En la madrugada falleció el poeta Sarandy Cabrera

Esta madrugada, cuando estábamos cerrando esta edición de LA REPUBLICA, llegó a nuestra redacción una noticia que nos provocó consternación y, por supuesto, dolor. Todos hicimos silencio para recordar al amigo, al compañero.

La muerte de Sarandy Cabrera, que compartiera como muchos de los que integramos esta casa periodística, horas de creación, intercambio intelectual y polémica, fue el desencadenante de esas emociones.

Hace algunos días alguien nos había adelantado que Sarandy se encontraba mal, internado en un sanatorio de Montevideo, que había sido ganado por la tristesa. Ello nos sorprendió porque Sarandy en su larga vida nunca había bajado los brazos, defendiendo sus ideas con pasión, siendo un polemista duro e inteligente.

Como poeta nos maravilló a quienes pudimos comprender su sensibilidad y su fuerza creadora.

Con Sarandy se va un hombre polémico, intransigente, culto . un amigo entrañable de sus amigos. Solidario y en ocasiones contradictorio, duro en el lenguaje pero sensible ante la injusticia y el dolor.

Su muerte, pese a que sabíamos de su estado de salud, nos sorprendió. Es que a muchos nos parece que la vida es eterna y volvemos a la realidad cuando nos ocurren hechos dolorosos como este.

Lo que nos queda es transmitirle a sus familiares nuestras condolencias.

Se fue un hombre grande y bueno. Se fue un poeta.

CS *

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