Oscar de los Santos, candidato del EP-FA-NM a la Intendencia de Maldonado

"Antía privilegió a sectores empresariales, concentró la riqueza y generó más pobreza"

-¿Cuáles son las expectativas de su fuerza política en Maldonado teniendo en cuenta que hoy el EP-FA-NM es gobierno nacional?

-Necesitamos acompañar este cambio que comenzó a instalarse con el resultado electoral del 31 de octubre. En Maldonado precisamos un gobierno progresista, de izquierda, que contribuya a ensamblar un proyecto de carácter nacional que acompañe al gobierno de Tabaré Vázquez en varios municipios. Maldonado tiene un valor estratégico desde el punto de vista económico porque exporta ingresos de una parte de los capitales, porque ha sido el lugar de ensayo de un modelo que se empezó a retirar y que puede ser un obstáculo para las transformaciones que necesita Uruguay. Nuestro departamento precisa un gobierno progresista y el Uruguay necesita que Maldonado sea progresista.

-Hay varios departamentos estratégicos para el Encuentro Progresista de cara a las próximas elecciones comunales de manera de consolidar el resultado del 31 de octubre. Además de Maldonado, Canelones, Colonia, Paysandú y Salto.

-Sí, yo lo extendería hasta Rocha. Tiene que ver con todo el proyecto turístico y el propio proyecto productivo de una salida al mar. También en la franja costera que tiene el país, que habrá que preservarla porque es un bien finito y porque la estrategia, hasta el punto de vista de desarrollo urbano en esa zona, tiene que ser coordinada por los municipios y el gobierno nacional.

-En los últimos tres períodos comunales, Maldonado ha sido un bastión del Partido Nacional. ¿Cuáles son a su juicio las carencias que han dejado estos gobiernos municipales?

-Una de las primeras carencias es que, al desarticularse el Uruguay que producía, el fabril, el del campo, la gente empezó a emigrar hacia donde había alguna alternativa laboral. Maldonado fue uno de los lugares que creció demográficamente, fruto de la inmigración interna. Esa inmigración se acentuó en la época del boom de la construcción y que fue dejando secuelas sociales enormes que se ponen de manifiesto en los asentamientos, en los niveles de pobreza extrema en los cordones que rodean los casos urbanos de las ciudades. También se manifiesta en ser uno de los lugares de donde hay mayor deserción escolar, tomando como elemento el ciclo básico. La crisis social es falta de una planificación en el último reducto donde la gente fue en busca de la última esperanza. Todo esto que le enumero es lo que nos hace afirmar categóricamente que Maldonado no tiene salida, sino es a través del conjunto del Uruguay. Si nosotros no abordamos los problemas sociales en un corto lapso de tiempo, la marginación y la exclusión social pueden terminar, en 8 o 10 años, en una especie de Rio de Janeiro.

 

Inversión privada y reglas de juego

-Durante la administración Antía, y con la ayuda de los medios de prensa -sobre todo televisivos- se mostró «otro» Maldonado. Fiestas suntuosas, lujo, yates, modelos. Nunca observé que las cámaras registraran imágenes de asentamientos. Al parecer se trató de que el departamento quedara reducido a Punta del Este.

-Estoy de acuerdo con usted. Maldonado no es sólo Punta del Este. En todo caso, Punta del Este es un diamante en bruto y, en la medida que lo administremos mejor, se mejore la calidad de vida de todos sus habitantes. Creemos que será además una forma muy importante de contribuir a ese país productivo que queremos. El tema que el intendente Antía ha priorizado el privilegio de una serie de sectores empresariales que trabajan con el municipio, con lo que ha concentrado el gasto público. La acumulación de esa riqueza, lo ha significado más pobreza para el resto de la sociedad. Y también ha distorsionado lo que son las reglas de juego para la inversión privada. Obviamente que necesitamos que existan para crecer y lograr, si llegamos a ser gobierno, distribuirlo con más justicia social. El problema que hay es que el tratamiento de las excepciones a las normas, cuando éstas se transforman en norma, generan inseguridad en el inversor. En última instancia, lo que hace es contribuir a mantener la situación como está.

-Esto nos lleva a la polémica generada en los últimos tiempos por la construcción de las torres. En caso de que usted acceda a la Intendencia ¿cómo va a tratar de equilibrar la relación entre inversores y la defensa ambiental?

-Nosotros somos partidarios de un plan de desarrollo urbanístico que preserve la franja costera, preserve las reservas de agua dulce y que capaz de que la intervención del hombre y la inversión no termine matando a la gallina de los huevos de oro. Con esto quiero decir que exista un desarrollo equilibrado con el medio ambiente y la contaminación visual. En este plan al que hago referencia necesitamos, como uno de los objetivos, ordenar la utilización del suelo para ese Maldonado turístico y productivo, que se aparte de la estrategia de desarrollo.

En un eventual gobierno nuestro revisaremos las normas y, en caso de que haya que cambiarlas, las cambiaremos para todo el mundo. Pero después de establecidas las normas, no manejaremos excepciones. Nos mantendremos fiel a su cumplimiento, porque no debe ser sólo el soporte técnico el de la norma, sino también el acuerdo social de los distintos actores sociales sobre qué departamento queremos de aquí a veinte años. El manejo de las excepciones es el privilegio de un grupo reducido de inversores, que va en desmedro de la inmensa mayoría de los inversores serios que, en definitiva, fueron los que crearon el 95 por ciento de los puestos de trabajo en la construcción en el transcurso del año pasado.

-¿Qué va a pasar con el Maldonado rural?

-Nuestro planteo es incorporar al proyecto turístico de sol y playas, tratando de romper la estacionalidad, la necesidad de incorporar una identidad cultural sobre la base de que podamos ofrecer nuevos productos turísticos. Desde el turismo de convenciones, que hay que salir a pelearlo afuera con un papel más activo de nuestras embajadas. Queremos conformar una corporación mixta entre el Estado y los privados, donde el Estado regule y establezca reglas y normas y los privados empujen el carro. También atraer otro tipo de turismo como pueden ser estudios terciarios de alto nivel, aprovechando la infraestructura que queda vacía buena parte del año. *

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