Lula tardó dos años en unificar programas dirigidos a instrumentar plan Hambre Cero
El programa «Fome Zero» (Hambre Cero) propuesto por el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en el momento de asumir el gobierno significaba a los ojos del mundo uno de los mayores desafíos de las nuevas autoridades. Porque aquel Brasil presentaba estadísticas relevadas en los albores del siglo XXI que denunciaban un 33 por ciento de la población en situación de pobreza, es decir 57 millones de personas, de las cuales 24 millones se ubicaban en estado de indigencia y cien mil niños por año morían por causas ligadas a la mala alimentación. La socióloga Ana Fonseca, fue protagonista fundamental de la puesta en marcha del andamiaje sociopolítico para que el «Fome Zero» se convirtiera en una realidad social que poco a poco ha ido abatiendo aquellas terribles estadísticas de la miseria y la marginación. «Nosotros -dijo a LA REPUBLICA la socióloga Ana Fonseca- podemos compartir con el futuro gobierno uruguayo nuestras experiencias y hacer intercambio entre nosotros para que los dirigentes de acá las vean y consideren si valen para la realidad de aquí».
Tres derechos fundamentales
«Brasil tiene ya una experiencia en programas de transferencia de recursos para las familias, para que éstas puedan asegurarse por lo menos tres derechos previstos constitucionalmente: el derecho a la educación, el derecho a la salud y el derecho a la alimentación». «Entonces, nosotros tenemos en Brasil un programa para las familias que asocia los tres derechos. La familia recibe el aporte de recursos bajo las condiciones de que lleve los hijos a la escuela, que no los dejen abandonados y que las señoras embarazadas se efectúen los controles necesarios, eso es una parte del programa. Además tenemos programas que se dirigen a los demás miembros de la familia de tal manera que la transferencia de recursos no sea un fin en sí mismo».
«Eso es parte de lo que podemos aportar, pero también tenemos la experiencia de un registro único de las familias que por este programa podemos llegar a ellas y lo hacemos por medio de tarjetas magnéticas para la red bancaria para evitar que tengan acciones clientelistas, intermediarios».
Preconceptos con los más pobres
«De todas formas se debe orientar a quienes están recibiendo estos beneficios y hay que explicarles por qué lo están recibiendo y qué condiciones deben respetar para seguirlo recibiendo. Eso por un lado, pero se dieron muchas discusiones en Brasil cuando intentamos este programa porque había quienes podían pensar que la familia iba a gastar en bebidas alcohólicas los recursos aportados. Pero lo que pasa es que en general tenemos preconceptos con las personas más pobres».
«Ellos son solamente pobres. Y como no tienen una experiencia brasilera de una transferencia de recursos que no fuera mediante el aporte de recursos a la seguridad social, uno quizás no se siente muy cómodo en recibir ese dinero, lo que hace que quiera conseguir un trabajo, porque no quiere permanecer ahí esperando la ayuda».
«Ya hemos hecho en Brasil evaluaciones sobre el impacto del programa en las comunidades, por que en nuestra experiencia el gobierno federal ha dispuesto transferir recursos a los gobiernos estaduales y para las municipalidades, y además de los beneficios para quienes viven allí, nosotros comprobamos un alto impacto para las economías locales, en los comercios, que aumentan sus ventas y en la recaudación de los impuestos. Es decir que hay mucho impacto en las localidades por efecto de este programa, ya que uno tiene algo más de dinero, entonces va al mercado y compra más cosas y eso significa en las municipalidades la recaudación de un poco más de impuestos».
El espacio entre la ley y el poder cumplirla
«Uno de los resultados importantes del programa más allá del aporte alimenticio, es que se ha comprobado que disminuye el ausentismo escolar, esos son de los mejores indicadores que tenemos al respecto, la reducción de la evasión escolar».
«Porque muchas veces, las leyes existen y son para todos, pero entre emitir una ley y la posibilidad de uno de cumplir con ella, hay como un espacio, entonces el programa que hace, como muchas madres ponen a sus hijos a trabajar y los sacan muy temprano de la escuela. Este aporte de recursos estimula que la familia no necesite que su hijo vaya a trabajar».
«Para financiar este programa tenemos algo en Brasil que se llama ‘Fondo de combate a la pobreza’, que es pagado por un porcentaje de algo que llamamos ‘Contribución sobre la tramitación financiera’, es decir, usted firma un cheque y el gobierno recibe un porcentaje sobre el mismo que luego distribuye un veinte por ciento de lo recaudado para previsiones de la salud, diez por ciento para providencias y el resto para ese fondo contra la pobreza que financia el programa».
«Hay una cuenta bancaria donde empresarios y particulares aportan individualmente para el programa ‘Hambre cero’ pero lo básico es la recaudación del Fondo de combate a la pobreza'».
La estructura del programa
«De todas formas yo no puedo atribuir a este plan todos los méritos de los resultados logrados ya que existen otros complementarios como por ejemplo un área de atención básica, primaria, de salud con unos equipos que se han formado expresamente, equipos de salud de la familia, con un médico, una enfermera y un auxiliar y cinco o seis agentes en cada territorio. En esos territorios visitan los domicilios y enseñan normas básicas de higiene, como lavarse las manos para tomar alimentos y otras cosas, lo que tiene un impacto importante. Y se aprecia más aún, cuando crece el abastecimiento de agua potable y el saneamiento».
«En el año 2001 en Brasil implantamos este programa, pero había uno que se llamaba ‘Fondo escolar’ que estaba en el Ministerio de Educación, además había otro en el Ministerio de la salud que se llamaba ‘Bolsa de Alimentación’, además cuando subió demasiado el gas para uso doméstico, había otro plan de aporte del Ministerio de minas y energía. Cada uno de ellos actuaba por su parte».
La simplificación de los trámites
«¿Qué hizo el gobierno de Lula? ¡Unificó todo…!, la unificación la hicimos el 20 de octubre de 2003. En ese momento teníamos cinco millones de familias en el ‘Fondo Escolar’, un millón seiscientas mil en ‘Bolsas de alimentación’, nueve millones en el auxilio del gas doméstico y setecientos setenta y cinco mil en otro programa social.
El sistema le costaba muy caro al gobierno… hay un Banco que se llama Caja económica federal y estaba allí el banco de datos y uno cobraba del ministerio de educación por acá, luego cobraba del ministerio de la salud, luego cobraba del ministerio de minería y en cada caso había que gestionar formularios y trámites separados, de manera que solamente unificando el servicio nos economizamos noventa y siete millones de reales, que es mucho dinero».
La socióloga Ana Fonseca explicó a LA REPUBLICA que esta experiencia del gobierno brasilero, encontró en esta reducción de tramitación burocrática interna, un aporte más que importante para sumar a los fondos de la emergencia social sin generar obligaciones extraordinarias.
Agregó que con la aplicación de un sistema de evaluación y franjas de aportes de acuerdo a las necesidades y recursos de cada grupo familiar y de esa forma «el valor promedio de los beneficios subió mucho, aumentó el impacto en la comunidad y al gobierno le permitió mejorar mucho la eficiencia del gasto social».
Con respecto a Uruguay y su futuro inmediato, Fonseca manifestó: «Creo que las elecciones consagraron una expectativa de cambio del pueblo uruguayo y también los ojos de Latinoamérica están acá, esperando lo que va a pasar. Creo que noso
tros, Brasil, Argentina, todos nosotros, tenemos mucha expectativa por esta etapa de cambio del pueblo uruguayo
Finalmente Ana Fonseca nos confesó, ya fuera del contexto general de la entrevista, su satisfacción por conocer más nuestro país, al que había visitado una sola vez en el departamento de Colonia y agregó: «Yo le decía al embajador que tres cosas me encantaron de allí, la cerveza Norteña, que la conocí ahí, el dulce de leche Conaprole, que ¡no le puedo contar que bueno que es!, y la carne (que los argentinos no escuchen) -nos dijo en un tono confidencial- pero a mí me pareció más rica…». *
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