-Que Mario Farachio se haya ido de la secretarÃa del Senado parece un hecho insólito. El Senado y este señor eran una cosa inseparable. Todo aquel que haya tenido que hacer alguna cosa allà debe haber conocido a este zar del siglo XX.
-Todas las cosas llegan a su fin… La vida es asà y ello no tiene vueltas. Mientras gobernó el Partido Colorado Farachio era inamovible y, le digo, por sus manos pasaban todas las cosas de importancia, desde los ingresos, pasando por los ascensos, las compras y mil etcéteras más.
-¿Es para tanto?
-Además se fue y siguen los lÃos, de los cuales hay un tendal.
-¿Qué lÃo?
-FÃjese que el Tribunal de Cuentas, con fecha 18 de enero de este año, observó un gasto de Farachio realizado en 2002.
-Una cosa vieja…
-Claro. Al parecer ese año el polémico secretario redactor concurrió a Washington para una reunión de un organismo llamado GLIN, que realizaba su 9ª reunión el 8 de setiembre de ese año.
-¿Y?
-Que el propio Farachio informó en su oportunidad que el costo del pasaje era de 430 dólares y el viático por cinco dÃas tenÃa un monto de 1.400 de la moneda norteamericana. Agregaba que todo era a cuenta del BID.
-¿Y?
-Que del estudio del expediente surge que el citado gasto fue autorizado por el mismo secretario, no se remitió para la intervención de la AuditorÃa respectiva.
Ello motivó un arqueo de TesorerÃa que incluyó el gasto de 430 dólares correspondientes al pasaje mencionado.
-Todo un manejo engorroso ¿verdad?
-Claro, no entra en la cabeza de nadie que los gastos relacionados con el viaje de este secretario del Senado puedan ser autoautorizados, debiendo el mismo haber sido refrendado por el jerarca del mismo, o sea el presidente del Senado o de la Asamblea General.
-Lo que me dice es muy fuerte.
-Claro, con esa autoautorización de un gasto Farachio, sin importarle, contravino lo dispuesto por el artÃculo 61 del Tocaf.
-¿Y?
-Es de esperar que este expediente no se archive como ha ocurrido con los otros 16 mil anteriores. *
*
-¿Sabe una cosa? le tengo trabajo para el señor Z.
-Pero él ya consiguió seguir en la DGI.
-No me entiende. ¿Vio que anda como loco por el Este cerrando empresas que no cumplen con las normas?
-SÃ, es una máquina.
-Pues le tengo trabajo por la zona Oeste.
-A ver, dÃgame.
-Le cuento. El pasado fin de semana me fui a la zona de Nueva Palmira, Carmelo, Colonia, Santa Ana, el balneario Artilleros…
-Ya veo, la pasó mal…
-Bueno iba con mi familia y decidimos parar en la granja Narbona, en la ruta 21 en la zona conocida como Camacho. La verdad es que el lugar es muy lindo, acogedor, en fin, bien como para el turista. Tanto es para el turista que los precios son todos en dólares y bastante caritos, pero bueno, como un dÃa de fiesta es de fiesta, decidimos pedir una picada y algunas bebidas, no muy sofisticado, por cierto.
-Bueno, hasta ahora nada especial de lo que me cuenta.
-No, lo especial fue que la atención no fue la mejor ni para el precio ni para lo que se espera que sea un lugar como ese. Las muchachas estaban en la cocina a los gritos cuando uno lo que requiere en esos lugares es paz y un buen servicio. Cuando llegó el momento de pagar tuve que hacerme ver por un rato para que se dieran cuenta de que querÃamos abonar.
-Humm y qué más, ¿qué tiene que ver el señor Z con todo esto?
-Le cuento que al momento de pagar me extienden un papel sin los datos de la empresa, sin nada, además de que me cotizaron el dólar a $ 26, una barbaridad. Pedà la boleta oficial como corresponde y me dicen que lo que se da era ese papel; cuando reitero el pedido de la boleta me responden que me la dan pero que me iba a salir más caro. Le tengo que cobrar el IVA y el Cofis, me dijo la chica que evidentemente cumplÃa órdenes. Quedé asombrado porque en la carta eso no estaba especificado y, además, porque este tipo de consumo no tributa Cofis.
-Pero qué cosa ¿eh? y asà quieren atraer al turista. Y usted, ¿qué les dijo?
-Que estaba muy molesto y que le mandaba saludos al propietario. *
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