves, cuando fue indagado por blancos y colorados por el manejo público de su anteproyecto.
«Haremos lo imposible para que siga discurriendo sin estallidos en las cárceles, no solo porque esto atrasaría todo y porque haría daño a mucha gente que a veces muere en estos motines, sino también por la destrucción que significaría y las trabas brutales que generaría para llevar adelante un cambio hacia la humanización de la política penitenciaria y una reclusión acorde con la cantidad de habitantes que tiene el país y no tengamos esta tasa infernal de reclusos», agregó.
Díaz admitió que «se crea que se ha generado alarma social», pero consideró que «el problema de la seguridad se vive a diario en todos los barrio y esto no potenció la intranquilidad».
En tal sentido, llamó a la oposición a «hacer un esfuerzo para dimensionar bien las cosas y no generar un desfase». *
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