El Parlamento homenajeó ayer al papa Juan Pablo II

«Tuvo un enorme coraje para pedir perdón en víspera de comienzo del Tercer Milenio, por los errores de la grey católica, por los daños de la inquisición, por el antisemitismo», manifestó el senador blanco Jorge Larrañaga.

Resaltó «el no a la guerra permanentemente, la lucha por la paz. Su discurso contrario a la guerra de Irak el 13 de enero de 2003. Se opuso a todas las guerras, desde las Malvinas hasta el derrocamiento de Hussein».

El encuentrista Carlos Baráibar recordó que el Sumo Pontífice opinó en temas tan controvertidos como «el divorcio, los anticonceptivos, y temas como el celibatos», así como «la condena al neoliberalismo y políticas contra la pobreza».

Además, hizo «una opción por los pobres y los marginados».

El colorado Julio María Sanguinetti aludió a la fe de Juan Pablo II que «nunca transformó en fanatismo».

«Fue un Jefe de Estado, del Vaticano, y jefe de la Iglesia», ejerció un «inmenso liderazgo. Liderazgo moral que nace de causas humanistas».

«Pasa a configurarse no sólo en una de las grandes figuras del siglo XX si no en uno de los líderes intelectuales de este siglo que abre, y deja abierta una agenda de debates que aún en la controversia marcará su vigencia», dijo Sanguinetti.

El vicepresidente Rodolfo Nin Novoa dijo haber tenido «el enorme privilegio : primer ciudadano que en Cerro Largo se acercó a recibir a su Santidad cuando visitó aquel departamento».

A su entender, «Juan Pablo II fue un gran Papa bueno». Al finalizar al parte oratoria, se realizó un minuto de silencio.

 

Diputados

En la Cámara de Diputados, los discursos se centraron en su incidencia en la política internacional.

El diputado nacionalista Gustavo Borsari (Herrerismo) abrió el homenaje señalando que su mensaje a los polacos, «no tengan miedo», le dio «un golpe definitivo a las dictaduras del este de Europa», citando luego la relativización que hizo el propio Papa sobre su papel al afirmar que «sería simplista decir que la Providencia provocó la caída del comunismo (…) cayó por sí mismo, a causa de su propia e inherente debilidad».

Por el MPP, el diputado Ruben Martínez Huelmo apuntó que «Juan Pablo II, con agudeza, que la caída del marxismo no eliminaba el peligro del neoliberalismo».

En tanto, el legislador vertientista Edgardo Ortuño subrayó que el Papa «criticó las desigualdades del capitalismo» y apoyó los programas contra el hambre, como el proyecto del presidente brasileño Lula Da Silva «Hambre 0″. Añadió que «se opuso al concepto de guerra preventiva» y que no vaciló en tender puentes hacia Cuba».

Desde el Partido Nacional, la diputada aliancista Clauda Croci (suplente de Javier García) también anotó la condena del Papa al capitalismo salvaje, recordando una síntesis del Pontífice que expresaba «ni Nueva York ni Moscú.

«Juan Pablo no evitó denunciar todas las guerras», dijo por su parte el colorado Washington Abdala (Foro Batllista), agregando que «no eludió jamás las consecuencias políticas de su mensaje evangelizador» y «se alejó de la reaccionaria actitud contemplativa». Abdala destacó que, «si algo hizo fue jugar fuerte».

El diputado nuevoespacista Diego Cánepa, a su turno, subrayó que «supo pedir perdón por las aberraciones que su Institución había cometido», considerándolo un ejemplo a seguir en el Uruguay.

La sesión culminó con la realización de un minuto de silencio por parte de los miembros del cuerpo. En ambas sesiones estuvieron presentes autoridades de la Iglesia Católica uruguaya. *

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