"Triunfo de Tabaré Vázquez fue una revolución, democrática y pacífica"
-Fue presidente de la departamental del PDC durante la dictadura. ¿Cómo fue desarrollar la actividad política durante esos años?
-Exactamente. En esa época fui varias veces detenido, pero siempre de manera fugaz. Recuerdo que la última vez que me arrestaron, el comisario dijo: «No pierdan más tiempo con este pinta, no ven la cara de estúpido que tiene», nunca me sentí más contento de que alguien me tildara de ese modo.
-¿Cuáles fueron las primeras etapas en su actividad política?
-Tengo una larga militancia, no por mérito propio, sino por mi edad, este año cumpliré 69 años. Estuve entre los fundadores del Frente Amplio en el año 1971, también cuando creamos el Encuentro Progresista, años en los que era presidente del PDC. Siempre me declaré frentista de corazón.
Desde un primer momento mi intención fue buscar el modo de poder volver a trabajar todos juntos tras el retiro del PDC del FA, medida que acaté a pesar de no compartirla, siempre con el propósito, que hice público después, de volver al Frente buscando los caminos de unión que lo hicieran factible, que en este caso fue la consolidación del Encuentro.
-¿Como nació su interés por la política?
-A pesar de que puede ser difícil imaginarlo, no tengo vocación política, aprecio mucho al político, me parece que es un servicio muy noble, pero a mí me cuesta mucho. Sin embargo, y esta es la paradoja, desde el año 1971 estoy asumiendo un compromiso político institucional. Siempre tuve una actividad política, aunque no notoria, hasta que alguien, que conocía y apreciaba mucho, murió. Me refiero a Jorge Salerno. El era un joven de gran idealismo, pureza y entrega, que había sido demócrata cristiano además. Su muerte en la Toma de Pando, me interpeló. Entonces con ese motivo, a partir de allí asumí una mayor responsabilidad, como respuesta a ese hecho que me golpeó duramente, entregándome de lleno al trabajo e integración de la dirección del PDC.
-Como historiador, ¿cómo lee los procesos transcurrido en los últimos años en nuestro país, cuando el pasado 31 de octubre la inmensa mayoría de los ciudadanos se pronunció por la alternativa de gobierno de un partido de izquierda ?
-Creo que el triunfo de la izquierda fue una revolución, en un marco democrático y pacífico pero es una revolución al fin. Que los excluidos ocupen la centralidad dentro del gobierno, que se apunte prioridad hacia el marginado, al indigente, me parece que es una revolución, claro está que sin descuidar los equilibrios económicos, apuntando a la producción, teniendo presente los problemas del agro.
-Está escribiendo un libro sobre Artigas, tras una investigación de 20 años. ¿Podría decir que hay un legado artiguista que llega al siglo XXI?
-No creo en modelos cristalizados y geométricos, sí creo que hay caminos de desarrollo y liberación, que tienen que ir haciéndose en función de la realidad que se esta viviendo. Pero sí, hay una continuidad. Los principios del ideario artiguista hoy son posibles, no repitiéndolo de una manera mecánica. Creo incluso que es lo que puede animar al FA-EP-NM a evitar la burocratización del partido, porque eso es un riesgo. Como franciscano sospecho mucho de todo tipo de poder.
-Se ha escrito mucho de Artigas. ¿Cual es la línea de investigación?
-Artigas no es un liberal, por eso considero que es altamente polémico. A pesar de que en algunos documentos, como las
Instrucciones del año XIII, aparecen influencias liberales. El sustento del pensamiento artiguista es la soberanía particular de los pueblos, no en el sentido del pueblo oriental, del argentino, sino como el poder local, la descentralización. La soberanía particular de los pueblos es la comuna. Imposible que Artigas fuera un liberal, cuando en el Reglamento de Tierras de 1815 se establece todo lo contrario al liberalismo con la frase, «que los más infelices sean los más privilegiados». La investigación se propone rescatar la doctrina artiguista olvidada por la historia oficial, donde está muy presente una corriente comunitaria en el artiguismo a través de los sacerdotes franciscanos, con los cuales compartió gran parte de su vida.
-¿Cuál es el eje central?
-«Artigas y su derrota», como lo titulo, enfrenta el rumbo del proyecto artiguista junto a su frustración a lo largo de la historia que nuestro país ha recorrido. El Artigas traído por los liberales en el 900 fue maquillado para que entrara en la historia oficial.
-¿Qué significa actualmente ser presidente de la Junta Departamental de Montevideo?
-Me cuesta mucho. Al ir hacia la Junta pienso en que mi tarea es cumplir un servicio para las personas, un medio limitadísimo, que me hace sentir que de alguna manera pongo mi granito de arena en la construcción de este gran proyecto del nuevo país. Siendo fiel al artiguismo y a las esperanzas de aquel pueblo, de todos aquellos hombres que creían en esa utopía.
La política tiene esa confrontación constante en la cual no participo. Cuando hace unas semanas Ehrlich anunció públicamente que no debatiría me dio mucha alegría, lo mismo me sucedió con Tabaré. Considero que por esta misma idiosincrasia que tengo frente a la tarea política es que todos los ediles votaron para que fuera el presidente en este período.
-¿Ud será el próximo embajador en el Vaticano?
-Ese trascendido no puedo ni desmentirlo, ni confirmarlo, no tengo ninguna comunicación oficial, por eso no puedo decir nada. Ahora, en el hipotético caso de que se me comunicara oficialmente la designación, por supuesto que aceptaría. *
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