Nora Castro valoró el protagonismo histórico de las mujeres

Avanzó la equidad en Diputados y la profundización de la democracia

Desde todas las tiendas se acredita: la jornada del 15 de febrero constituye un hito histórico para Uruguay. Pero, con ser mucho, no sólo porque la izquierda, en vísperas de asumir el gobierno nacional, marcó también mayoria legislativa. Ese día, en la Cámara de Representantes se habló durante seis horas de una mujer: Nora Castro, la diputada del MPP que se convirtió en la primera mujer en la historia nacional que preside como titular ese cuerpo. Un hecho insólito en un Parlamento de fuerte tradición masculina, que habla de avances en la profundización de la democracia, en la moderización que el país se debe y, por supuesto, en el camino de la equidad, tan caro a las uruguayas.

Escrito por: ISABEL VILLAR

Jueves 17 de febrero de 2005 | 4:06
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Nora Castro llegó a la presidencia de la Cámara de Representantes con el consenso de todas las bancadas parlamentarias, y fue votada por 98 de los 99 diputados y diputadas que la integran. Faltó un voto: el de ella misma, que resolvió dárselo a su par socialista Guillermo Chifflet.

En una suerte de maratón verborrágica, la mayoría de las y los representantes fundamentaron el voto a favor de Castro, coincidiendo en general en las razones: valía personal y política, capacidad, honestidad, contracción al trabajo, firmeza en las convicciones, sensibilidad, humanismo, confiabilidad, entre otras virtudes atribuidas a la diputada emepepista.

Como mayoritariamente vino de las diputadas, y éstas son pocas, más bien escaso fue el destaque del significado de la pionera designación de una mujer al frente del cuerpo legislativo.

Sin perjuicio de que la capacidad de Nora Castro para ejercer el cargo no está acotada por el género ni depende exclusivamente de él, la circunstancia de que su presencia en la presidencia de la Cámara de Diputados sea novedosa en el siglo XXI debería significar por sí misma, por lo que representa para el futuro de la equidad, por el “mensaje de reafirmación del derecho de las mujeres a participar” para las nuevas generaciones –como apuntó la diputada encuentrista Margarita Percovich–; por el logro que implica en la “profundización de la democracia también desde el género”, al decir de la también encuentrista Daisy Tourné.

Algunos hombres se sumaron a estas voces. Entre ellos, el forista Tabaré Hackenbruch, cuando afirmó que votaba a Castro “alegre, por lo que significa en términos de género y de igualdad en el más amplio sentido”.

No obstante, entre las unas y los otros, en varias de las alocuciones el tema apareció conflictivo. El herrerista Gustavo Borsari, por ejemplo, se cuidó de advertir que no la votaba “como mujer”, que no la votaba “por género”.

Rémoras sexistas tampoco faltaron. El encuentrista José Bayardi aludió al “aspecto rudo” de la flamante presidenta, aclarando que no sabía “si lo hace para posicionarse”. El emepepista Luis Rosadilla acotó que “Nora Castro también es bonita”, y hasta hubo quien sugirió que “su condición de mujer hará más agradable las tareas y el debate”.

Se puede apostar, sin riesgos, a que si se revisaran las actas parlamentarias correspondientes a la asunción de los antecesores de Nora Castro en el cargo –todos hombres– no se encuentra ni una sola alusión al aspecto personal.

Acumulación en lo político y social

Ni Nora Castro ni las mujeres que comparten la lucha por sus derechos ignoran que el camino de la equidad está empedrado de obstáculos.

En su conceptuoso, claro y contundente discurso, la presidenta de la Cámara de Diputados dijo: “Soy consciente de que por primera vez esta Cámara ubica a una mujer en la Presidencia y siento que muchos se preguntan si podré con la tarea. No soy augur ni creo en la predicción, porque la historia como el amor, no se pueden pre-decir. Evaluaremos juntos y con frecuencia para corregir errores y afinar propuestas. Pero mi presencia acá diría muy poco si no tuviéramos la referencia de quienes nos precedieron en el Parlamento desde l943, pero sobre todo de los cientos y miles de mujeres que asumiendo un riesgo mucho mayor de censura, discriminación y de vida lucharon por sus derechos laborales, sociales y políticos. Son las que también contribuyeron a forjar nuestra historia, aunque de ellas casi no se habla. Son las Melchora, las indias y negras artiguistas, las criollas de la primera independencia, las blancas de Aparicio y las batllistas ciudadanas, las fosforeras, las textiles, las maestras y trabajadoras de la salud, la enseñanza, las peonas rurales, las cañeras del norte, las del arroz y las forestales, las estudiantes, las militantes políticas, las madres y familiares de nuestros detenidos-desaparecidos, de nuestros ejecutados… en fin, son todas ellas junto a los varones que entendieron y con pocas o con muchas ganas, ayudaron a abrir el camino en las cabezas de todas y todos”.

Castro está convencida de que cada persona es producto de la acumulación política y social. “Nadie es por sí mismo”, afirmó antes de evocar como fuente de valiosas lecciones de vida a Graciela Aramburu, una cañera del norte, fallecida el 5 de febrero de 2000. No ocultó su emoción al traer a sala el recuerdo de las luchas de esta mujer del pueblo, que supo pasar de la caña a la recolección de cebollas y de allí a otras tareas, siempre en nombre de la pelea por la vida en la que estaba empeñada.

De 2 a 11 diputadas en 62 años

La evocación histórica de Castro se plasmó, por su iniciativa, en paneles colocados para la oportunidad en la antesala de Diputados, a la vista de invitadas e invitados al acto de asunción. Las gráficas mostraban la sucesión de legislaturas desde 1943, con indicación de las mujeres que accedieron en ellas a una banca. Las pioneras fueron dos: Julia Arévalo (comunista) y Magdalena Antonelli Morelli (colorada); 62 años después, las diputadas apenas suman 11. En algunas legislaturas no hubo ninguna: la 40a (1967-1972, correspondiente a la presidencia de Oscar Gestido, hasta que por fallecimiento fue sustituido por Jorge Pacheco Areco) y la 42a. (1985-1990 cuando, reestrenando democracia formal gobernó Julio María Sanguinetti). Más allá del color del gobierno de turno, la responsabilidad de las ausencias es atribuible a todos los partidos que entonces detentaban bancas.

La vida parlamentaria no agotó el protagonismo de las mujeres el 15 de febrero. También se incluyeron imágenes de Melchora Cuenca –compañera de Artigas en Purificación– de sufraguistas, de huelgas de obreras y empleadas por derechos laborales, de manifestaciones femeninas por derechos civiles y políticos, por la justicia y la paz social y mundial, las caceroleadas de 1983, el primer encuentro de mujeres del PIT-CNT, entre ellas.

Cambios hasta en lo marcial

Podría decirse que esta iniciativa, así como la de la ejecución de la Marcha a Lavalleja, única marcha militar compuesta por una mujer uruguaya –María Galli– que precedió a la Marcha 19 de abril durante la revista al Batallón Florida realizada por los presidentes de ambas Cámaras — Nora Castro y José Mujica– son expresiones elocuentes de la “mirada femenina en el ejercicio de la función pública” a la que se refirió la legisladora nacionalista Beatriz Argimón al fundamentar su voto a favor de Nora Castro.

Pero no fueron las únicas. Antes de retirarse del estrado, Castro convocó al mismo a todas las mujeres que integran la 46a. legislatura. Un gesto de reconocimiento , de unidad y de apuesta a la gestión compartida que puede ser el prólogo de la constitución de la Bancada Femenina, con base en el provechoso antecedente de la que existió en la anterior legislatura. *

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