Llamadas al Director

¿Mujica fue a hablar con los Peirano?

Sr. Director:

Pero Fasano… ¿cómo se entiende? ¿Mujica fue a hablar con los Peirano pa’ pedirles la plata pa’ la campaña política pa’ darles la libertad?

Teléfono: 9019…

El Director: Tras un largo silencio, la lectora de los mil nombres y barrios ha regresado y al parecer en pleno delirio. Debo recordarle, mi estimadísima amiga, que los Peirano fueron fundadores del MLN y que Mujica fue presidente del Directorio del Banco de Montevideo. De ahí la tenebrosa connivencia.

 

Perro por cordero

Sr. Director:

Leí con estupor la noticia publicada por ustedes de alguien que vendía carne de perro preparada muy condimentada al horno como si se tratara de cordero, no recuerdo bien en qué barrio de la ciudad. Me parece algo increíble, pero eso puede justificar la desaparición de perros grandes que se está notando en toda la ciudad y sus alrededores. No dudo que se trate solamente de un caso de otros, y esto hasta podría justificar esas promociones de chorizos que suelen verse a 30 pesos el kilo, cuando con esa plata no se compra ni medio kilo de carne picada que lleva mucho menos valor agregado industrial que los chacinados. Creo que por la salud del pueblo habría que insistir en estos controles. Y con respecto a lo que comentaron muchos lectores sobre la famosa importación de carne argentina y brasilera, yo también creo que fue un gran negociado de alguien pero el pueblo no pudo disfrutar de ese beneficio supuesto.

Teléfono: 2164…

El Director: Coincido con usted en lo indignante de este suceso, pero debo informarle que la IMM, a través de su Departamento de Bromatología, está efectuando severos controles e investigando todas las denuncias que llegan a ella sobre este tipo de delitos que atentan contra la salud de la población. Si la carne tuviese un precio social al alcance de la comunidad, este tipo de cosas seguramente no sucederían.

 

«¿Qué testigo más necesita el juez?»

Sr. Director:

Señor Fasano, usted discúlpeme, pero esto, yo no puedo admitir este título de que como no hay pruebas, el juez dejaría en libertad al agresor. Es una engañifa esto, no puede ser. No haga esto, yo estoy de acuerdo con usted de que no va a pasar nada seguramente, pero no que hagan este disparate, porque este juez si sabe que es un hombre que tiró, que está diciendo que entregó las armas, ¿qué testigo más necesita? ¿Dígame qué testigos más? Que lo insultaron, que le gritaron y por eso mató. ¡Es increíble esto! Algo pasa aquí. No jueguen con estas cosas. En este país de miércoles, no se pueden hacer estas cosas. Gracias.

Teléfono: 7079…

El Director: No se confunda usted, estimado lector. No hemos hecho otra cosa que informar sobre el tema con objetividad, dando a conocer cada una de las posiciones, lo que no significa que ellas impliquen la nuestra. No decirlo, aunque pueda parecer algo totalmente fuera de lógica, habría sido no respetar al lector que quería un detalle veraz de los problemas que tanto nos duelen hasta ahora.

 

El cruce de Colombes, Dalmiro Costa y Santa Ana: sicópatas al volante

Sr. Director:

Gracias, doctor Fasano, por permitirme de nuevo el comentario para publicar. El cruce de las calles Colombes, Dalmiro Costa y Santa Ana es sumamente peligroso. Son frecuentes los accidentes, carreras y más aún las frenadas estrepitosas que a los vecinos nos parecen el anuncio de un choque trágico que no va a tardar en producirse si la intendencia no dispone la colocación de señales que adviertan el peligro y ordenen las preferencias del cruce. Un inspector apostado en ese cruce podría conocer a muchos émulos de Schumager que transitan frecuentemente por Dalmiro Costa a más de 80 kilómetros por hora, sobre todo por las mañanas. Además de detenerlos y multarlos, advertirles que su inconsciencia les puede costar la vida y, lo que es peor, que su déficit mental y afán enfermizo de hacerse ver puede costar la vida a otros inocentes peatones o conductores ajenos a estos desmanes de sicópatas. Muchas gracias.

Teléfono: 5195…

El Director: Su denuncia seguramente será tenida en cuenta por el Departamento de Tránsito de la IMM. Pero poco pueden hacer las señales y los inspectores si no se logra primero crear en la comunidad una conciencia colectiva de lo que implica conducir un automóvil fuera de los límites permitidos.

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