En Venezuela se ha caído la máscara de la dictadura mediática

Chávez: "Antes, los medios de comunicación elegían el presidente, ahora es el pueblo"

S.B. Presidente, bienvenido, gracias por estar.

H.CH. Muchas gracias a ti, gracias.

S.B. Bueno, mira; estábamos hablando fuera de cámara sobre tus padres. Tu padre es maestro. Y yo te contaba que mi madre es maestra. Tú estabas cantando. ¿Por qué no empezamos cantando un poco después de que tanto has estado hablando de seguridad, de esto y de lo otro.

H.CH. Mira, yo canto muy mal, y además con esta gripe… pero te estaba tarareando una canción de un poeta de mi pueblo, se llama Eladio Tarife, y ha compuesto canciones como «Linda Barinas». Barinas, es mi tierra natal, en el sur, en los llanos y dice: «Yo traigo un grito llanero que me nació del te quiero para cantarte Barinas»; pero esta es una, otra es: «Sueño latino», y es la que me despierta del alma cada vez que vengo a estas reuniones: «En la barca de mi sueños por América Latina, me la paso navegando de México a la Argentina, yo soy de la tierra de donde nació Bolívar la misma de San Martín, de Zapata y José Artigas»… es linda la canción.

S.B. Es linda, y no es mala la voz, ¿eh?

H.CH. No, no. Gracias por tu cumplido, ya veo que me has tirado una flor, pero no.

S.B. Bueno deja de ser militar y presidente y canta que siempre es bueno tener trabajo.

H.CH. No, no, fracaso, quebraría.

S.B. ¿Por qué razón Chávez, siendo hijo de maestros, quiere ser militar y decide ser militar?

H.CH. Bueno, cuando estaba en secundaria, allá por el año 70, estaba entrando a mi último año de secundaria, ni soñaba ser militar. Quería ser digamos, profesionalmente hablando, o académicamente hablando más bien, ingeniero. Me gusta mucho la matemática, la física me encanta. Les leyes de Kichofloff, Teorema de Gay-Lussac, Newton y Gay-Lussac todo aquello.

Pero luego me invadió una pasión juvenil del béisbol, jugué béisbol (todavía de cuando en cuando hago una partida) pero antes jugaba béisbol en torneos nacionales. Entonces, me surgió la ilusión, o la idea de ser pelotero profesional, y tenía un dilema. Voy a estudiar ingeniería, pero quiero ser pitcher de grandes ligas.

Eramos de familia de clase baja, mi padre no tenía recursos para costearme los estudios en Caracas. La única universidad que había cerca era en los Andes venezolanos, ahí no se juega béisbol, así que yo decidí buscar la vía de la escuela militar, pero sólo para ir a Caracas y pasar ahí un año, y luego irme de la escuela militar, pero ya conociendo Caracas, y quedarme en Caracas y meterle al béisbol. Pero luego, me quedé en la escuela militar.

S.B. ¿Y qué tuvo la escuela militar que lo atrajo tanto?

H.CH. Me gustó desde el primer día. Yo me sentí como pez en el agua. Y luego comenzaron a pasar cosas, rápidamente entré en contacto con algo que ahí había, sobre todo con Bolívar. Es decir, el ejército venezolano estaba entrando; finales de los 60, comienzos de los 70, en una nueva etapa. Y comenzó a estudiarse muchísimo a Bolívar y la ideología bolivariana; yo creo que eso fue lo que más me capturó entre el 70 y el 74. Y luego pasaron cosas que me despertaron el alma y el ánimo de batalla, digámoslo así, social y luego eso pasó a ser político inevitable.

Le dan un golpe a Allende, lo tumban en el 73, yo era cadete de tercer año. Aquello nos indignó a un grupo de nosotros. Luego conocimos al Perú de Velazco Alvarado del 74, era El Plan Inca, la Revolución Nacional Peruana, luego conocimos la Panamá de Omar Torrijos. Entonces, comenzamos ahí a estar como entre dos extremos, entre dos fuegos y nos hicimos bolivarianos y aquí estamos. Ese ha sido un camino, pero no dejo de ser o de tener sangre o inspiración de aquellos maestros que siguen siendo mis padres: mi padre y mi madre.

S.B. Es interesante; hablaste de Allende que era un político y un intelectual y al mismo tiempo tú eres un escritor, ¿tú has escrito?

H.CH. No, no soy escritor. Garabateo cosas.

S.B. Y bueno, garabatear es una forma de dar forma a las cosas. Qué hizo Cervantes, qué hizo el Quijote cuando le puso nombre a las cosas. Tú le estás poniendo nombre a las cosas; a algunas personas les gusta los nombres que le estás poniendo a las cosas. Y a otras personas no les gusta los nombres que le estás poniendo a las cosas. ¿Es así o no es así?

H.CH. Es así. Es así, porque son nombres algunos de ellos de impacto. Cuando nosotros por ejemplo colocamos el nombre de Bolívar en el escenario venezolano, comenzó no gustándole a algunos que utilizaron a Bolívar durante mucho tiempo. El Bolívar de bronce, alejado del sentimiento nacional. Lo falsificaron, y tú sabes, fíjate, tanto no le gusta a la oligarquía venezolana el Bolívar que hemos puesto nosotros en escena, ya no el de bronce, ya el de carne y hueso. Bolívar pueblo.

Una de las primeras cosas que hicieron los golpistas de abril de 2002 fue quitar todo retrato de Bolívar del Palacio de Gobierno. Los desmontaron y los conseguimos en un baño, unos retratos grandes del salón de reuniones, del sitio donde damos las ruedas de prensa… quitaron a Bolívar.

No les gusta nada. Cuando a nivel internacional hablamos ahora de Petrosur, por ejemplo, hay sectores a los que no les gusta, o ahora le estaba respondiendo una pregunta a un periodista: hay sectores que cuando hablamos de Telesur, dicen ‘ah, es de un canal de Chávez, es Tele Chávez para adoctrinar a los pueblos sobre el comunismo, y sobre no sé que otra cosa. No les gusta.

Entonces comienzan a satanizar ideas que son sólo ideas, y más que ideas proyectos para este nuevo proceso que yo no tengo duda en llamarlo de liberación de nuestro pueblo.

S.B. Vamos a seguir con eso enseguida porque ustedes firmaron en la mañana de hoy con el presidente Vázquez cinco documentos y vamos luego a ir a esos documentos, pero previamente a esto vamos a volver al tema del ejército porque tú nombraste a Allende; vivimos los años de plomo porque nombraste también lo que significan los cuadros, colgar o descolgar cuadros. El propio Kirchner en Argentina hizo descolgar cuadros y cuando aquí se quiso colgar y se colgó finalmente y hace poco un cuadro de Seregni pocos días antes de su muerte, pocas horas antes… hubo un verdadero estremecimiento en el Ejército. ¿Qué es un ejército finalmente? ¿Qué es un ejército en Venezuela? ¿Qué son los ejércitos en la América Latina y cómo tiene que ser la relación entre ejército y sociedad civil?

H.CH. Los ejércitos se han venido moviendo al ritmo que marcan los tiempos. Habrá que recordar al ejército Unido Libertador, donde pelearon incluso como tú lo sabes uruguayos en la batalla de Junín. Hubo un grupo de veteranos artiguistas que estuvieron allá a la orden del mariscal Sucre, venezolano. Y en Ayacucho el mariscal Sucre comandó un ejército unido donde había hasta mexicanos, caribeños… en fin, aquel ejército nació para la libertad, era el Ejército Libertador, para la unidad.

Detrás de aquel ejército fue que Bolívar convocó, y con aquel ejército de respaldo convocó al Congreso de Panamá. Luego, en el siglo XIX los ejércitos se fragmentaron en pedazos junto a sus pueblos.

Decía Mao Tsé Tung: «El pueblo es al ejército, como el agua al pez». Donde no hay pueblos de verdad consciente, los ejércitos o se fracturan con los pueblos o arremeten contra los pueblos. El siglo XX, que fue con algunas excepciones, pero mayormente los Estados Unidos penetraron nuestros ejércitos. Yo lo decía hace un rato, y en muchas ocasiones los obligaron a actuar contra nue
stras propias patrias. Actuaron como si fueran ejércitos de ocupación en su propio territorio.

Yo miembro de un ejército como soy, del ejército venezolano, ahora de comandante en jefe, creo que esta nueva era, cuando los pueblos despiertan, cuando los pueblos campanean y señalan, están obligando a los ejércitos a buscar sus orígenes de nuevo.

El ejército venezolano por ejemplo, está profundamente consustanciado con su pueblo. El ejército venezolano se ha reencontrado con su propia raíz, y yo tengo la firme esperanza y fe de que irá ocurriendo lo mismo con todos los ejércitos de la América Latina, progresivamente en la medida en que los nuevos procesos políticos vayan avanzando.

S.B. En ese sentido, Chávez el relacionamiento tuyo con las instituciones es un relacionamiento que está recorrido por tu propia experiencia en golpe de Estado, tu propia experiencia de prisión y las propias experiencias de golpe y de recuperación y convocatoria de la voluntad popular hacia ti y contigo, pero eso tiene por ahí un peso muy fuerte, la palabra. Por alguna razón tú trabajas con la palabra con la gente.

H.CH. Sí, la palabra, la palabra. Bueno, Cristo fue pregonero de la palabra. Creo que el ejemplo de un hombre que a través de la palabra levantó pasiones, amores, también odios que lo llevaron a la cruz. Creo que la palabra es una de las más poderosas herramientas, o para generar mentiras o para descubrir verdades, o para dominar y engañar a un pueblo, o para levantarlo y ayudarlo a que se impulse por encima de sus miserias y vaya a buscar su destino. Yo suelo usar mucho la palabra y trato de usarla bien. A veces me equivoco, a veces y muchas veces, bueno, … rectifico cuando me he equivocado. Pero sí, la palabra es un arma sin duda alguna. Es una poderosa arma.

S.B. En ese sentido los medios de comunicación que es uno de los temas que estuvieron presentes en la jornada de hoy, y en este Telesur al cual tú hacías referencia recién, los medios de comunicación tienen un extraordinario poder de incidencia.

Tú hablas de Allende por ejemplo, lo que significaron los medios de comunicación contra Allende por ejemplo ¿no? entre otras cosas. Cuando tú haces una reflexión sobre los medios de comunicación en Venezuela pero además tienes una acción desde los medios de comunicación a partir y sobre los medios de comunicación en Venezuela, y este punto me interesa particularmente para Venezuela, para la América Latina y para este documento que se ha firmado hoy. ¿Cómo es esto?

H.CH. A mí me apasiona el tema mediático comunicacional, desde niño. Siempre me apasionó participar, debatir. Me gustaba mucho dar discursos de niño. Recuerdo que mi padre era maestro de escuela, hoy es gobernador del estado natal, y acaba de ser reelecto ahora hace tres meses.

Entonces, mi padre me hizo una vez un discurso el día de la bandera. Recuerdo clarito que terminé diciendo lo que él escribió en un papelito: «La bandera que Miranda trajo y que Bolívar condujo con gloria hoy flamea libre en el horizonte»… me encantaba.

O cuando fue por primera vez un obispo a mi pueblo, se llamaba el obispo González Ramírez, me tocó también leer unas palabritas que me escribió mi padre de bienvenida al obispo.

Bueno y luego ya lo mediático. En el ejército yo hice curso de locutor. Yo tengo título de locutor.

S.B. Bueno… tienes voz «de».

H.CH. Un poco… estudié un poco. Era subteniente, yo tenía veintiún años y era muy inquieto y me mandaron a trabajar a una unidad antiguerrillera y le dije a mi comandante que era un buen hombre … ya murió hace unos años.

Yo le dije: «mire mi comandante … –además estábamos en mi pueblo ahí, en los llanos, yo conocía el medio geográfico, el medio humano– y le dije.. mire mi comandante –yo jugaba béisbol en esos tiempos como siempre los fines de semana y en las noches– le dije: «a mí me preocupa que yo pertenezco a este batallón de cazadores y uno sale uniformado por ahí y la gente opina muy mal de nosotros … vamos a hacer algo para cambiar la opinión que tiene el pueblo de los militares. En ese tiempo había guerrilla en Venezuela. Mi canciller Alí Rodríguez era jefe guerrillero en ese tiempo, y yo estaba en un batallón antiguerrillero.

Al comandante le gustó la idea y entonces comenzamos. Yo tenía un programa semanal de radio en radio Barina, el subteniente Hugo Chávez, y que poníamos ahí: música, llevaba un soldado a decir un cuento … yo inventaba cosas, me metí en más de un lío. Luego, me autorizó para escribir una columna semanal que se llamaba Proyección patriótica Sedeño (Sedeño era el nombre de nuestro batallón).

Ahí en Barina en un periodiquito que circulaba a diario llamado El Espacio ahí teníamos un espacio. Luego, me fui por todos esos pueblos a dirigir la campaña de captación de aspirantes a la academia militar a dar charlas a todos los liceos de educación media de aquella región de los llanos. Tenía veintiún años.

Y así fui, después en la Academia Militar me encargué del aspecto cultural de presentar música, eventos, de contactos con los medios de comunicación. Yo recuerdo incluso de Popi un programa infantil de televisión, yo de capitán no sé si estará eso grabado por ahí. Yo hacía un programa con Popi en televisión.

Popi era un señor que se vestía de payaso, era un programa para niños y una vez llegó Popi a la academia militar (yo era capitán) entonces todos los niños por allá donde yo vivía me decían: mirá este es Popi, anda con Popi.

Me gustó eso siempre, lo de los medios: la televisión, la radio. Después hice el curso de locutor y me dieron mi título.

Cuando era jefe de guarnición por allá en el sur entre los indios, ayudamos a instalar una radio: radio Elorsa. Un buen amigo de por ahí, de esos llanos logró una concesión para una radio y yo me puse con él a trabajar con mis soldados para instalar una antena en una sabana que era un desierto por allá. La llevamos a lomo la antena, las partes de la antena hasta que salimos al aire. Y entonces, yo me la pasaba ahí, transmitiendo por radio historia, cultura, entrevistábamos indígenas y ahí ya está la radio y ya cubre casi todo el estado de Apure en la frontera con Colombia.

El día de nuestra rebelión militar ocurrió algo así, algunos dicen que ahí nací yo como actor político … no lo creo así tan fácil, pero influyó. Yo ya estaba rendido… estaba preso. Pero todavía habían focos de rebelión civil y militar en buena parte del país. Y yo le digo a los jefes militares que ya me tenían preso que me permitieran hablar con mi gente, con mis hombres para ordenarles la rendición total y plena y de inmediato.

Bueno, me permitieron un teléfono –en ese tiempo no había celulares–, pero por teléfonos alámbricos comerciales yo empecé a hablar y a rendir a mi gente, a decir: ríndete, entrega las armas.

Ahora, había algunos que no atendían teléfono o estaban desplegados en las calles, entonces se le ocurre a un almirante decir: Chávez, usted puede hablar a su gente para la rendición; y le dije que sí, me tienen preocupado yo quiero que se rindan ya, que no haya más muertos ni heridos.

Estoy rendido yo su jefe, que se rindan todos. Bueno llamaron a la televisión y yo aparezco en vivo, estos fueron cuarenta segundos. Yo dije algo pero, me negué a escribir lo que iba a decir. No yo no voy a escribir nada, yo tengo mi palabra empeñada de honor. Yo no voy a llamar a rebelión ni a nada, voy a llamar a rendición.

Luego, me habían quitado mi go
rra, mi fornitura y cosas y les dije, no. Me acordé de Noriega, el panameño que lo sacaron con una franelita los gringos, no.

Yo les dije, no. Me dan mis cosas, yo salgo uniformado… me permitieron todo eso y yo dije unas cosas pues. Un pequeño discurso muy cortico que impactó.

Yo después vi la grabación, e impactó porque se me ocurrió decir cosas como esta: –y eso me salió del alma, yo ni lo había pensado, eso fue como un manantial de cosas, de palabras… la palabra–, comencé diciendo: «Buenos días a todo el pueblo de Venezuela, este mensaje va dirigido a mis compañeros de rebelión en la ciudad de Maracay y del regimiento de Paracaidistas y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros, lamentablemente por ahora (ese por ahora salió de no sé dónde) no hemos logrado los objetivos que nos propusimos, ustedes lo han hecho muy bien, les agradezco su valentía, su patriotismo y yo ante el país y el mundo asumo la responsabilidad por este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias. Cuarenta segundos y me fui.

Eso quedó ahí en la conciencia colectiva y está ahí. El «por ahora» se convirtió en un tintineo permanente, la palabra otra vez. Y hoy, en vez de estar cerrando televisoras, han atropellado a un pueblo, las televisoras privadas venezolanas incluso participaron no es que apoyaron… participaron en el golpe de Estado. Participaron sus dueños de casi todos los canales privados. Colocaron sus cámaras, sus trabajadores al servicio de los golpistas. Le negaron información a un pueblo y a un mundo. Imagínate tú lo que es un día de golpe, de un movimiento militar y civil también, una conspiración. El Presidente convoca a un mensaje nacional y ellos lo sabotean, cometiendo un delito, sin duda.

Yo he tenido mis razones para cerrarlos a todos, según la ley. No lo he hecho… prefiero debatir con ellos, y de ahí surgió el programa Aló Presidente todos los domingos, ya vamos por 214 programas y a veces dura siete horas. Es una cosa totalmente irracional, un programa de televisión de siete horas no tiene ningún patrón, no hay patrón que permita evaluarlo pero ahí informamos, la gente llama, hacemos anuncios, hacemos análisis, entrevistamos gente, participan grupos de personas, nos vamos al interior del país y nos vamos a un barrio, y ahí pasamos el día domingo casi completo no.

Es un evento, que contribuye a la dinámica comunicacional. En Venezuela entre otras cosas, por muchas razones, se le ha caído la máscara a la dictadura mediática y uno de los grandes derrotados en esta batalla política en Venezuela son los medios de comunicación.

Los medios de comunicación antes decidían quién era presidente y quién no. En Venezuela ahora decide un pueblo.

S.B. En ese sentido ¿cómo se hace –porque tú estás contando una historia y es bien clara– pero cómo se hace, cuál es el momento en el cual se caen las máscaras? ¿Qué se produce en la gente, para que se caigan las máscaras? ¿Cómo es el mecanismo, por el cual eso pasa?

H.CH. Yo creo que no es un momento. Es la sumatoria de muchos momentos, de muchos acontecimientos. Pero por ejemplo, para limitarnos así en el análisis: 1998 casi todos los medios privados estaban contra mí en la campaña electoral. Muchos de mis amigos me decían, tú estás loco, qué candidato vas a ser, no vas a ganar pero ni la esquina. Tu no vas a sacar más de diez por ciento, te vas a enfrentar a todos.

Bueno, primero era una candidata muy linda, que fue Mis Universo, entonces encuestas, manipulación de encuestas. A mí me ponían con 5% y a ella con 60 faltando menos de un año para las elecciones. Luego aquello se vino abajo, la verdad era tan contundente que las mentiras iban desapareciendo. Es como cuando sale el sol, puede haber mucha oscuridad pero cuando es tan contundente el sol de la verdad. Luego vino la unión de todos, las campañas más perversas. Pero, la conciencia de un pueblo es lo que permite que yo esté aquí de presidente.

Te voy a contar una anécdota de cómo el pueblo venezolano ha despertado; dicen que los borrachos, los locos y los niños dicen puras verdades.

S.B. Dicen que sí.

H. CH. Fidel Castro y Hugo Chávez, ese ha sido un tema de manipulación ahora mundial. Pero en aquellos años de campaña electoral, era todos los días: Chávez candidato tiene un plan comunista para implantar en Venezuela otra Cuba. Eran cuñas y cuñas todos los días. Y sacando medias verdades, manipulando imágenes, análisis en televisión.

Bueno, en una ocasión yo fui a Cuba, incluso antes de la campaña, saludé a Fidel, nos dimos un abrazo. Hicieron una campaña bestial por radio, televisión y prensa escrita, las fotos, las imágenes. Hay un momento en el cual yo con mi boina roja saludo a Fidel y él también saluda militarmente despidiéndonos. Analizaban aquello, era para reírse, ¿no?

Supuestos analistas militares detenían el video y decían: vean ustedes, Fidel Castro saluda y baja la mano y Chávez no la bajó. Significa que se subordinó militarmente a Fidel Castro. Todo aquello lo repetían una y cien veces.

Regreso de Cuba a los dos días, era diciembre, me bajo de un taxi y voy a una oficina que está ahí, cruzo la calle. Viene un borracho… pero cayéndose, con una botella de ron y se topa conmigo, pero en su borrachera me dice: «Te pareces a Chávez». Y yo le digo: soy Chávez, hermano cuídate (porque andaba muy borracho), el siguió caminando pero creo que no dio dos pasos más cuando oigo que me grita: «Chávez», yo volteo, él medio volteó ¿sabes lo que dijo aquel hombre?: «Chávez… viva Fidel» y siguió con su borrachera.

Ese borracho, recoge en esas dos palabras «Viva Fidel» la conciencia de un pueblo, el pueblo venezolano.

Lo han tratado de engañar, de atemorizar y ahí está. Nosotros ganamos las elecciones ese año, después de aquella campaña salvaje. De mí se decía que soy loco, en televisión, en cuña. Yo estaba casado en ese tiempo y decían que yo estaba tan loco que mi esposa Marisa (madre de mi última hija) vestida a la usanza colonial salía a servir la cena y que servía mi cena y al lado en una silla vacía colocaba otro plato: Bolívar. Chávez comía con Bolívar.

En otra ocasión, llegaron –pero fíjate se les caen las máscaras– a contratar a un actor profesional que imitaba mi voz, y entonces un día sale una cuña de estas de publicidad con la cara mía y la voz idéntica –yo dije… Dios mío yo no dije eso, yo dudé por un instante: ¿dónde dije yo eso? ‘Freiremos a los adeptos en aceite, les cortaremos la cabeza y no sé qué más’. Bueno, aquello causó un impacto nacional e internacional y yo dije ah, me dieron duro ¿eh?

¿Sabes lo que ocurrió después? El joven actor estaba por viajar ese día, creo que a Francia, yo ni lo conozco a todas estas.

El actor ve la publicidad y dice: oye eso fue lo que yo grabé, y llama al actual vicepresidente, que es periodista, José Vicente Rangel y le dice: Doctor Rangel no me quiero ir sin darle una declaración a usted esa voz que está saliendo por ahí, no es la voz de Chávez, es la mía, que yo lo imité pero a mí me engañaron, me dijeron que era para una cosa cómica y ahora están sacando una publicidad.

Le pagaron no sé cuantos miles o millones de bolívares para que dijera eso. A bueno, entonces el golpe fue mortal para ellos. Con la voz del hombre diciéndole al país: «Me han engañado, han grabado mi voz, me pagaron tanto en el Estudio de Chelique Saravia para utilizar esto contra Chávez. Yo no soy chavista pero, eso no es así». Y se fue para París.

Bueno, golpe mortal con
tra esta pretensión.

En fin, hoy prefiero el debate. Desenmascarar, no me da temor ninguno esa batalla mediática, yo amo la libertad de expresión.

A mí me han sacado hasta a mi madre por televisión. Un dirigente político una vez dijo (y luego repitieron el programa, cosa que compromete al canal), «el presidente Chávez es un hijo de su madre», así lo dijo.

Yo lo que hice fue llamar a mi viejita y le dije dame tu bendición mamá y perdóname. Y algunos dirán: métalo preso. No, no, no. Eso es lo que él quiere, déjalo quieto.

Como dice el dicho: «Las águilas no cazan moscas».

S.B. A propósito de eso, Chávez, la televisión como instrumento poderosísimo como decía Umberto Eco de estas autopistas de la información, porque vayamos entonces a la historia de lo que se quiere. Los unos quieren una cosa, los otros quieren otra cosa; las autopistas de la información para contribuir a la democratización de la democracia, la libertad y sobre todo la equidad. Porque la iniquidad lleva a la iniquidad. Entonces ¿qué pasa en Venezuela con la legislación en la televisión y qué pasa en Venezuela con ese deseo suyo que se va estructurando y tomando forma con la Argentina, con Uruguay a propósito de Telesur? ¿Qué pasa con eso?

H.CH. Debe haber autopistas, debe haber carreteras, caminos; como el cuerpo que tiene las arterias hasta los vasos capilares.

En Venezuela estamos democratizando todo. En contra de lo que dicen desde Washington, por ejemplo, que Chávez es un autócrata y que dirige Venezuela en una dictadura.

Pero vuelvo a citar a Galeano (Eduardo, te dejo un saludo), y la escuela del mundo al revés. Dice: «Vengan a ver al río que escupe fuego, el sol brillando a mitad de la noche» todo en el mundo lo quieren poner al revés. Los campeones de la libertad de expresión, son los norteamericanos. Pero allá persiguen periodistas, y meten presos periodistas porque no revelan la fuente. Los campeones de la libertad de información son los Estados Unidos, pero no permiten que le tomen una foto a los cadáveres de los soldados que regresaron muertos de Irak, por ejemplo.

Son los campeones de los derechos humanos, pero bombardean pueblos, invaden ciudades, tienen tanques gigantescos, y ahora tienen unos aviones Hércules, con un cañón giratorio, y de noche bombardean pueblos, aldeas.

Hace poco, los árabes tienen una costumbre (yo he estado varias veces en el desierto árabe), es lindo el desierto. Y nos parecemos mucho, nosotros a los árabes, los venezolanos, creo que también los uruguayos, tenemos mucho de esa cultura árabe. Y las relaciones de la OPEP nos han llevado a una relación cercana con los pueblos árabes. Los árabes disparan mucho en las bodas, ellos tiran tiros al aire, pero ellos usan unas armas que no disparan balas, sino que queman pólvora.

Bueno, hace poco, dicen los norteamericanos que creyeron que los estaban atacando y le lanzaron un misil a una boda. Hasta los niños que llevaban los anillos, todos murieron. Terminó en un desastre. Y ellos son los campeones de los derechos humanos.

Entonces, en Venezuela, estamos democratizando todo. Menos referéndum para hacer una Constitución, referéndum para decidir si un presidente sigue o no en función. En Venezuela se puede revocar cualquier mandato o cualquier cargo de elección popular (presidente, gobernador, alcalde, diputado, etc.). Y también estamos democratizando los medios de comunicación, también la economía. Estamos democratizando la sociedad.

La última etapa en la que hemos entrado y será larga, yo me atrevo a llamarla la Democracia Revolucionaria. Una democracia para transformar la falsa democracia que hemos tenido en muchos años. Los medios no pueden escapar de eso, no puede haber una tiranía mediática en el marco de una revolución. No puede haberla.

Entonces, hemos estado primero: legislando. Juan Pablo II, ojalá que viva muchos años más, ha dicho hace poco –hace un año– hablando de los medios de comunicación mundial, que no puede haber una libertad sin restricciones. No hay libertad sin límites.

Tú puedes ser dueña o yo dueño de un revólver, por decir algo, o de un carro, pero yo no puedo andar en mi carro aún cuando lo haya comprado por la mitad de la calle de Montevideo a 120 kilómetros por hora, no alto, deténgase, y va preso. Y a lo mejor le prohiben conducir hasta que demuestre que no está loco, por ejemplo. O un arma, la compraste, tienes tu título, es tuyo. Pero tú no puedes estar disparando en la esquina. Hay normas que cumplir. O tú tienes un apartamento en una zona residencial, tú no puedes poner ahí música toda la noche y bailar toda la noche y una borrachera y un prostíbulo y sé que al lado hay una escuela. No, no; todo tiene sus límites. Y para eso están las leyes. Decía Rousseau: «Entre el fuerte y el débil, la libertad oprime, solo la ley libera».

Entonces, en Venezuela por cincuenta años se mantuvo la discusión por una ley llamada Responsabilidad Social de Radio y Televisión, donde se establecen penas a los medios que violen la ley. Que violen por ejemplo, el horario infantil. Cómo tú vas a estar trasmitiendo en un horario infantil escenas de sexo, por ejemplo. O escenas de violencia. Películas donde se hace exaltación al consumo de drogas, al homosexualismo, a esas cosas que son humanas, pero son de las cosas bajas del ser humano. A los niños hay que mostrarles las estrellas para que vuelen, no cortarles las alas de una vez cuando están chicos.

Ese es un ejemplo. Entonces, nos llaman arbitrario y autoritario. ¿Quiénes son los arbitrarios? Ellos que no respetan derechos de nada. Incitan al odio, a la violencia. Ahora en Venezuela hay unos límites y un Estado dispuesto a que se cumpla esa ley. Hemos estado creando televisoras, como la televisora Vive, una nueva televisora que tiene un año, y cubre todo el país y trasmite casi veinte horas ya. Eso es televisora educativa, cultura e informativa. Un formato totalmente distinto con producción nacional.

Y sobre todo hemos estado acelerando la democratización de las televisoras comunitarias. Hace poco estaba el ministro Izarra, nuestro ministro de Comunicación, entregando trasmisores a medios comunitarios.

Se ha incrementado por todas partes, porque ahora tenemos una ley de Radio y Televisión que nos obliga a apoyar a los medios comunitarios; antes eran ilegales. Antes les decomisaban los trasmisores, los allanaban y se los llevaban presos a los muchachos, sobre todo a la gente joven. Ahora no, ahora el presidente, el ministro, se reúne con ellos, los oye y ponemos pautas. Entonces, nos critican y por supuesto que deben hacerlo cuando ellos lo consideren justo, pero les estamos dando crédito y hasta donación de equipos. Es democratización de los medios de comunicación.

S.B. Chávez, hay un tema que es el siguiente: pasa también aquí que la televisión pública es una televisión pauperizada, una televisión en la que los recursos son escasos, la tecnología obsoleta, no había inversión para que los recursos humanos se reciclen, en consecuencia es muy abismal la diferencia entre lo que muestra la pantalla del canal privado –no estoy hablando ahora de la calidad del contenido, estoy hablando de otros elementos– es muy fuerte la diferencia… y es casi natural que el televidente busque la belleza y la estética y cuando el contenido está dentro de una caja oscura, gris, sin brillo, sin elementos atractivos, pase a otra cosa. ¿Qué pasa con la inversión en el sentido de la televisión pública?

H.CH. Hay que invertir ahí. Invertir en conocimientos, en creatividad, voluntad, capacidad, etc. Dinero también, aún cuando no todo es dinero.

Ahora, en Venezuela, fÃ

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